Mis escenas favoritas: Primera plana (The front page, Billy Wilder, 1974)

Comienzo de esta película de encargo dirigida por Billy Wilder, en el que además de los créditos iniciales del filme se muestra el proceso artesanal de confección e impresión de un periódico al modo de los años 20 del pasado siglo mientras se escucha el Front page Rag de Billy May. Todo un homenaje al periodismo, que sin embargo en el resto del metraje va a ser sometido a la sátira más ácida y cínica del gran Wilder.

6 Respuestas a “Mis escenas favoritas: Primera plana (The front page, Billy Wilder, 1974)

  1. Hombre, mira a quién tenemos hoy aquí, al viejo zorro. Qué tendrá este tipo que digas lo que digas de él alegra un blog, un periódico, una librería, el pantallón plano del comedor rancio, en una conversación, en una declaración de amor, en un entierro, etc. El viejo zorro de Wilder alegra, te alegra, te cura, te hace vivir un poco más. El viejo Billy es un buen aliciente para la vida moderna que ya chirría de vieja, gastada, sin gracia. Si la gente no fuera tan obtusa recurrirían al viejo Billy, porque él tiene el don de poder dejar las consultas de los psicólogos y psiquiatras vacías, con sonidos de grillos. Con el viejo Billy no hace falta que tengas que creer en los políticos, en dios, en la banca, en los empresarios ni en la chica que te llama al móvil para convencerte que te pases a otra compañía de telefonía móvil. Con el viejo Billy George Clooney ya no puede hacer más gilipolleces para convencerte que te compres una Nespresso. Con el viejo Billy el suicidio no tiene nada que hacer, te lo digo yo, que el otro día intenté tirarme por el balcón y de repente apareció Walter Matthau disfrazado de cura y desde entonces tengo una locura de vida encima que no me da para pensar en todas las idioteces expuestas aquí.

    El viejo zorro de Wilder fue periodista, como Hildy Johnson (Jack Lemmon), y a lo mejor por eso se permitió ser especialmente cruel con un mundillo que era tan suyo. No extraña escuchar qué opinión tiene Wilder de los periodistas y de la profesión, de la boca de Hildy: “Un hatajo de pobres diablos, con los codos raídos y los pantalones llenos de agujeros, que miran por la cerradura y que despiertan a la gente a medianoche para preguntarle qué opina de Fulanito o Menganita. Que roban a las madres fotos de sus hijas violadas en los parques. ¿Y qué? Pues para hacer las delicias de un millón de dependientas y amas de casa. Y, al día siguiente, su reportaje sirve para envolver un periquito muerto”.

    Otro motivo más para no abrir el periódico y sí libros y esa caja de dvd que contiene un montón de películas del gran Billy Wilder.

    Abrazos

    • Qué lujo de comentario, mi querido Paco. Billy Wilder es el abuelo soca(b)rrón que a todos nos gustaría tener o haber tenido. La cura para todos los males. Bueno, él y unos poquitos más. Pero qué grande es el cine, narices.

      Las píldoras que suelta esta película sobre lo que son la política o el periodismo son filosofía pura. Un manual para desenvolverse correctamente en esta mierda de entorno en el que nos han sumergido.

      Abrazos

    • Y qué ruido… Como tantas y tantas cosas, un periódico tenía una magia, una mitología, que hoy se ha perdido. La tecnología ha dado facilidades, pero sin sabor. Como el olor de tinta del periódico hay pocas cosas.

      Besos

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