Mis escenas favoritas: Reservoir Dogs (Quentin Tarantino, 1992)

Cultura pop, verborrea soez, mucho cine en las venas y un puñado de buenos diálogos, la receta de Tarantino en este su debut tras la cámara. Sus mejores películas siguen siendo las tres primeras.

(para amantes de la VOS y de los doblajes clásicos españoles, advertimos de que la escena contenida en el vídeo es de un segundo doblaje español)

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8 comentarios sobre “Mis escenas favoritas: Reservoir Dogs (Quentin Tarantino, 1992)

  1. Todos sabemos que la esencia de los grandes directores de cine está ya en el primer filme o cortometraje. Así lo atestigua Buñuel, Truffaut, Orson Welles y otros más. Tarantino realiza este película gamberra como un río de cuyas aguas van a desembocar en Los odiosos ocho; un lugar cerrado donde todo el mundo se putea a base de bien. Eso me parece, simplemente, genial, porque demuestra lo obsesivo del artista. Sin obsesión no hay arte. Tarantino no es que sea voto de mi devoción, pero no le voy a quitar talento. Sin embargo, los directores que son cinéfilos no llegan a definir del todo un universo propio. Ahí tenemos a Scorsese, gran cinéfilo y escritor. Garci, Bogdanovich, Tarantino y tantos otros. No sé, amigo mío, pero los que yo considero verdaderos genios del cine casi nunca iban al cine, como Buñuel, Ford, Hitchcock, Lubitsch, Fellini, Wilder, etc. No les hacían ni puto caso a las películas de los demás. Estaban tan sumergidos en su propio mundo, en su propio arte, en fin, no podemos culpar a Tarantino que trabajara en un videoclub y allí viera tantas y tantas película sin pagar un duro. Vio un montón y luego cuando realiza las suyas no puede evitar dejar guiños y citas. Tampoco es tan malo. Los de la nueva hornada solo han jugado a los videojuegos, y se casan, y celebran el día de la madre y del padre, y el día de las fuerzas armadas, y la semana santa… Vaya mierda de directores.

    Abrazos mil.

    1. Jajajaja… “Mierda de directores…” Jajajajajaja…

      Entiendo bien lo que dices. La gente se enfrasca en aquello que sea lo que quiere contar y no ve nada más ni le interesa otra cosa. En el caso de Scorsese, es más obsesivo Paul Schrader que él, se nota mucho en las películas en las que colaboraron juntos y en la comparativa con las, casi siempre, inferiores cintas de Schrader como director. De todos modos, ya sabes que los directores “mienten” mucho cuando hablan del cine de los otros, de lo que han visto y lo que no. Recuerda a Bergman en la isla de Farö, cuando se pudo ver su videoteca privada y la tenía llena de películas de acción y de comedias románticas…

      Hablando de Tarantino, ¿has visto las últimas declaraciones de Ennio Morricone? “Habla sin pensar y lo hace todo en el último momento. Es un caos”. Y añade: “Es un cretino. Roba a todo el mundo y lo mezcla todo junto. No es nada original. Y no es un director, no es comparable con los auténticos grandes de Hollywood como John Huston, Alfred Hitchcock o Billy Wilder. Ellos estaban muy bien, Tarantino solo recalienta ingredientes”. Y concluye sobre el Óscar que ganó con él: “¡Tonterías! No me emocionó nada. Solo estaba dolorido por llevar sentado tanto rato. Tuve terribles dolores de espalda, tanto en el avión como en la ceremonia. Así que, como mucho, mantuve una expresión complacida porque sabía que pronto acabaría el evento y podría marcharme. No tengo ningunas ganas de viajar más a los espantosos EE UU, con todas sus pomposidades y esa vergüenza que son los Oscar”.

      El sábado cumple 90 tacos, el tío…

      Abrazos

  2. Evidentemente hay casos excepcionales. Ahí tenemos a Truffaut, gran cinéfilo donde los haya y su cine es personalísimo, exquisito, diría yo. Ayer por la noche, ante el maldito desaliento, me puse “La noche americana”. No sé cuántas veces habré visto yo esa maravilla. Lo que sí es cierto, es que los verdaderos directores o mejor dicho “artistas”, porque hoy la palabra “director” se ha denigrado porque quiere decir “gente que hace películas”, tenían un mundo, una mirada propia. Sabemos que el viejo zorro tenía en su despacho este lema: “¿Cómo lo haría Lubitsch?”, pero al final terminaba siendo él. Lubitsch trabajaba con personajes glamurosos y el zorro de todos los zorros, habidos y por haber, con los pardillos de la vida. ¡Pero qué grande es Billy, coño! Luego indagas en tus directores favoritos leyéndolo todo como un poseso y te das cuenta que, en la mayoría de los casos, los artistas decidieron dedicarse al cine por haber visto de niños una película de lo más cutre. Ahí tenemos a Fellini que dijo que vio “Maciste en el infierno”, y cuando creció realizó “La dolce vita”. Sin embargo, Juan Antonio Bayona vio de niño ET y ha terminado realizando una gilipollez con dinosaurios. No se sabe muy bien si los gilipollas son los dinosaurios, los productores o los que van a verla o incluso el pringao que está en la maquina palomitera. Vaya usted a saber, amigo mío. En fin. Los artistas sí que ven películas, pero yo me refiero a verlas a lo Garci, a lo Scorsese, a lo Bogsanovich, a modo cinéfilo. Franco también tenía una sala privada donde veía las películas que él prohibía. El hijo puta. Llegaron a encontrar los rollos de “Viridiana” que, según tengo entendido, le encantaba. Hay que joderse.
    ¡El gran Ennio Morricone! ¿Conoces a algún compositor, hablo de los grandes, que haya sido cinéfilo o que haya hablado de cine con rigor? No. Los grandes no entendían de cine por eso escribieron grandes partituras para la eternidad. Ellos tienen que ver la peli fragmentada, a trocitos, para que pueda componer el tema de rigor. Tengo un maravilloso libro donde se habla sobre la relación entre Nino Rota y Fellini, una maravilla. Allí se cuenta que Federico le estaba diciendo lo que quería y Nino, somnoliento y con un cigarro en la comisura de sus labios, iba tocando el piano. Allí no había ningún tipo de grabadora ni nada por el estilo. De súbito, Nino improvisaba un precioso tema y lo dejaba para seguir tocando. Entonces Fellini gritaba: “¡Vuelve atrás y toca lo de antes!”, pero Nino ya no recordaba qué era. Así, según palabras de Fellini, se perdía para siempre hermosos temas.

