Mis escenas favoritas: Hasta que llegó su hora (C’era una volta il west, Sergio Leone, 1968)

Uno de los mejores comienzos de la historia del cine, el de este monumental western construido por Sergio Leone entre Italia, Almería y el Monument Valley de John Ford. Una forma de reinventar el mito del Oeste cuando el propio Hollywood había empezado a amortizarlo. Sin éxito, felizmente, gracias al impulso que Leone dio a autores de la talla de Clint Eastwood o Sam Peckinpah.

10 Respuestas a “Mis escenas favoritas: Hasta que llegó su hora (C’era una volta il west, Sergio Leone, 1968)

  1. Me pasé todos los noventa y principios del dos mil pasando olímpicamente del spaghetti western. Fue cuando me quedé sin temas para escribir en el blog y se me ocurrió escribir un ciclo pero sin surgir simplemente de la memoria sino viéndolas otra vez de nuevo. Joder, entonces vi en ellas el género de terror y de ciencia ficción con toques de cómic. Cada noche me ponía un par de ellas y me bebía tres o cuatro Coronitas con una rodaja de limón en el cuello de la botella, rito que detesto porque cuando bebes cae poco líquido por el gaznate. Cogí la rodaja y la tiré por el balcón, imitando a esos sucios, tramposos y dementes personajes de este maravilloso género. Me reconcilié tanto que me puse a escribir con el resacón que es como mejor salen estos artículos; no sé, es como sentirse más cerca del viejo Elam y todos esos secundarios maravillosos, incluso del mismísimo Ford, que también le daba al trinqui de lo lindo. De Peckinpah ya ni hablo. Nos espera un futuro inmediato de spaghetti western, amigo, pero más abigarrado porque somos muchos. Veo incluso ese balancín de Elam repleto de gente y muy estresada. En el spaghetti western una de las cosas más inquietantes es la fantasmalidad de las cosas, el vacío, la poca gente.

    Abrazos

    • Y mira que hay películas malas, pero malas malas, en este género. Pero el puñado de pelis buenas que hay, ay madre… Ese vacío, esa poca gente, se daba también en el cine negro clásico, aunque de repente, en un combate de boxeo, en un club, en un vagón de metro, todo estaba repleto. Luego salían a la calle o cerraban los locales, y no había ni dios. Y tú dices, ¿y esa gente donde se ha metido? Efectivamente: fantasmas.

      Abrazos

  2. Ni que lo digas, amigo; malas de cojones. En Italia cuando también surgió el género (por llamarlo de alguna manera) “giallo” ya fue el acabóse. Salían como churros en aquel país de la lasaña y la pizza de pepperoni. Qué insulto a un género ya de por sí bastante denostado. “Giallo” hasta la palabra tiene tela. Me recuerda aquel anuncio de las pastas Gallo presentado por la Sophia Loren. Ay, cuando recuerdo algunos filmes de esos sigo riendo. Estos italianos.

    Más abrazos

  3. Enorme western. Tuve la oportunidad de ver la trilogía del dólar y Érase una vez en el Oeste de un tirón y en orden cronológico, y se nota muy claro la evolución que tuvo a la hora de narrar. Cada película que hacía era mejor que la anterior, y la frutilla de la torta sin dudas fue Érase una vez en el Oeste, en un registro algo diferente a las anteriores. De ritmo lentísimo y larga duración pero que no aburre nunca, y con la gran virtud de embellecer en cámara ese Oeste más real y polvoriento que supo mostrar a los espectadores. La mejor prueba de su maestría son esa cantidad de planos que a uno le han quedado en la memoria, como el duelo del principio pensado originalmente para ser protagonizado por Eli Wallach, Clint Eastwood y Lee Van Cleef de un lado y Charles Bronson del otro.

    Por suerte no me tocó vivir la época en la que no fue lo suficientemente valorado como director, y gracias a un buen número de directores las cosas se han puesto en su lugar. Un gran director que merece recordarse dentro del cine y particularmente del género más auténtico del cine. Cabe recordar que hasta su western menos valorado es para mí una muy buena película: Los héroes de Mesa Verde.

    • Es curioso que digas eso del Oeste más real, dado que, salvo algunas secuencias en Monument Valley, Hasta que llegó su hora se filmó en España. Eso dice ya mucho por sí mismo de la gran maestría de Leone, no para reinventar el western, sino para recodificarlo, quitarle caspa e impulsar el western post-Ford. Sin él, seguramente no habría ni Clint Eastwood ni Sam Peckinpah tal como los conocemos.

      Un comentario muy valioso, gracias.

      • Jejej en cuanto a lo del Oeste más real (es cierto que sabiendo que filmaba en Almería suena raro), me explayo: esa cosa del ambiente sucio, polvoriento, de tipos con ropa gastada, desaliñados, de malos y buenos con más matices, que en realidad no era tan común en la pintura de personajes y ambiente del western hollywoodense en su edad de oro.

  4. Sí, sí, entiendo lo que quieres decir. Una estética distinta de esos decorados, vestuarios y maquillajes y peinados tan pintiparados, o lo que yo llamo, el “western de dentaduras limpias y camisas planchadas” que era común en Hollywood, en el que hasta la suciedad era calculada, no realista. Y esa estética, claro, se trasladaba a la construcción de trama y personajes, o más bien viceversa.

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