Música para una banda sonora vital: El día de los tramposos (There Was a Crooked Man, Joseph L. Mankiewicz, 1970)

Un western dirigido por Joseph L. Mankiewicz nunca hubiera podido ser una película del Oeste más. Escrita por Robert Benton y David Newman, dos de los precursores del llamado Nuevo Hollywood, se trata de una tragicomedia carcelaria que aborda las relaciones entre los presidiarios de una aislada cárcel de Arizona (Kirk Douglas, Warren Oates, John Randolph, Hume Cronyn, Michael Blodgett o Burgess Meredith, entre otros) y su nuevo alcaide (Henry Fonda) y el paradero de un botín escondido de medio millón de dólares.

Se trata de una película de los setenta, que busca, por tanto, redefinir las fronteras de los géneros, y que reformula ciertos tópicos para aproximarlos a su tiempo. La vertiente humorística se subraya con el sardónico tema que abre la película, de su mismo título, interpretado por el cantante, y también actor, de gran éxito en la segunda mitad de los años sesenta, Trini Lopez.

14 comentarios sobre “Música para una banda sonora vital: El día de los tramposos (There Was a Crooked Man, Joseph L. Mankiewicz, 1970)

  1. La existencia de una película como “El día de los tramposos” demuestra la permeabilidad y ductilidad del western. Hay cineastas que son incapaces de filmar una comedia, y otros a los que les resultará muy difícil rodar un melodrama, un musical o adentrarse por los caminos del terror y la ciencia ficción. Con el western todo es muy distinto… y más fácil. Directores sobre el papel poco acorde con el género, como Douglas Sirk y Joseph L. Mankiewicz, lo probaron al menos una vez sin ningún tipo de complejos. El de Mankiewicz, además, está escrito, como bien dices, por David Newman y Robert Benton, pareja de oro del cine norteamericano en otros registros como por ejemplo “Bonnie y Clyde”, de Arthur Penn. Cuenta, eso sí, con Henry Fonda y Kirk Douglas, dos baluartes del género. Con todo, a Mankiewicz le interesaba el western como soporte. “El día de los tramposos” es un filme recubierto de tragicomedia cínica y tan venenosa como la serpiente del plano final de la película saliendo del escondite del tesoro.

    Yo siempre lo he visto como una especie de ensayo, aunque ambientado en una penitenciaría y en unos exteriores terrosos y calcinados por el sol, del siguiente y último filme del director de “La huella”, ya que se construye esencialmente sobre la dialéctica entre dos personajes que juegan durante todo el metraje al gato y al ratón. Ah, otra cosa; me gusta mucho su banda sonora, poco ortodoxa respecto al canon típico del western, es más, me recuerda a las películas policíacas de los años setenta; compuesta por Charles Strouse, responsable también de la mítica composición musical de “Bonnie and Clyde”.

    El gran director de “Eva al desnudo”, “El fantasma de la señora Muir” y “La condesa descalza”, entre otras, se dejó tentar por el Oeste americano. Resultado: una comedia cínica, negra y corrosiva con un final amoral. Sinceramente; me encanta este filme.

    De vez en cuando nos sorprende el cine con algún que otro western como “Los hermanos Sirters”, sí, están bien, pero les falta ese “toque” hoy ya perdido.

    Buen finde, amigo mío.

    1. Esta película le cayó a Mankiewicz prácticamente del cielo, ya oficiosamente retirado tras Mujeres en Venecia (1967), amortizado por Hollywood, se creía que su estilo tan literario y “culto” de narración ya no pintaba nada en el Nuevo Hollywood que nacía. El tío falleció en 1993, o sea, que estaban dispuestos a que un director, como ocurrió también con Billy Wilder, estuviera todavía vivo un cuarto de siglo, y sin rodar. Y no un director cualquiera, sino uno de los más acreditados y reputados. Esta película le llegó casi por casualidad, y salió más que airoso. De hecho La huella (1972) provino de la buena acogida que tuvo esta, sobre todo en Europa, y las facilidades dadas por los productores (británicos, eso sí) para que la filmara.

      El western, como el noir, son géneros contenedor. Con la debida habilidad puede contarse casi cualquier cosa sin necesidad de traicionar sus códigos narrativos. Eso no siempre se consigue, y así resultan algunos sucedáneos, en especial en los últimos años, que nos tenemos que tragar. A mí Los hermanos Sisters sí me gustó. Le falta algo, en efecto, tal vez cuerpo, paisaje, mito. No representar, sino ser.

