In memoriam: Héctor Babenco

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2 Respuestas a “In memoriam: Héctor Babenco

  1. Joder, esto se está convirtiendo ya en un cementerio, amigo mío. Llego aquí renqueando penosamente con mis muletas y me detengo justo en el borde del agujero que hay abierto de cuyo interior se encuentra el ataúd de turno. Saco como puedo una hoja de mi bolsillo donde tengo escritas unas palabras antes de que el impaciente sepulturero, algo bruto y sin afeitar, empiece a echar tierra sobre todos nosotros. Hago callar al cura. No llueve como siempre ocurre en las películas. Los pájaros cantan alegremente y tan ajenos al dolor humano. Recito:

    No se llamaba Lucio Flavio,
    que lo sepáis todos.
    Se llamaba Héctor Babenco,
    y ya ha dejado de ser
    El pasajero de la agonía,
    aunque de Corazón iluminado.
    Ha dejado Carandiru
    que no es más que nuestro mundo:
    una enorme cárcel,
    pero en ella se dio
    El beso de la mujer araña.
    Tallo de hierro
    de un tal Pixote y
    otras leyes del más débil.
    Héctor Babenco ya está
    Jugando en los campos del señor.
    Pronto, todo será
    El pasado.

    Descanse en paz.

    Le enseño el dedo corazón al cura y me vuelvo renqueando a mi casa.

    Abrazos, amigo.

    • Ya ves qué vacaciones blogueras me estoy tomando, amigo, estoy hecho un sepulturero virtual en toda regla.

      Hermosa despedida, como de costumbre (y no me refiero a la del cura, pardiez).

      Abrazos y ánimos, amigo.

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