Música para una banda sonora vital: Casino Royale (John Huston, Kenneth Hughes, Val Guest, Robert Parrish, Joseph McGrath y Richard Talmadge, 1967)

Burt Bacharach, que hace unas semanas cumplió 90 años, compone la banda sonora de esta simpática aunque irregular parodia de los filmes de James Bond, de superpoblado e interesantísimo reparto: Peter Sellers, Ursula Andress, David Niven, Woody Allen, Orson Welles, Deborah Kerr, William Holden, Charles Boyer, Daliah Lavi, Jean-Paul Belmondo, George Raft, John Huston, Barbara Bouchet, Jacqueline Bisset, Peter O’Toole, David Prowse, Anjelica Huston, Geraldine Chaplin, Mireille Darc… Una de las bandas sonoras que contribuyeron a que Bacharach sea considerado uno de los más importantes compositores para cine de la década de los sesenta.

(tema principal)

(partitura completa)

6 comentarios sobre “Música para una banda sonora vital: Casino Royale (John Huston, Kenneth Hughes, Val Guest, Robert Parrish, Joseph McGrath y Richard Talmadge, 1967)

  1. No soy muy amigo de según qué parodias, sino todo lo contrario. Creo que habría que incentivar el conocimiento de algunas cosas. En la mayoría de los casos, las parodias refuerzan la ignorancia de los ya demasiado ignorantes. Reírse de lo que no se comprende es algo que me desagrada, porque España está a la cabeza de todas las ignorancias habidas y por haber. Cuando mencionas algo si la palabra se ajusta al populismo más casposo, por ahí te salen. El otro día estaba hablando con un descerebrado y saqué a colación al gran dibujante Escobar, y tuvo que salir el cantante, es decir, Manolo. La gracia que hace el estúpido para salir ileso de su ignorancia. Los chistes de personajes literarios por parte de catetos que no ha cogido nunca un libro. Esta película es un insulto. ¿Qué coño están haciendo aquí Orson Welles, Woody Allen, William Holden, David Niven, entre otros? Luego se sentirían avergonzados por ellos. ¿John Huston? Acosado por las deudas producidas por su adicción al juego. ¿Tantos directores para esa película? Y todo esto para apoyarse en un personaje literario a la altura de los grandes de la literatura. He menospreciado las películas donde ridiculiza a Sherlock Holmes. ¿Por qué? ¿Es más inteligente el guionista, el director o el productor que este personaje o Conan Doyle? ¿Ellos serían capaces de crear un personaje de esa magnitud? No. Pues, pongámonos a ridiculizarlo, que es mas fácil. ¿Recuerda alguien el Casino Royale para la pequeña pantalla por allá el año 1954? Bond, allí rebautizado como Jimmy Bond, deberá vérselas con Peter Lorre. Por dios, qué asco. Es que la televisión y el cine cuando quiere ser cutre lo es de cojones. Ahora, con todo este rollo racial, feminista, ecologista y animalista, quieren poner un Bond mujer, negro, un defensor de la capa de ozono y una ballena con pipa y lupa. También están en su derecho el gremio de los gnomos que se están quedando sin espacio por culpa de la desaparición de la clase media. Ya no quedan demasiados jardines. Pues bien, ellos también reivindican un James Bond gnomo.

    Esta película es un despropósito colosal; de ahí su olvido. ¿Es lo mejor de Woody? ¿De Huston? ¿De Niven? ¿De Welles? ¿De Holden? Pues eso. Zapatero a tus zapatos. Ahora andan en un proyecto para borrar de la película “Casablanca” todo los cigarrillos y vasos de alcohol.

    Suerte que hoy es sábado y esta noche tengo previsto coger una cogorza de campeonato.

    Abrazos mil

    1. La parodia no es un género muy afortunado, en efecto. Por otro lado, yo estoy con Fernán Gómez en que el mayor pecado del español no es la envidia, como suele decirse, sino el desprecio. El desprecio que se siente por lo que se ignora, o por los logros ajenos. Y a veces ese desprecio se disfraza de humor, pero es solo desprecio.

      Otra cuestión es ese puritanismo moral de nuestro tiempo, del que la izquierda es más responsable que nadie, aunque no única. En cualquier caso, la parodia es consustancial a casi cualquier género y manifestación artística, y aunque no siempre solo hay desprecio, en el fondo me cuesta ver algo más que desprecio.

