Música para una banda sonora vital: Hatari (Hatari!, Howard Hawks, 1962)

Mítico tema de Henry Mancini, este Baby Elephant Walk, para esta maravillosa película del maestro Hawks. Obra de personajes, con predominio de sus relaciones por encima de la propia acción, magníficamente rodada, que contiene todos los temas e intereses habituales del universo hawksiano: amistad, camaradería, optimismo, esperanza, aventura… Y humor. Siempre humor.

8 comentarios sobre “Música para una banda sonora vital: Hatari (Hatari!, Howard Hawks, 1962)

  1. Ese tipo sí que era un tío de cine y para el cine. De todas las cosas que mencionas de él también fue el maestro del asedio. Luego, Carpenter, que por cierto, dirigió un magistral documental de su maestro, el asedio impera en muchas de sus películas. Howard Hawks era un tipo muy feo, al contrario de los escritores actuales. Hoy, para ser escritor tienes que ser guapo, sino no te comes un rosco, pero para ser director de cine, mejor que seas feo, para que te lo comas. Si hacemos un repaso a los grandes directores de la Historia de Cine, vemos que los mejores eran feísimos. De ahí que creaban belleza cinematográfica. Los directores actuales, los más sonados, van de divos. La belleza son ellos y sus películas una mierda.

    El viejo Hawks fue un director olvidado hasta que los chicos malos de Cahiers du Cinèma en los años cincuenta alabaron su personal manera de dirigir cine y le calificaron como uno de los mayores talentos de Hollywood. Ya te digo, ¡qué tío! Tocó todos los géneros y nos dio obras maestras en todos ellos. De “La fiera de mi niña” a “Río Bravo”, se “Scarface, el terror del hampa” a “Me siento rejuvenecer”, de “Sólo los ángeles tienen alas” a “¡Hatari!”. Este feo genial jugaba al golf con papá Hemingway. Los dos iba sobraos de copas (como debe ser) y no los de ahora que beben agua y hacen footing, además de pasarse todo el día en las peluquerías de lujo. Pues bien, Howard le pregunta a Hemingway cuál es su peor novela. Le responde que tiene una en un cajón y que es una puta mierda. Howard le dice con tono achulado que hará una película de ella. Rieron. Siguieron bebiendo, y no te extrañe que aquella noche se fueran de putangas. En fin, de todo esto salió “Tener y no tener”. Sí señor, hay que tener genio. Sí, también es cierto que el mundo de Hawks es un mundo limitado que carece, por ejemplo, de la riqueza y complejidad de John Ford. Pero sus historias concisas y directas sobre las penalidades y alegrías de hombres y mujeres que trabajan unidos en grupo, sobre la naturaleza de la amistad, el amor y el profesionalismo, llevan el sello y poseen la coherencia propios de un gran artista de cine. Howard Hawks ha dejado una obra que, en su lacónico optimismo, es tan majestuosa como las impresionantes montañas que deben sobrevolar Georr Carter y su temerario equipo de pilotos en la deliciosa “Sólo los ángeles tienen alas”.

    De nuevo pido disculpas por este sermón, amigo Alfredo. Es que estas cosas no las puedo decir en el lugar donde habito. Aquí solo viven por el tema del “procés”, y no el de Kakfa, precisamente, por muy kafkiana que parezca las vidas de los que amamos de verdad el cine.

    Un fuerte abrazo y buen finde.

    1. Gran hombre, Hawks. Un chiflado de la velocidad y un trilero de primera. ¿Recuerdas la anécdota que cuenta Billy Wilder sobre un encuentro en París, en el hotel Georges V? Precisamente, lo cité en mi novela como homenaje.

      Abrazos

  2. Esa melodía le queda a uno grabada en el cerebro después de haberla escuchado mientras los ojos de niño absorbían unas imágenes en las que la amistad y la aventura reinan y atrapan los sentidos.
    Valió la pena la larga cola y el viaje en aquel autobús a la capital para pasar unos minutos que se hicieron cortísimos.
    Tener la suerte de recibir la semilla de la cinefilia de ése modo estaba al alcance de todos en los sesenta del siglo pasado, pero no todos, ciertamente, aprovecharon la ocasión.
    Luego, creciendo, uno leía que ¡Hatari! era una película “menor” y se le hacía un nudo en el cerebro, hasta que te das cuenta que llevas años buscando y no hallando semejante frescura, brío y ritmo en una película “sencilla”, casi una excusa para largarse de safari con una pandilla de amigos.
    Desde luego, la pareja romántica parece ahora más imposible que entonces, pero ¿qué más dá?

    Mancini, un compositor DE CINE. Con eso ya está todo dicho.

