Música para una banda sonora vital: Un día volveré (Paris Blues, Martin Ritt, 1961)

Duelo musical entre Wild Man Moore (Louis Armstrong) y Ram Bowen (Paul Newman, completamente fuera de su elemento) en esta comedia dramática que homenajea a los templos nocturnos del jazz parisino de la época. Joanne Woodward, Sidney Poitier, Diahann Carroll y Moustache completan el reparto de un tributo romántico al París más bohemio subrayado con la música de Duke Ellington.

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2 comentarios sobre “Música para una banda sonora vital: Un día volveré (Paris Blues, Martin Ritt, 1961)

  1. Es cierto eso que dices sobre Paul Newman que está fuera de su elemento, pero no es por motivos de incapacidad de sujetar (que lo hace bien) el trombón, sino los movimientos. En esta película, el gran Paul no tuvo opción de elaborar con el suficiente tiempo su personaje. Por ejemplo, si le hubiesen puesto a su lado al gran trombonista (blanco) Jack Teagarden, el mejor de todos los tiempos, creo que Paul hubiese dado en la pantalla a un gran músico de jazz, como ya lo dio en El buscavidas gracias al maestro del billar Willie Mosconi, o a ese otro (de cuyo nombre no recuerdo) que lo preparó para patinar sobre hielo en El gran castañazo. Joder, daba bien el pego de ser el capitán de aquel equipo vulgar y deslenguado, o como aquel que se enseñó a barajar las cartas del póker en aquella maravilla de película titulada El golpe. Paul era un actor como la copa de un pino. Por otro lado, aquí vemos a un joven y bello Sidney Poitier, que se parece muchísimo físicamente a uno de los mejores saxofonistas tenores de la historia: John Coltrane. Poitier coge y se mueve de una manera nada convincente, pero si le hubiesen puesto a su lado a Coltrane, quizá lo hubiera hecho mejor. En fin, que esta película, es más, esta escena que has puesto dice una cosa muy importante sobre la música de jazz y su auténtico sentido: la democracia. Sí, amigo mío, el jazz es la música más democrática. El músico toca, improvisa, habla, propone, guiña, simpatiza con el otro que escucha. Luego, se calla y el otro le responde. Por eso esta escena es genial, pero dudo que la mayoría de los espectadores se hayan dado cuenta si no aman el jazz. Por eso, cuando luego llegó el Free jazz todo se fue a la mierda. Se introdujo la electricidad y los músicos improvisaban, pero se escuchaban solo así mismos; le daba la espalda al otro. Esta película me gusta por todo esto y algunas cosas más. Ver y oír a Louis siempre es un regalo. El swing no se organiza: simplemente surge. El mejor cine sobre jazz es el que no se ve con los ojos, pero como dijo el gran saxofonista Lester Young: “Ahora es más tarde; aquello era entonces.”

    Buen finde y abrazos mil.

  2. A mí la película me gusta mucho, pero coincido contigo, no hay un buen trabajo previo con los actores, ambos espléndidos, por lo general, pero algo perdidos aquí, entre la representación de algo que no dominan y los clichés del malditismo del artista y la postal parisina. Lo mejor, como bien dices, la música, la ensoñación que despierta, otro de esos mundos que ya no existen. Maravilloso.

    Abrazos, y buen finde.

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