10 comentarios sobre “Hablemos de Chicho

  1. Un gran tipo que vino de Montevideo, como Onetti, como el conde de Lautréamont con sus cantos de Maldoror. De Chicho me gustaba hasta su primer “Un, dos, tres… responda otra vez” con el gran Kiko Ledgard, que vino de Lima como Juan Ramón Ribeyro. Kiko llevaba los dos brazos llenos de relojes y los calcetines de colores diferentes. Parecía un personaje de Roald Dahl. Don Cicuta (Valentín Tornos), y los Tacañones: El profesor Lápiz, Don Rácano y Don Estrecho. Gran programa de preguntas, enigmas, humor, es decir, el laberinto de la mentira y la diversión. Cuando la cosa se ponía chunga Kiko tenía que hablar con dios (Chicho). Su voz con eco, sus carcajadas. Así me podría imaginar a dios si creyera en él. “Historias para no dormir” y “¿Quién puede matar a un niño?” Que anticipa “Los chicos del maíz” de Stephen King, que fue acusado por plagio, pero el rey del terror dijo que la novela (Juan José Plans), en la que se basa la película, estaba escrita en castellano y nunca supo de ella. Tenía razón, “Los chicos del maíz” es una historia muy americana. La película de Chicho es universal. Chicho también publicó una serie de libros donde él recopilaba lo mejor del terror y allí conocimos a Robert Bloch entre otros, y esos libros de Bruguera son exquisitos con sus brillantes prólogos surrealistas llenos de ingenio e inteligencia. Chicho es todavía una fuente de ideas. A mí, en estos momentos, se me ocurren unas cuántas. Ahora que está de moda el “Escape Room”, tanto en la literatura, como en el cine y, sí, en Mataró cada vez se abren más idioteces de estas, se podría realizar una gran historia de “Un, dos, tres…” llevada a nuestra realidad de ciencia ficción; una historia macabra donde debes salir con vida de un programa que me emito en todo el planeta, y el tipo que está detrás de todo esto, el tipo misterioso, al más puro estilo Agatha Christie, podría ser un Chicho en silla de ruedas, puro en la boca, voz de eco y carcajada sarcástica. Todo esto para que no te duermas; para que no sigas confiando en los niños. Cuéntale esta sinopsis a tu amigo Raúl, ya verás lo que te dice, él tan dado a las historias de Keeler.

    Antes de irme me gustaría dejar aquí una anécdota que contó el gran Chicho hace ya algunos años. Chicho realizó un cortometraje y lo presentó en un concurso en Los Ángeles. Era todavía un chaval. Ganó otro y a él le dio un poco igual porque lo que quería era ver esa ciudad, cuna de la fábrica de los sueños. Salió a la calle tan pancho y vio a otro chaval que caminaba solo y cabizbajo. Chicho le preguntó qué le pasaba. El chico dijo que se sentía triste porque no había ganado. Chicho le preguntó cómo se llamaba su corto y ese chico se lo dijo. Chicho le respondió que era el mejor corto que él había visto, lo cual era cierto.

    – ¿De veras? – se consoló absorbiendo sus propios mocos.

    -Pues sí, era el mejor. No te preocupes. Todavía somos jóvenes y tenemos todo el tiempo del mundo para demostrar nuestra valía.

    El chico se animó. Le dio la mano y las gracias.

    Ese chico era Steven Spielberg. Cuando Chicho contó esta anécdota era ya viejo. Y finalizó su historia con estas palabras:

    -Estoy seguro de que todavía se acuerda de mí.

    Abrazos mil

    1. Sí, sí, conocía la anécdota. Muy jugosa. Muchos nos aficionamos a la cosa esta del terror gracias a Hitch y a Chich… Juas.

      Lo lamentable, es que a este encuentro para hablar de Chicho apenas vino público. La gente ya no sabe quién es, o no le importa, o lo recuerda únicamente por lo que dicen los telediarios, y se acabó. Una pena. En otro tiempo, cuando una primerísima figura fallecía, incluso cambiaban la programación televisiva sobre la marcha para homenajear al finado. Hoy, nada de nada. Qué pena.