      Abrazos

  2. El problema que tengo con las parodias, amigo Alfredo, es que son vistas por los niños y eso no es bueno. Verás; si cogemos las pelis de James Bond interpretadas con el viejo Connery vemos que han envejecido una barbaridad. Se nos presenta ya como pelis para las abuelas mientras hacen punto en su balancín. Las de Roger Moore son para las marujas, es decir, las hijas cincuentonas de las viejas que hacen punto en su balancín mirando a Connery. Por otra parte, nadie sabe quién fue George Lazenby ni Timothy Dalton. Pierce Brosnan ya ha quedado para siempre como una de las supermarionetas de Gerry Anderson. ¿No sabes a lo que me refiero, amigo mío? Pues métete en Google y pon: “Supermarionestas Gerry Anderson”. Te sonarán un montón, aunque es de otra época. Por favor, si lo haces, no dejes de comentarme tu impresión respecto a estas supermarionetas y Pierce Brosnan. Y Daniel Craig. Sí, es mono, da caña y todo eso, pero la juventud está empapada de todo lo que hace este tipo en Netflix. Pues bien, si los imberbes han visto algo de todo esto y le añadimos después parodias, me pregunto: ¿Qué coño pueden saber del verdadero James Bond? Resultado: no hace mucho un atrevido editor español se le ocurrió publicar toda la obra de Ian Fleming con nuevas traducciones y portadas excelentes. Se quedó a medias porque naide, perdón, nadie las compró. ¿Cómo iban a comprar estas novelas con todo lo que cuelga? Y hablando de comentario; imagínate que ahora te escribo lo mismo, pero sobre Sherlock Holmes.

    En fin, que me ha pasado lo mismo que al personaje de Kirstie Alley en “Desmontando a Harry”, allí sentada ante su paciente, pero con ganas de levantar el culo del asiento e ir para allá y desahogarse. Te dejé un comentario, pero me faltaba decir un poco más para matizar todo este asunto del demonio.

    Abrazos mil

    1. En efecto, ese problema viene dándose desde el comienzo de la saga cinematográfica de Bond, porque deliberadamente se aparta por mucho (muchísimo, en algunos casos) de la creación de Fleming. A mí Roger Moore me resulta simpático porque era un Bond autoparódico, me caía bien porque se mofaba de todo aquello de Su Majestad, el supremacismo británico y demás mandangas. Pero sí, la pérdida de referentes es total, y a la gente ya solo le gustan cosas como John Wick, cuyas historias consisten, básicamente, en emular a los videojuegos (un tipo se mete en un espacio cerrado y se dedica a tirotear y rematar a todo el que se cruza con él). Bond va pareciéndose progresivamente a uno de ellos, cada vez más sofisticado en lo visual y cada vez más vacío. Menos aventura y espionaje que acción, menos contexto y subtexto que cacharrería.

      Ay, he visto las marionetas del tipo ese. Yo creo que Brosnan no valdría ni para marioneta. Creo que la única habilidad de ese actor está en la vis cómica, apenas explotada. Creo que hubiera podido hacer grandes cosas en la comedia bufa, haciendo de tipo pomposo cayendo en situaciones ridículas. Sería la única manera de tomárselo en serio.

      Ese paciente de Desmontando a Harry tiene todas mis simpatías. Un método de curación, por comparación, probablemente más eficaz que una terapia seria.

      Abrazos

  3. Veo que vosotros dos, jóvenes, nada decís de lo que trae a colación: la banda sonora.
    No me extraña nada, porque no tuvisteis que aguantar a Herb Alpert y su Tijuana Brass cada dos por tres dando la brasa con la dichosa cancioncita que, efectivamente, tiene su gracia y su gancho.

    Lo que tiene muchísimo mérito, en realidad, porque en 1967 estaba el panorama musical revolucionado por todas partes con muy diferentes tipos de música y esas cancioncitas edulcoradas de Bacharach eran para los padres, las tías y las abuelas que te hacían callar cuando sonaba en la radio gramola y de vez en cuando como invitado excepcional en festivales televisivos en fechas señaladas.

    Ser coetáneo de Beatles, Otis y Hendrix y resistir no es moco de pavo, lo reconozco. Aunque el sello Bacharach acabe siempre siendo un poco cansino.

    Un abrazo.

    1. Pelín azucarado, sí. Y si, como casi siempre, lo asocian con esos colorines happy-flower, más todavía. No soy mucho yo de este compositor, salvo en Dos hombres y un destino. Bueno, y por un célebre bar de Zaragoza que lleva su nombre…

      Abrazos

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