Música para una banda sonora vital: El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, Sergio Leone, 1966)

A falta de pocos días para partir al Oeste -al del western europeo, cerca del cementerio de Sad Hill, en el término de Contreras (Burgos), y del monasterio de San Pedro de Arlanza, escenarios ambos, junto con otros almerienses, de esta obra maestra de Sergio Leone-, nada mejor que escuchar la banda sonora compuesta por Ennio Morricone para ambientarse de camino a Interferencias, las III Jornadas sobre cine y arquitectura en las que, de nuevo, participamos.

4 comentarios sobre “Música para una banda sonora vital: El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, Sergio Leone, 1966)

  1. La música en el cine. La banda sonora, que muchas de las veces, trasciende a la misma película. Grandes temas musicales para películas mediocres pero que se hacen famosa por ellas. Ahí tenemos la gran partitura de Stelvio Cipriani para “Anónimo veneciano”, una película que no llega a la altura de su banda sonora. Ahí tenemos la composición de Francis Lai para “Love story”. Sin su banda sonora la película no hubiera tenido el éxito que tuvo. Ahí tenemos a Henry Mancini con el tema musical de “La pantera rosa”. Hay que poner este tema en un equipo de música y con un whisky en la mano para poder apreciar este magistral tema que nada tiene que ver con las películas de Blake Edwards, y, sin embargo, cuando la escuchamos vemos el careto de Peter Sellers o el dibujo animado. Lástima. En fin, paro de contar porque los ejemplos son interminables.

    Indisociables, en asuntos musicales y películas, son: Hitchcock-Herrmann. Fellini-Rota. Spielberg-Williams, y, sobre todo, Leone-Morricone. Estos espaguetis, ¿qué serían sin la música del viejo Ennio? Sería como zamparse un buen plato de espaguetis a la boloñesa con coca cola y no con un buen vino tinto italiano, pongamos de ejemplo, un Gran Sasso Pecorino Terre di Chieti. Bueno, en estas circunstancias y a la luz de las velas, mejor la música del gran Nino Rota, es decir, “El padrino”.

    Es una verdadera lástima que la banda sonora de “El bueno, el feo y el malo”, la estoy escuchado yo, casi a diario, en las llamadas de móviles a los paletos que van por las calles. A veces, incluso la oigo en el cine antes de que se apaguen las luces. Entonces me digo: “¡Genial! ¡Ya no me van a poner la peli que he pagado para verla y en su lugar me ponen una de Leone!” Pero ya sabes que dura muy poco la felicidad en casa del pobre.

    No se suele hablar demasiado sobre la arquitectura en el cine. De los grandes arquitectos del cine. La gente solo recuerda la palabra arquitecto cuando tiene que introducirse en esos pisos-colmena. Entonces recuerda incluso a la mala madre del arquitecto.

    Para mí los tres grandes arquitectos que ha dado el cine son Fritz Lang, Hitchcock y Jacques Tati. Lang estuvo siempre muy influido por la Bauhaus, por Mies; Hitch por Frank Lloyd Wright y Tati por Le Corbusier. La concepción del espacio de estos tres cineastas es única. Solo pongo de ejemplo las casas de Hitchcock que te van adelantando el argumento, como ocurre en esa maravilla que es “Con la muerte en los talones”.

    ¡Te dejo! Están llamando al timbre de mi casa. ¿Sabías que le he puesto la música de “El bueno, el feo y el malo”? Lo hice adrede, amigo mío, porque aquí solo llaman feos y malos. ¿Y el bueno? Ennio Morricone, por supuesto.

    Abrazos y buen finde.

    1. Siempre he pensado que, en cuanto a repercusión popular, la música del cine es hoy lo que antes era la mal llamada música clásica. El público general la reconoce y la evoca del mismo modo que hace con las melodías y las piezas orquestales más famosas de los compositores más célebres. Y, al igual que sucede con esta música, se termina banalizando por el abuso que de ella se hace en los anuncios publicitarios, por ejemplo. Con la arquitectura pasa igual, ves el edificio Bradbury en Blade Runner y tiempo después en alguna mierda de anuncio de coches o de chismes para fregar los suelos.

      Abrazos

  2. Qué interesante suenan esas jornadas, querido Alfredo. ¡Disfruta! Cine y arquitectura es de esos binomios que no hay que perder nunca de vista.
    Y esa música… Ay, esa música.
    ¿Por cierto has visto ya el documental sobre Sad Hill?

    Beso
    Hildy

    1. Lo son, mi querida Hildy. Y en unos parajes hermosísimos, además. Es el Sundance de Castilla 🙂

      El documental de Sad Hill no se pasa en Zaragoza, pero en las jornadas intervienen algunos de sus promotores. Tuve la suerte de dar una charla sobre el spaghetti-western allí mismo, en Salas de los Infantes, hará unos tres o cuatro años, y visitar Sad Hill antes de la recuperación y unos años después. Es un lugar muy muy especial. Es acercarte en el tren desde Zaragoza e ir tarareando ya la música de Morricone, y te dura y dura en el cerebro hasta el mismo día en que te vas. Como me gusta decir cada vez que voy allí (ya es la tercera), entrar en Sad Hill es como penetrar en una catedral gótica.

      Besos

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