Cine en fotos: Ingmar Bergman y Jorn Dönner

Es dudoso saber cuánto o de qué manera van a durar las imágenes en movimiento que ahora se pueden conseguir por todas partes. Hay muchas pruebas de lo efímero de su existencia, de la fragilidad y la inflamabilidad de las películas de nitrato de la infancia del cine mudo y mucho más adelante. Pocas películas de la década de 1920 o de la infancia del cine en color han sobrevivido intactas. En algunos casos se ha logrado restaurar películas mudas y se ha intentado reconstruir la música que las acompañaba, pero la vivencia original no es fácil que se repita en una generación que maneja libremente Internet, reproductores de deuvedé y los avanzados objetos multimedia que, a falta de otra palabra mejor, solían llamarse teléfonos. Comunicadores.

La durabilidad de otras artes parece mejor garantizada. Uno se puede hacer cierta idea de cómo los atenienses y los romanos miraban el mundo de esculturas que los rodeaba, hasta se puede uno imaginar la importancia ritual de los adornos artísticos que hay en Lascaux y otras cuevas escondidas. También se puede leer literatura de hace 2000 años y escuchar música de muchos siglos de antigüedad.

Las películas no son mármol.

Siempre se tocará música.

Se seguirán leyendo libros en el soporte que sea.

Siempre seguirá habiendo obras de arte. ¿Cuáles? No lo sabemos.

Ingmar Bergman (Jörn Donner, Libros del Innombrable, 2012).

 

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