    Un abrazo.

    1. Experiencias de los que, digámoslo así, ya tenéis una edad… 🙂

      Pocas de esas puedo contarte yo; es lo que tiene crecer en los ochenta. Sí recuerdo, no obstante, haber ido al cine por primera vez no a ver nada de Spielberg o Lucas, sino los Granujas a todo ritmo de John Landis y los Blues Brothers. Algo es algo.

      Abrazos

  3. Claro que la recuerdo. He leído tus tres libros. Es más, voy a escribir un poema improvisado al respecto: “Tuvimos que pasar por 39 estaciones para llegar a Cartago Cinema y gozar de las necesarias hermosas mentiras que nos ayudan a vivir”. Ahora, por esto, ya me debes una cena.

    En mi naufragado blog escribí sobre la situación “Billy y Howard”. Todo el mundo sabe lo que sentía el viejo zorro de Billy por Ernst Lubitsch y el cartel que tenía en su estudio que decía: “¿Cómo lo haría Lubitsch?”, para los momentos de desesperación. Pero son muy pocos los que saben que el viejo Howard tenía mucho que ver con el viejo Billy. Sí, ya sé que es difícil de imaginar un contraste mayor: por un lado Howard, americano de nacimiento y por pasión, piloto de guerra, cazador, piloto de carreras, un hombre de un machismo “cool”, amigo de Faulkner, Hemingway, Cooper y Bogart, maestro del cine físico.

    Por otro lado Billy Wilder, vienés de nacimiento y cosmopolita por condición, “boy” de alquiler, periodista, acróbata de la palabra, domador de charlatanes, locuaz, parlanchín, el maestro del cine hablado. No voy a decir mucho más porque la pereza me gana y hoy es viernes y me preparo para una noche de alcohol hasta caer en redondo. Pero sí te diré que una de las muchas similitudes, o al menos, la más llamativa entre estos dos genios (hoy brindaré por ellos): su ritmo vertiginoso. Howard cuenta que siempre ha intentado ser tres veces más rápido de lo común. Billy no se queda atrás. Como aspirantes al récord de velocidad de comedias cinematográficas los dos se encuentran a la cabeza de la carrera.

    Y esto lo diré esta noche con unos dry martinis de más. Dejaré sobre la barra los palillos con las aceitunas ensartadas. Me diré: “qué cojones, no solo Jack Lemmon se siente desolado”. Y me preguntarán los muertos vivientes que me rodean: “¿Quién coño es Billy y Howard?”, “¿qué coño estás diciendo?”; “¿Una bola de fuego llena de enanitos?”. Y beberé todavía más.

    ¿Te apuntas? No te preocupes; la partida está perdida, pero nos guiñará un ojo John Huston. Vale la pena.

    Más abrazos miles.

    1. Me apunto, me apunto. Y cuenta con esa cena, aunque el poemita… se las trae. No sé cuál es más rápida, si Luna nueva o Uno, dos, tres, pero por suerte nos da igual y podemos quedarnos con las dos.

      Hazme sitio en la barra, que voy enseguida.

      Abrazos

  4. Qué grande Mancini, qué magnífico acompañamiento para amenizar una tarde de viernes. Siempre que escucho esta pieza, como mínimo, se me abre una sonrisa de par en par. Me saca mi parte más picarona.

    Ay! ése picaruelo de Hawks. Cada vez que me dicen que las pelis del pasado eran misóginas me digo a mí misma que éstos no han visto ni una de Hawks (ni de Mankiewicz, Lang, etc.). Probablemente sean las pelis de este todoterreno en las que se ensalza la figura de la mujer, incluso, por encima del hombre. No, si lo que yo digo, gente que no sabe mirar… ni buscar, y lo peor de todo, que etiquetan sin tener idea.

    Abrazos!!

    1. Cierto. No soy un gran admirador de Chomsky, pero sí aprecio algunos de sus puntos de vista. Recientemente he leído la enésima entrevista suya en la que dice eso de que la gente ya no presta atención a los hechos. Yo añado, o lo hace él y yo lo recuerdo, que la gente ya no hace caso ni a lo que ve; es más, no quiere ni ver. Muchas personas han perdido las herramientas para interpretar, analizar y deducir a través de lo que ven. La decadencia absoluta del lenguaje audiovisual tiene mucha parte en eso. La cuestión es que no se sabe mirar; el etiquetado moral, el eslogan y la mercadotecnia ideológica están por encima de todo. Pero, hombrepordiós, ¿pero es que nadie ha visto Eva al desnudo?

      Es tan fácil como ver, mirar, entender y razonar. Pues no debe de ser tan fácil, no.

      Abrazos!

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