Hermosas mentiras, en La Torre de Babel, de Aragón Radio

Nueva entrega de mi sección en el programa La Torre de Babel, de Aragón Radio, la radio pública de Aragón, en este caso dedicada al autobombo: Hermosas mentiras. Tópicos y clichés en el cine, editado por Limbo Errante.

El cine es un arte y un negocio, es cultura e industria. Depositario de todo el bagaje narrativo de la literatura y del teatro, con su catálogo de temas, argumentos, formas, tópicos, motivos, convenciones, géneros, personajes y fuentes.

Además de un producto de entretenimiento, es un medio de expresión e información que, como tal, puede suponer tanto una oportunidad como un riesgo, un altavoz para la propaganda o una amenaza para el statu quo imperante.

Propuesta referencial, lúcida y rigurosa, torrencial y solaz, Hermosas mentiras nos enfrenta a la realidad de que, por muy banal o neutra que aspire a parecer, ninguna película es del todo inocua.

Ya en librerías de toda España.

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8 comentarios sobre “Hermosas mentiras, en La Torre de Babel, de Aragón Radio

  1. Que tal Alfredo!
    Supongo que debe de ser una gran satisfacción ver tu obra escrita ya publicada, tomo buena nota del libro. Me escuchare muy atentamente tu sección.
    Saludos!

  2. Si eres pintor solo te hace falta unos pinceles, tubos de óleo y un lienzo. Si eres escritor, con papel y lápiz te las apañas la mar de bien. Si eres músico puedes dar la tabarra tú solito a todo el vecindario con la trompeta. Si eres escultor; con un martillo, cincel y un trozo de piedra te entretienes a jugar a ser Miguel Ángel. Si no te va la piedra y prefieres los metales, también, puedes jugar a ser Benvenuto Cellini (lo del asunto sobre jovencitos ya va a gusto de cada uno). Pero, amigo mío, una película no se puede hacer solo. Se necesita a más gente, dinero, permisos para rodar, y si quieres decorados te saldrá mucho más caro. En el cine todo el mundo mete mano. Que si la actriz se niega a decir cierta frase, peinado o ropa. Que si el guionista no sabe muy bien qué quiere el tipo que hace la peli, que si el operador no le da la gana encuadrar de esa manera. Que si el director de fotografía no le dejan meter el ojo en el visor de la cámara. Que si el actor ese día aparece completamente borracho al set. Que si el productor le ha dicho su mujer, mientras ella hacía croquetas, que no le gusta el guion y que la chica buena tiene que quedarse embarazada. Y que si no me haces caso me divorcio y te arruino la vida. Que si el compositor no atina con la música porque tiene que ir viendo trozos del filme. En fin, que, si un director tenía una idea para realizar una película, al final, cuando se estrena, el “producto” no tiene nada que ver con la idea original, pero, en muchas ocasiones, deviene una obra maestra. Luego está el capullo del crítico, que es el que sabe menos de cine. Siempre suele ser un tipo con problemas de acidez de estómago y con muchos divorcios a sus espaldas. Todo lo que puede escribir influirá en la visión de la peli. Luego la censura, siempre apoyada por los que hacen colas en los cines. Roberto Bolaño da en el clavo a la hora de hablar de literatura, pero se puede emplear su reflexión en el cine: “Primer requisito de una obra maestra: pasar inadvertida.” El cine no se ve en el presente, sino en el futuro. Luego vienen los que se hacen llamara cinéfilos. La mayoría suelen tener problemas de familia, de parejas, de salud como el estreñimiento, algo de próstata y halitosis. Tienen títulos universitarios enmarcados cubiertos de polvo, y miran las películas con el ceño fruncido, como diciendo, a mí no me vas a engañar y te voy a sacar todos tus defectos. Ay, el cine. El hombre cuaternario con pelos en los dedos de los pies ya jugaba haciendo sombras en las paredes de su cueva y se reía de sus bobadas. Luego vino Platón y se hizo un lío con todo eso. Los chinos con sus sombras chinescas se lo pasaron algo mejor. Los hermanos Lumière inventaron la cámara, el proyector y el negativo. Se dijeron: “Y ahora, ¿qué coño hacemos con esto?” Filmaron la entrada de un tren en la estación de La Ciotat y cuando se proyectó, muchos espectadores, asustados, salieron corriendo de la sala. Recuerda, amigo mío; el cejijunto de la cueva se reía, y la gente con chistera salieron corriendo. ¿Qué ha perdurado de todo esto? Pues, que los productores son los neandertales que se siguen riendo, pero de nosotros, y, nosotros, salimos corriendo de las salas, pero sin patillas ni chistera. A Platón, que le den. La sombra la llevamos por dentro.

    Abrazos mil

    1. Caray… Hombre, sin dejar de reconocer la parte de certeza que hay en todo eso, quiero pensar que no es el panorama completo. Hay de todo, como en botica. Sí que estoy de acuerdo en que el pasar inadvertido (entendido en cuanto a una evidente y palmaria falta de pretenciosidad) es casi inherente al punto álgido de creación de toda disciplina. Al menos en el cine suele ser así, cosas que a primera vista parecen sencillas y que de ningún modo lo son.

      En fin, voy a ir pidiendo cita para una revisión de próstata…

      Abrazos

  3. ¡Qué interesante la entrevista y, por ende, el libro! No te voy a engañar porque no lo compraré… y es que no tengo tiempo para lecturas, (aparte del incómodo asunto de la pasta, que tiene otros sumideros urgentes a la que acudir); aunque debes creerte que me gustaría mucho comprarlo y disfrutarlo. Y espero que no me guardes rencor y me sigas dejando entrar por aquí. Un verdadero placer escucharte…más incluso que leerte.

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