    Creo que hablar de cine con el viejo Ennio sería aburridísimo. Ya te digo, los grandes compositores no saben de cine y se lo agradecemos, porque si fueran cinéfilos no habrían compuesto esos temazos. Igual que los directores cinéfilos. Y el Óscar no es, precisamente, un premio inteligente, pero esa estatuilla tiene sabor al viejo Hollywood, y nosotros, amigo mío, nos hemos educado con él. Yo tengo uno de plástico, comprado en un bazar chino, en una repisa de mi estudio. “Me lo entregaron al mejor guionista”, le digo a la gente. Luego, me voy a un lugar solitario.

    Abrazos mil.

    1. Qué lujazo de comentario… Y qué risas más bien echadas…

      ¿Por qué no podemos vivir eternamente en ese mundo? Me refiero al de antes, no al actual, claro. Al de aquellas grandes figuras, personalidades interesantes, anécdotas, sucesos. Cosas que realmente valen la pena. ¿A quién va a interesarle cómo componen ahora la música en las películas de casquería…? En fin, creo que hemos nacido fuera de tiempo y de sitio, mi querido amigo.

      Abrazos

  3. Que tal Alfredo!
    Precisamente he vuelto a verla hace poco y he disfrutado como la primera vez. Ya se que en cuanto a gustos no hay nada escrito (en Italia dirian ‘tutti i gusti sono gusti’…) pero cuando te refieres a sus tres primeras pelis tengo una duda, ¿incluyes como tercera ese pequeño episodio de Four Rooms? Lo digo pues tambien hace poco volvi a ponerme Jackie Brown (¡me encanta Pam Grier!) y creo que todavia me gusta mas que antes.
    Saludos!

    1. No, no incluyo Four Rooms. Es un remake declarado; por tanto, parte de eso que Morricone llama cine recalentado.

      Jackie Brown, poco a poco, va siendo para mí mi película favorita de Quentin. Las dos primeras me gustan mucho, para mí son clásicos, pero Jackie… Pues me parece que es la única peli de Tarantino que vuela sola. No del todo, claro, porque hablamos de un director de refritos, pero la que más autonomía de vuelo tiene.

      Saludos.

  4. ¡Por favor! No he podido terminar de ver el vídeo.

    Lo confieso: yo maté a César y a Nerón, y a JFK también. Pero no me hagas escuchar otra vez horrorres como ése.

    Hace años decidí dejar de ver películas en TV3 a causa de los horrendos doblajes al catalán y luego, por ahorrarme los anuncios, dejé la tele sólo para las noticias. Ahora comprendo muy bien los comentarios quejosos surgidos con motivo del reciente nuevo doblaje de El Padrino. ¡Qué horror! ¡Debería estar penada, una tropelía semejante!

    Si Tarantino llega a escucharlo, seguro que se le ocurre alguna película en la que aparezca el asesinato lento y cruel de algún doblador.

    Coincido en el aprecio por esas tres primeras películas de Tarantino: Jackie Brown, a pesar de arrancar “homenajeando” claramente El Graduado, siempre me ha gustado. De hecho, en ésta, los excesos de crueldad me llegan a molestar: la elipsis cinematográfica parece que Tarantino no la ha descubierto, todavía.

    He de recordar al amigo Paco que lo de que los grandes de Hollywood no veían películas no es muy exacto, no en vano cuando Berlanga viajó hasta allí en la cena que le ofrecieron todos querían saber cómo filmó aquel arranque de película de Plácido…..

    Un abrazo.

    1. Pues estamos de acuerdo en todo. Incluido el párrafo final. Los directores son muy mentirosillos cuando hablan de las películas que ven de sus compañeros. Hitchcock, por ejemplo, que decía no ver casi nada y tenía, sin embargo, una sala de proyección privada en la que veía en exclusiva muchas de las producciones de sus estudios, y películas de otros (como dijo de Buñuel, por ejemplo). Lo que sí hacían a menudo era no volver a ver las suyas propias una vez terminado el trabajo. Y eso puedo entenderlo.

      En cuanto al doblaje… Pues eso. Asistimos a esa fiebre del re-doblaje, nefasta, indecente, innecesaria, gratuita y lamentable. A veces charlo con algún actor de doblaje que conozco sobre este punto. Estamos en desacuerdo, obviamente. Pero yo ya no puedo ver el cine de otra manera que no sea en versión original.

      Un abrazo

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