Cine en fotos – Manuel Alexandre y Fernando Fernán Gómez

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Ya en aquellos tiempos, Manuel Alexandre daba pruebas de su acendrada, y a veces desmesurada, vocación de actor, que aún conserva. Pasados ya los setenta años (escribo en 1989) me dijo, como quien hace una delicada confidencia:

-A mí ya lo único que me interesa es trabajar.

Quizás podría haber dicho “siempre” en vez de “ya”, porque aunque jugador, admirador de la belleza femenina y de los placeres que proporciona, lector habitual y selectivo, curioso de lo que le rodea y permanentemente tertulio, nada ha habido que le preocupe, le apasione y le atormente más que su trabajo de actor y las posibilidades de perderlo o de no encontrarlo, aunque su acusado sentido de la responsabilidad, su miedo injustificado, le haya llevado a veces a rechazar ofertas que le habrían proporcionado grandes satisfacciones, y aunque el azar no le haya favorecido con las grandes cantidades de suerte que son necesarias no ya para triunfar, sino simplemente para pasarlo bien en este oficio. No parecen abundar hoy los cómicos con tan profundo y exaltado amor a este raro trabajo, a esta divertida y marginal ocupación o entretenimiento, pero antes, entonces, en aquellos tiempos, el temperamento de hombres como Manuel Alexandre era casi imprescindible para profesar este arte.

Hijo de un artesano que poseía un pequeño taller de hojalatería y fontanería, especializado en garrafas para horchata, compaginaba en los años de la posguerra el trabajo en el taller -al que su padre le obligaba por haberse negado a proseguir sus estudios de Derecho- con su trabajo de meritorio en el teatro y con el servicio militar, que en su caso duró seis años. La descripción y las explicaciones de cómo el soldado hojalatero actor consiguió cumplir sus múltiples deberes podrían suministrar materiales tanto a textos sobre el heroísmo vocacional como a sabrosas páginas de la inacabable picaresca española; principalmente a la picaresca militar al estilo de Estebanillo González.

El tiempo amarillo (Fernando Fernán Gómez, 1990).

8 Respuestas a “Cine en fotos – Manuel Alexandre y Fernando Fernán Gómez

  1. Supe por Historia de Nuestro Cine que eran grandes amigos. Este fotograma de “Sólo para hombres”-que vi ayer y me pareció genial, muy divertida y sobre todo muy actual en muchos aspectos como las consecuencias de la alternancia de gobiernos, (aunque esto quizá le sirviera al Régimen para denostar el sistema parlamentario, aunque por otro lado también me sorprendió las “libertades” que se toma el texto al hablar de “anarquismo”, “revolución” etc) o lo que queda del machismo laboral- parece demostrarlo. O las escenas de La vida por delante.

    • Se conocieron en la escuela de teatro de la CNT, en el Madrid atacado por los franquistas de 1937. Bueno, ellos dos y otro más: Rafael Alonso. Fueron grandes amigos y contertulios ambos del Café Gijón.

      El turnismo (sea de gobiernos o de campeones de Liga) nunca es bueno, porque la democracia (o la Liga) se convierten en meras ilusiones, en simulación de democracia (o de fútbol), en representación. De ahí figuras tan españolas como el funcionario cesante, hoy reconvertidas en el político cesante, o el político de puerta giratoria que vale para todo (pero que en el fondo es un inútil porque nunca ha estado asalariado en una empresa de verdad, sudando y trabajando).

      ¿Lo que queda de machismo laboral, dices? Pero si queda todo…

  2. ¡Ah! ¡Tunante! Veo que ya has leído las memorias de este hombre panochil, algo severo y mucho de genial. Efectivamente, fueron muy amigos. A mí de Fernán Gómez me gusta hasta su faceta de escritor, que tenía madera de boj. Entre su cuantiosa obra literaria me gusta mucho su novela El tiempo de los trenes. Y Alexandre, ay, ya va siendo hora de escribir algo sobre él.

    ¿Sabías que cuando se hizo famosa la exclamación de Fernán Gómez: “¡Váyase usted a la mierda!”, estuve ensayando durante mucho tiempo su tono de voz delante del espejo? Lo conseguí, de verdad. Me sale tan bien que siempre estoy deseando cualquier motivo para demostrarlo.

    Abrazos

    • Ya sabes algo que contaba José Sacristán -creo que era él- sobre una tarde en que, saliendo ambos del Café Gijón, y siendo reconocido el gran Fernando desde la acera de enfrente por un grupo de jóvenes (que seguro que no lo conocían de otra cosa), empezaron a imitarle gritanto “¡Váyase a la mierda! ¡A la mierda!”. Y, parados en un semáforo, Fernán Gómez miró a Sacristán con ojos emocionados, y dijo: “mira, me citan”.
      TIpos como estos ya no se hacen.

      Abrazos

  3. Me leì el libro de Fernán Gómez -felizmente reeditado por Capitán Swing en una edición que a mì me parece muy chula- el año pasado y ¡redios, qué bien me lo pasé!

    Y anoche los vi en la peli de la 2… vaya par tan genial.

    Machuca me ha dado una idea, voy también a ensayar lo de “vayase usted a la mierda” aunque sé que ni de lejos… cachis. Pero debe descargar ansiedad de fijo, jeje.

    • A mí me gustaría llevar el fragmento grabado en algún dispositivo y poder soltarlo así, en versión original, ante cualquier situación que lo requiriera en cada momento. Ah, qué a gusto me quedaría…

      Son películas, y libros, para disfrutar. De gente que es de otra pasta.

      Saludos

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