Cine en corto: Destino, de Salvador Dalí y Walt Disney (2003)

Este cortometraje de animación, basado en la canción del mismo título del mexicano Armando Domínguez, es fruto de la colaboración que Walt Disney y Salvador Dalí emprendieron en 1948. Combinación de ballet y dibujos, debía formar parte de un largometraje de relatos breves, pero el proyecto quedó inconcluso. No fue hasta 2003 que se retomó el proyecto, mucho después del fallecimiento de ambos, y gracias a los bocetos e instrucciones que había dejado el pintor.

4 comentarios sobre “Cine en corto: Destino, de Salvador Dalí y Walt Disney (2003)

  1. Recuerdo que vi este cortometraje en un cine de mi provincia. Ahora ya no existe. En su lugar se puede ver un solar lleno de cardos y malas hierbas, además de la basura que va tirando el vecindario, subrepticiamente, a altas horas de la noche. A ambos lados de los laterales de los edificios que custodian este solar se puede apreciar todavía el enmoquetado de color verde completamente a tiras y llenos de polvo. Me fascina que ese solar ubicado en el centro todavía siga estando así. Me gusta imaginar que es por motivos de alguna maldición por parte de los fantasmas que alberga el solar surgidos de todas las películas que allí se proyectaron. ¿Por qué te cuento esto, mí querido Alfredo? Por el recuerdo del visionado de “Destino”. Ese solar también fue el destino de tantos sueños olvidados. En este cortometraje pude apreciar el daño que empezaba a causar los nuevos soportes tecnológicos. Imaginé que hubiera estado bien haber desarrollado este proyecto al modo tradicional. “Fantasía” sigue siendo una película fascinante y natural. Una obra de artesanía que nos deslumbra, precisamente, por eso. Apreciamos el arte del dibujo realizado a mano. No estoy diciendo que volvamos a la caverna, como anuncia Vox, pero ese proyecto de dos genios con capacidades visuales de vértigo en un tiempo donde no existía el digital hubiese sido mucho más interesante, además de añadir esos bocetos hechos a mano por Dalí y Disney. Seguramente esos bocetos los debe tener algún millonario en su colección particular. Y para ir terminando, ese cine donde vi “Destino”, lo vi construirse. Se edificó a principios de los ochenta. Todos íbamos a ver las obras, como los jubilados ven las suyas. Había emoción porque ese cine sería de estreno con dos salas, y una de ellas se dedicaría a proyectar cine clásico. Se inauguró con un ciclo de las películas de Humphrey Bogart, porque era como se llamó ese cine “Cine Bogart”. Veinte años de proyecciones ininterrumpidas. Y solo bastó la mano del demonio, es decir, la de los políticos locales, para acabar con él. Y los mismos que íbamos a ver las obras, asistimos a su derrumbe. ¿No crees, mi querido Alfredo, que sería maravilloso que alguien pudiera realizar un cortometraje de animación sobre este tema? Se podría titular “Destino”.

    Sec. 0. Exterior. Noche.

    Alguien avanza a hurtadillas hacia un solar. Lleva una bolsa de basura. Mira a ambos lados y lanza por encima de la valla la bolsa. Se aleja con paso apresurado. Siempre tiene la extraña sensación que cada vez que arroja la basura oye extrañas voces. Lo mismo les ocurre a todos los demás que van por turnos a arrojar su porquería allí. Esas voces son las de Bogart, Lauren Bacall, Cary Grant, Deborah Kerr, John Wayne… no llegan a entender del todo por qué aquella gente extraña arroja tanta basura en los decorados de “Casablanca”, en el transatlántico de “Tú y yo”, y en las grandes llanuras del Oeste americano…

    Abrazos mil.

    1. Pues seguro que Disney y Dalí (D & D) harían algo resultón con ese planteamiento… Quiero decir, Walt Disney, no la compañía Disney, que da para lo que da, que no es mucho.

      La historia de ese cine es la de muchos cines. El que había en mi barrio, el Roxy, con su fachada anaranjada y sus letras verdes, desapareció siendo yo chaval. Estaba junto a un matadero, hoy biblioteca y centro cultural, y en su lugar hoy se abre una calle, que en la esquina tuvo durante mucho tiempo una floristería, que hoy es una tienda de muebles de cocina, si mal no recuerdo. Soy tan despistado, o me interesa tan poco lo del comercio, que ni me fijo en los negocios que hay en mi propia calle. Qué desastre.

      Hoy la basura sale, a menudo, de las propias salas, en forma de supuestas películas tecnológicas, muchas de ellas marca Disney. Cómo cambian, los tiempos, Venancio…

      Abrazos

    1. Desde luego. Además de otros que no encajarían tan bien en el universo de Disney porque su aproximación sería siempre invariablemente trágica o psicológica (pienso en Buñuel, Bergman, Fellini o el propio Hitchcock). Mucho gallo, de todas formas, para tan poco corral: demasiados cocineros estropean la tortilla.

      Besos

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