Diálogos de celuloide: Un tranvía llamado Deseo (A streetcar named Desire, Elia Kazan, 1951)

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-¿Te importa que me ponga cómodo?

-Estar cómodo es el lema que tenemos en mi tierra.

-También es el mío. Pero es díficil parecer fresca cuando se siente calor.

-Hoy no me he lavado ni empolvado siquiera.

-Hay que tener cuidado. Andas con una prenda húmeda y pillas un catarro.

(guion de Elia Kazan a partir de la obra de Tennessee Williams)

8 comentarios sobre “Diálogos de celuloide: Un tranvía llamado Deseo (A streetcar named Desire, Elia Kazan, 1951)

  1. Que tal Alfredo!
    La verdad que la película transmite incluso eso…jeje En todo caso no deja de ser un peliculón, ese Brando pegando voces y llamando por Stella…
    Saludos!

    1. Tiene, además, una importancia añadida: el papel de Vivien Leigh implica abrir las puertas del cine a la psicología femenina más allá del terror o el thriller. Tras la Guerra Mundial el cine manifestó un gran interés por la psicología, centrada en los personajes masculinos (traumas, motivaciones, contradicciones, frustraciones), dejaron de ser meros arquetipos o alegorías de cartón piedra para humanizarse. A las mujeres no les llegó el turno hasta unos años después, y esta película fue esencial para ello.
      Saludos.

  2. ¡Qué montaña rusa de sensaciones que me han despertado los personajes a lo largo de la peli: primero, Blanche parece una taimada aprovechada, luego se me hace cargante y poco creíble con tanta cursilería de los tiempos de Lo que el viento se llevó y por último da una pena atroz al comprobar lo majareta que está. Por su parte Kowalski se atraganta por lo rudo e interesado en el comienzo para luego comprobar que es muy sensato al desenmascarar a su cuñada y termina siendo repulsivo al violarla y no mostrar ninguna compasión por su locura. Y Stella, que da pena al cargar con semejante tarugo y en el acto siguiente uno llega a pensar que se merece sufrirlo por cómo la tiene dominada por el deseo y por unas lagrimitas y unos gritos…lo mismo que el personaje de Karl Maiden que oscila entre la simpatía que despierta, el desprecio que provoca al querer aprovecharse mientras la denigra como indigna y, a lo último, la pena que da porque vemos que quiere a Blanche o, al menos, a la Blanche imaginada…
    Tremendo final en el que la felicidad es imposible para todos excepto quizá para la loca …
    Me ha encantado esta vez que la he visto entera y con todas escenas sin censurar (y las cortadas, en versión original

    1. Me alegro mucho, Carlos. Es una obra extraordinaria de la que salió una película excelente. El delirio tras la realidad; solo esos tranvías con nombres en vez de números, ya es una entrada a un mundo diferente con reglas propias, en el que todo anda reflejado en su contrario. Magnífica.

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