      Abrazos

  2. Hola Alfredo. Como bien sabes hoy es domingo y falta muy poquito para que llegue la tarde, es decir, cuando todo el mundo iba al cine. Está de más que te diga que basta echar un vistazo a la cartelera para que uno se deprima más de lo que ya está. En fin, que hoy te mando un vídeo maravilloso del no menos maravilloso Víctor Erice. Hay que escucharlo atentamente, degustar sus palabras, sus ideas, sus reflexiones, su hablar pausado, cuando hoy, todo el mundo, anda de cháchara televisiva escupiendo palabras sin sentido. En esta entrevista tenemos a José María Conget, del cual tuve la suerte de leer libros tan magníficos como “Bar de anarquistas” (grandes relatos) o “La mujer que vigila los Veermeer”, un precioso homenaje al cine.

    Abrazos mil

  3. Recuerdo muy bien el éxito de esa película en su estreno: los más cinéfilos (apenas adolescentes, pero ya adictos) nos quedamos sorprendidos por el cambio de registro de una trama que jugaba en otra liga, un western por el entorno y la época, pero unos diálogos y unas felonías descaradas que incitaban a la sonrisa y dejaban el ánimo en suspenso para ver en qué paraba todo aquello: ver a Fonda y a Douglas en esos caracteres nos sorprendía, pero nos preparaba para ver al propio Fonda y a Jimmy Stewart en El club social de Cheyenne, otro western que cobijaría esta vez sí, una comedia desclasada, lo mismo que podríamos adjudicar al western películas como Cat Ballou y La leyenda de la ciudad sin nombre, ambas precedentes que siguen en la memoria cinéfila de quienes asistimos a su estreno.

    Choca, ciertamente, que sea Mankiewicz el director, pero ello no hace más que demostrar que el western es un género y como tal susceptible de ser interpretado y reinterpretado por un director de los de verdad. De esos que, como tú dices, Hollywood aparcó porque, seguramente, pensarían que no sería capaz de dirigir una nueva película. O quizás porque ya no hallaba guiones a su satisfacción y no quería darse el trabajo de pergeñar otro más.

    Un abrazo.

    1. No soy yo mucho de la comedia en el western, aunque hay unas cuantas estimables, más como comedias que como westerns, como alguna de las que citas o El destino también juega, de Fielder Cook (1966). Esta sí que me gusta, en tanto que utiliza la comedia para hablar críticamente de otras cosas, incluso del propio género.

      Qué suerte la vuestra, ver estas cosas cuando tocaba, y como tocaba…

      Abrazos

  4. Bueno. Os acabo de descubrir Saludos a todos. Me gustaría haceros un comentario sobre esta brillante película.

    Efectivamente, “El día de los tramposos” es una gran película. El título español no es fiel a la letra (“There was a crooked man” viene a significar algo asi como “Erase una vez un hombre retorcido…” si no recuerdo mal) pero sí claramente al espíritu de la película. Y no solo había un hombre retorcido en ese guión (que todos presumíamos que era el encarnado por Henry Fonda) sino que Fonda se encontraba con la horma de su zapato en el personaje encarnado por Kirk Douglas (también memorable aquí). Hay un par de escenas que se me quedaron grabadas y que siempre recuerdo con una grata y cínica sonrisa. Una, cuando el primer alcaide de esa indeseable prisión en medio del desierto les suelta una arenga a los nuevos presos y les dice: “Ustedes y yo tenemos una cosa en común. Y es que ni ustedes ni yo queremos estar aquí….” Un alarde de sinceridad que le haría a ese hombre merecedor de mejor suerte. Y otro momento memorable es cuando aparece alguien en la prisión que quiere hablar con Kirk Douglas. El carcelero, entonces le lleva a una de las celdas de supuesto aislamiento. Por error, entonces abre la puerta de una de esas celdas, en las que se ve a un hombre en estado casi terminal, agobiado por el encierro y el carcelero le dice: “Mire. Este hombre lleva aquí tres días….” Y entonces, cuando abre la puerta de la celda de Kirk Douglas le dice. “Y este hombre lleva aquí tres semanas….” Y entonces se le ve a Kirk Douglas. medio tumbado y sonriente, más fresco que una rosa, recibiendo con alborozo a su visitante.

    Es una película que merecería ser reivindicada más a a menudo. Es curioso, pero, por lo general, a la gente del cine, directores, críticos e incluso aficionados, no parece gustarles mucho este tipo de películas un tanto ácidas que se toman las convenciones de ciertos géneros (en este caso el western), un poco a pitorreo y con irreverencia. Porque, en efecto, una vez le leí a Mankiewicz que lo que le interesó del guión de Benton y Newman era la transgresión y subversión de las conveniencias del género. El director de “Eva al desnudo” afirmaba con razón que él nunca entendió como en los rodajes de las películas del Oeste, siempre que un caballo se aliviaba aparecía por ahì un equipo del rodaje con una pala y se llevaba los detritos inmediatamente. Le parecía algo totalmente ajeno a la realidad y por ello quiso en este proyecto armar una historia bien realista que no escatimara estas miserias de la vida cotidiana del vaquero americano.

