Mis escenas favoritas: Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976)

Grande, grande de verdad Scorsese cuando se pone a hacer cine de muchos quilates…

 

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10 comentarios sobre “Mis escenas favoritas: Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976)

  1. En los setenta ya me habían quitado los pañales, bueno, no sé si eran los pañales estándar. A mí me ponían bolsas de basura con retales de ropa vieja. Era lo que había y no hay más que decir. Es decir; que cuando fui al cine a mediados de esa década sucia, melenuda y con una gran crisis en el cine, de golpe me sentí orgulloso de la nueva hornada de la década prodigiosa que entraba con fuerza. En 1970 Bob Rafelson con su “Mi vida es mi vida”. En 1971 Peter Bogdanovich con “La útlima película”. En 1972 Francis Ford Coppola con “El padrino” y en toda la década con “El padrino II”, “La conversación” y “Apocalypse Now”, casi ná. En 1973 Papada Lucas con su “American Graffiti”. En 1974 Roman Polanski con “Chinatown”. En 1975 Steven Spielberg con “Tiburón”. En 1976 Martin Scorsese con “Taxi Driver”. En 1978 Michael Cimino con “El cazador”. En 1979 Walter Hill con “The Warriors”, y paro de contar que esto se puede alargar como la serie “Dallas” (1978). ¡Ja!

    Cuando pagué una entrada para ver “Taxi Driver” no sabía con lo que me iba a encontrar. Se apagaron las luces y los nerviosos y metálicos compases del tema musical de la secuencia inicial indicanban claramente que la película iba a resultar amenazadora. En la calle, una densa nube de vapor brota del suelo y deja la pantalla en blanco. Como surgiendo de la nada, un taxi amarillo atraviesa la inquietante cortina de vapor y humo pasa a cámara lenta. La música en off se pierde a lo lejos en armonías graves, el fantasmal taxi desaparece y tras él la nube vuelve a cerrarse. Dos ojos negros aparecen en primer plano, acompañados por un melodioso tema de jazz. Miran a uno y a otro bajo la luz vacilante de las farolas, como observando el entorno. Son los ojos de Travis, un taxista neoyorquino que terminará convirtiéndose en el ángel vengador. Presa del insomnio, “hace la noche” encerrado en la cabina amarilla de su vehículo, recorre como un sonámbulo las arterias sin alma, bañadas de neón y de vapores deletéreos, y pobladas de granujas, drogadictos y dudosas parejas. Los escasos contactos que mantiene con sus colegas no logran distraerlo de su gris soledad. Al igual que Travis, el espectador contempla la noche desde el taxi en marcha. Pocas veces ha aparecido Nueva York en secuencias tan impresionantes. El estilo fotográfico alterna entre el enfoque semidocumental y el subjetivo. La sugestiva música de Bernard Herrmann, que no se limita a acompañar a la película, sino que la estructura acústicamente, da lugar a una unión absolutamente peculiar de imagen y sonido. Viajar en el taxi viene a ser nada menos que una metáfora del cine. Casi ná.

    Descendiente de inmigrantes sicilianos, Scorsese estaba mejor ubicado que nadie para filmar esta odisea del asfalto, habiéndose formado él mismo en la ruda escuela de la calle. Su arte de perseguir lo insólito hace estallar las convenciones genéricas, ha sabido pintar como aguafuerte la verdadera noche americana.
    Inolvidables las escenas en las que Travis se planta ante el espejo con el torso desnudo y con el revólver desenfundado y se bate en duelo consigo mismo. Es una escena que sería repetidamente evocada en el cine posterior, pero el modelo no ha sido todavía superado. Un clásico moderno.

    Ay, luego vinieron los ochenta… los Gremlins, el arqueólogo tontaina y Tom Hanks dando la vara a base de bien. ¿Qué paso? Que esto lo cuente los que tuvieron pañales de verdad, no te jode.

    Abrazos mil.

    1. Jajajaja… Creo que en Taxi Driver es fundamental la contribución de Paul Schrader. Muchas de sus obsesiones, manías y rarezas están ahí. Cosas que él mismo ha estirado en sus propias películas en la dirección para dar rienda suelta visual a sus traumas, a su compleja vida interior. Se complementan bien, el calvinista traumatizado y el católico acomplejado. El cóctel es fantástico. Bueno, imagino que ellos sí llevaron pañales… ¿O tal vez no?

      Abrazos

  2. Mi querido Alfredo, siempre me impresiona mirar de nuevo Taxi Driver. Uno de los momentos de la secuencia elegida, cuando está en el dormitorio, me hace pensar en lo cinematográficos que son los espejos. Y en la cantidad de momentos de cine con espejos que hay en nuestra memoria. Y también en qué difícil es usar la voz en off y qué efectiva es cuando se emplea bien.
    Y el comentario de Francisco me hace reflexionar sobre la huella que dejan algunas películas cuando las vemos por primera vez.

    Beso
    Hildy

    1. No soy mucho de voz en off. A Scorsese le gusta mucho, demasiado para mi gusto. Aquí me encaja perfectamente, la soporto bien, creo que funciona como expresión y vinculación del verdadero contenido personal que hay en la película, tanto de Schrader como de Scorsese (aunque más del primero). En otros casos me chirría más, y desde luego la aborrezco cuando el personaje habla a cámara directamente.

      Besos

  3. Que tal Alfredo!
    Ademas del buen hacer de Scorsese digamos que De Niro esta en un estado de gracia.
    Un pequeño apunte sobre la escena del atraco, en la versió original el dueño del negocio creo que es cubano, habla con De Niro en ingles pero luega dice algunas palabras en castellano. Por cierto, ¿te imaginas la que se hubiera liado hoy en dia con la somanta de palos que le mete al cadaver?…
    En todo caso, magnifica pelicula.
    Saludos!

    1. El actor es cubano, y si tendemos a la naturalidad, es normal que se exprese así. Un punto más a favor de ver el cine en VO, VOS o VOSE, como debe ser.

      Es una de las películas, de las muchas, que hoy no podrían hacerse. De hecho, como no puede hacerse casi nada más que violencia y sexo en lata, pues tenemos el cine de mierda que tenemos en nuestras carteleras (salvo excepciones).

      Saludos!

  4. Recuerdo muy bien los setenta y el cine que solíamos ver, ya en las postrimerías de las sesiones dobles de la infancia. Cuando ví en el cine Taxi driver (que por cierto, no recuerdo haberla visto de nuevo, lo cual me hace merecedor de una colleja, que me autoaplico ¡zas!) me sorprendió mucho porque por algún comentario de amigotes llevaba la impresión que sería otro justiciero más como los presentados por Michael Winner y compañía. De hecho, recuerdo que incluso me desplacé a BCN para verla por el reclamo que suponía ver “otra” de Robert De Niro, reciente el placer de El Padrino II.
    Creo que la voy a poner en la lista de pendientes.
    ¡En la parte de arriba, claro, sí, si…!
    Un abrazo.

    1. ¡Eso, eso! ¡Colleja! 🙂

      Ay, ese Charles Bronson de las guerras callejeras… El actor más taquillero de los 70… No sé si tendríamos que hacérnoslo mirar hoy en comparación con entonces. Entonces estaba muy claro qué era ficción y dónde debían quedarse ciertas cosas. No sé si estamos perdiendo la capacidad de distinguir.

      Un abrazo

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