Música para una banda sonora vital: Elmer Bernstein y el western

Hace ya unos cuantos años recuperamos aquí un popurrí con las más célebres composiciones para el cine de Elmer Bernstein, uno de los más grandes autores de música para el cine de Hollywood. Si nos fijamos en sus partituras para el western, observamos un parentesco directo entre sus bandas sonoras para John Sturges –Los siete magníficos (The Magnificent Seven, 1960)-, Michael Curtiz –Los comancheros (The Comancheros, 1961)- o Henry Hathaway –Los cuatro hijos de Katie Elder (The Four Sons of Katie Elder, 1965)-, hasta el punto de que las tres composiciones podrían formar parte de una única gran banda sonora que acompañara al mismo título, caracterizada por las apelaciones sonoras a la épica típica del género pero también por la inclusión de aires hispanos.

 

4 comentarios sobre “Música para una banda sonora vital: Elmer Bernstein y el western

  1. Me gusta mucho ese western que linda con la frontera mexicana o la traspasa. Ciudad de El Paso (bello nombre), y todo eso. El Paso es también una marca de tortitas que sirve para hacer burritos. Hoy es lo que cocina y con mucho picante. Los siete magníficos, Los profesionales, Pat Garret y Billy The Kid o Grupo salvaje. Sobre todo, me gusta esta última. El poeta Sam Peckinpah. La canción que cierra este peliculón “Las golondrinas”, es brutal. Mi México lindo. Incluso de niño me encantaba los dibujos animados de Speedy Gonzales… ¡ándale, ándale, ándale! México en las bandas sonoras con sus violines de nostalgia. ¿Sabías que muchas de las veces cuando cocino me inspiro en las películas que más me gustan? No sé, comes con más apetito. Debes probarlo un día, ya verás. Y si pones en el equipo de música su banda sonora, ya es lo más.

    Abrazos mil

    1. Como te lea Arguiñano, tiene tralla para doce temporadas más de su programa de cocina…

      El western mexicano es un subgénero en sí mismo. A cualquiera de los lados de su frontera, o en ambos. Yo, de una manera u otra, termino reflejándolo en mis libros (qué raro, eso de escribir “mis libros”), es un ecosistema que me atrapa, a veces incluso cuando se trata desde el punto de vista moderno, como en Lone Star, de John Sayles.

      Lo de cocinar y yo… Para encima hacerlo con música…

      Abrazos

  2. No sabes cuánto añoro aquellos momentos en que, mientras la sala se iba llenando, el dueño del cine nos deleitaba a luces abiertas con esas músicas que abrían el apetito por las aventuras lejanas que íbamos a paladear. En mi infancia los anuncios en el cine eran cosa propia de la capital y el sonido de una orquesta ¡y en estéreo! impresionaba y predisponía.
    Ahora te hacen tragar un montón de anuncios que no necesitas y si hay música suele ser a base de electrónica o grabaciones que uno ya conoce de canciones añejas.
    Quizás porque no hay muchos compositores como Elmer Bernstein y sus coetáneos, imagino.
    Un abrazo.

    1. Lata de bandas sonoras en las versiones más peregrinas. Eso es lo que suelo toparme más a menudo. Como en tantas cosas que rodeaban la liturgia del cine, el buen gusto se ha visto desplazado por la comodidad. Qué pena.

      Abrazos

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