    En cuanto a la banda sonora, la canción principal (increíblemente pegadiza, verdaderamente infecciosa en ese aspecto) y la banda sonora de Charles Strouse resultan memorables. Vienen a prolongar un poco la línea emprendida en los años 60 por Henry Mancini, informal y que no requieren de grandes orquestas para ser interpretadas. Un poco también en la linea de Jerry Fielding. Compositores (salvo Mancini, que era un todoterreno, y que también merece estar en el Olimpo) quizás no tan grandes como los titanes John Williams o Jerry Goldsmith (que alcanzaron su madurez en esa década de los 70) pero que resultan entrañables y muy característicos del cine de esa época.

    1. Bienvenido, Deckard. Ojo con los titanes: Maurice Jarre, Miklos Rozsa, etc., no son inferiores a John Williams para nada. Más bien al revés.

      A Mankiewicz cabría objetarle cuantos “alivios” caballunos se ven en sus películas de época, o bien cuántos de sus personajes utilizan el W. C. No obstante, tiene razón, en la subversión de los tópicos de los géneros están a veces los matices verdaderamente creativos, su reelaboración o incluso el nacimiento de nuevos géneros. También hay que reconocer que el western del Nuevo Hollywood (poco a poco desde Río Bravo, en 1959, y con títulos como Los Profesionales, de 1966) no era en esos aspectos semejantes a los anteriores. Lo que no es tan común, y en eso esta película gana para bien, es que haya tanta ambigüedad psicológica en los protagonistas de un western; sí que hay westerns psicológicos, y personajes que arrastran una profunda riqueza en este aspecto, pero el western tiende más a hablar de traumas y esforzadas redenciones que de personajes en los que las ambivalencias conviven en armónico (des)encuentro constante. En ese punto, y en la guasa, esta película sobresale.

  5. No se equivoque usted. Por edad soy un exponente claro de la generación Amblin-Spielberg, pero por vocación soy un loco del cine clásico que podría aguantar un pulso casi a cualquiera. Y soy muy consciente de que no sólo de Williams, Silvestri, Horner o Zimmer vive el hombre. También adoro la aportación de Steiner, Korngold, Alfred Newman, Waxman, del excelso Miklos Rozsa, Alex North, Elmer Bernstein, Bernard Herrmann, Jarre y de tantos y tantos maestros de la bso. Si mencionaba a Goldsmith y Williams en mi texto es porque su eclosión y madurez se dio en los 70, época en la que se realizó la película de Mankiewicz. Y créame usted que yo no soy de esos que dividen la historia del cine en las eras A. T. y D . T (antes de Tarantino y después de Tarantino) que de esos hay muchos. Me alegro de haberles encontrado.

  6. Ah. Y otra cosa. Evidentemente tiene usted razón en el hecho de que Mankiewicz, pese a que en esta peli va de hiperrealista, no es un director al que le vaya mucho el polvo de las calles. En sus obras siempre se refugia a en los salones de la burguesía y la aristocracia. Era un genio del guión, pero la verdad era que era un poco (o un mucho) snob y clasista. Hasta tal punto de que en el libro de entrevistas “Bill y Joe” (de entrevistas a él y a Billy Wilder, creo recordar que firmado por Michel Ciment) llegaba a decir de manera un poco grosera (que hoy sería impensable) , que a él no le interesaban las personas indigentes o las que no se duchan, que comprendía que algunas recibieran apoyo vía impuestos, pero que a él no le interesaban nada. Vamos, que eso del neorrealismo no iba con el.

    1. No, no. No lo tengo nada claro. Creo que el era un poco nietzscheano socialmente. Solemos idealizar mucho a nuestros iconos cinematográficos (en ese aspecto, Mankiewicz estaba en el Olimpo de Hollywood), pero como persona a lo mejor no era tan ejemplar. Me impacto mucho esa afirmación porque de una persona que no tiene para comer no puede esperarse que tenga como prioridad ducharse a diario. Fue una afirmación muy cínica. Pero, vamos, que no vamos a dejar de ver sus películas por eso. Ni las de Fritz Lang porque hay quien mantiene que mato a su primera mujer. Ni las de Leni Riefensthal….

      1. Bueno, aquí eso no suele hacerse, ni mucho ni poco. No se idealiza a nadie. Ni se condena el cine de nadie por razones que no sean el propio cine.

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