Mis escenas favoritas: If… (Lindsay Anderson, 1968)

Explosivo final de esta excelente muestra de Free Cinema, vitriólica y rompedora crítica a la hipócrita sociedad británica en plena ebullición del 68, con especial atención a la por entonces delictiva homosexualidad. Realismo (la vida en un selecto College británico, perfectamente retratada por Anderson, que pasó varios años interno en uno de ellos) y surrealismo (momentos absolutamente impagables, como el del párroco metido en un archivador) dándose la mano en esta extraordinaria y revolucionaria cinta que no deja títere con cabeza, y que como el buen cine de cualquier época permanece plenamente vigente bien entrado el siglo XXI.

4 Respuestas a “Mis escenas favoritas: If… (Lindsay Anderson, 1968)

  1. Desde luego que me impresionó mucho cuando la vi hace ya un millón de años. Yo estuve en un colegio privado donde el caserón se venía abajo. Era viejo. No teníamos la hora del patio porque no había patio. Olía fuertemente a cloaca por las deterioradas instalaciones. Los profesores eran viejos, subnormales, psicópatas y llenos de resentimientos, es decir, siempre estaban pegando. El director era pequeño, calvo y solterón y daba unas hostias que te dejaba la cabeza zumbando durante un buen rato. Vivía en el mismo colegio donde vivió a la vez su padre y su abuelo, todos ellos sucediéndose aquel caserón lleno de humedad, moho y hedor. Todavía sigue en pie, amigo mío, abandonado pero en pie, allí como símbolo a la educación de aquel país. Decía Machado de “charanga y pandereta”. Pues a mí no me tocó ni eso. ¿Y por qué te estoy contando todo esto? Ah, claro, la peli de Anderson. Cuando la vi me dije: ¡Qué lujo de cole!” “¡Tienen patio verdoso y aire para respirar!” “¡Parece hobbiton!” “¡Le llaman campus y es más bien una campiña!” “¡La maldita campiña inglesa!”. Luego se lía y todo eso. Hay que ver con Malcolm McDowel, que luego se convirtió en un drugo llamado Alex, y se puso a pelar naranjas mecánicas. Ay, estos ingleses, y mayo se produjo en blanco y negro en París con lemas, pancartas y gritos. Hoy, casi todos ellos son abuelos barrigones con buenas jubilaciones. Oh, capitán mi capitán. Suenan gaitas a lo lejos. ¡La imaginación al poder! Que no, que nunca estuve de acuerdo con este lema, coño. Mejor: ¡La imaginación “en contra” del poder! Rajoy no estaría de acuerdo, y ya sabes lo que ha dicho recientemente Stephen King respecto a Doand Trump: “Fuentes confiables revelan que Donald Trump es en realidad Cthulhu. El peinado absurdo no es absurdo en absoluto. Oculta los tentáculos.”

    La que nos espera. Al menos Malcolm tenía un arma.

    Abrazos y mil perdones por el coñazo de comentario.

    • Jajajajaja… ¡Me encanta! Habría que recopilar muchos de estos comentarios y editarlos en forma de libro. Valen mucho más que los textos. En fin, ya no podré mirar a Trump de la misma forma…

      Abrazos

  2. La vi hace muy poco por primera vez, querido Alfredo. Y he de decir que aunque me llamó la atención y hubo varios momentos que me gustaron cómo me los contaba, la viví fríamente. Como superdistanciada y muy poco implicada como espectadora, lo cual es otra forma interesante de mirarla.
    … todavía recuerdo que de rebeliones estudiantiles me hace vibrar Cero en conducta de Jean Vigo.

    Beso
    Hildy

    • Pues a Anderson también le hizo vibrar. Vigo es precisamente el punto de arranque de este proyecto.

      Mi querida Hildy, yo la vi encendido. Porque en esta película no dejas de ver y de reconocer (y de repugnar) cosas que no solo están en nuestra vida diaria (no hace falta que entremos en detalles, y no me refiero a la educación o a la política únicamente), sino que se auguran para un futuro demasiado inmediato. La contestación no solo no es pasado, sino que está y va a seguir estando de rabiosa actualidad. Con una diferencia: ahora nadie produciría If… En eso hemos perdido, y otros van ganando.

      Un ejemplo: en pleno 68, con los Beatles, los Rolling y todo eso, un grupo de chicos meten a otro en los baños para introducirle la cabeza en el W.C. Solo hay un reservado ocupado, ¿y quién lo ocupa? Un muchacho con los pantalones y calzoncillos bajados, y tocando al guitarra. Puro genio.

      Besos

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