      Abrazos

  2. De vivir en tu tierra hubiera acudido ipso facto a este jugosisimo coloquio.
    Sólo la 2 le dedicó un programa a Chicho (que, por lo visto, ni siquiera era de reciente elaboración sino que se habìa emitido hacía un tiempo), tras su fallecimiento. Como tú dices, una pena, cuando la televisión española tanto le debe.

    Has tocado mi fibra sensible con lo de la maternidad. Tengo un miedo atávico, incluso, hasta el propio proceso de gestación. Quizá sea debido a todo lo que sé por mi profesión.

    Tuve pesadillas durante mucho tiempo con su mediometraje, El televisor y, creo que, en buena medida, contribuyeron a ese recelo que siento hacia la caja tonta. Te voy a contar algo. Un día entraba en casa de dos parientes míos: ambos, marido y mujer, que estaban viendo la tele. En ese momento emitían un anuncio en el que los actores cantaban una sintonía muy simple y de un modo bastante lerdo (era “da, da, da”, rozando la subnormalidad). Pues imagínate qué hicieron ellos: exactamente lo mismo.
    Desde hace tiempo, cuando estoy acompañada (y, por tanto, me veo obligada a sufrir las tonterías catódicas) a quien me dedico a observar es a la gente de mi entorno y su grado de vampirización. Da auténtico miedo.

    Besos.

    1. Bueno, hay que reconocer que esa tarde había 43 grados, y que salir de casa en tales circunstancias, “ni Chicho ni limoná”. Juas. Para que luego digan que hago humor intelectual…

      En efecto, se reemitió un Imprescindibles ya emitido en 2018. Muy triste. “El televisor” y aquel “NN23” perseveran en ese discurso de la alienación, al mismo tiempo entre la alegoría, la ciencia ficción y el terror, del Gran Hermano o del Fahrenheit de Bradbury. O, como digo en el vídeo, el cierre magistral de “Solo el cielo lo sabe”, de Douglas Sirk. No deja de causar la misma impresión que La invasión de los ladrones de cuerpos, por ejemplo. Esa capacidad para absorber la sesera y sacarte las células grises como quien extrae el tuétano de un hueso… Soylent Green también jugaba un poco a lo mismo. La gran pena es que eso hace años que ocurre también en el cine. A veces me gustaría sentarme frente al patio de butacas, y no hacia la pantalla.

      La maternidad… Tema peliagudo. Como la paternidad. Para bromear, suelo decir que me agobia tanto que por eso abandono a todos mis hijos… En realidad nunca he estado en la tesitura de tener descendencia (quiero decir, seriamente, con pareja y demás, no al proceso, ejem, “de fabricación”), así que tampoco me he molestado en reflexionar mucho sobre ello. Supongo que ya no los tendré, porque no se da el caso y porque ya me he construido un poco la vida en ausencia de muchas (tal vez demasiadas) cosas, pero entiendo los vértigos, las incertidumbres o incluso las prevenciones del tipo que comentas. Al mismo tiempo, observo una inquietante deriva social en lo que respecta a la tenencia y el cuidado de los hijos, que me confirma, al menos de entrada (y siempre dependiendo del tipo de relación y de la calidad humana y divina de la hipotética madre), en mi actual convencimiento de no tenerlos. Lo llaman egoísmo; yo estoy convencido de que, hoy día, lo más egoísta es, precisamente, tenerlos por razones de oportunidad, conveniencia o de índole práctica, como esas parejas que no funcionan y que creen que lo arreglarán con un hijo al que desgraciarle la vida…

      Ay, que es lunes, qué comentario por Dios…

      Besos

  3. Jejeje, vamos, para que se derrita uno con sólo salir a la calle. Aquí tampoco nos quedamos muy atrás, el aire acondicionado lo tengo trabajando a toda máquina.

    Además de la reseña que haces a la peli de Sirk, yo recuerdo la de Las horas, de Daldry, en el capítulo destinado al personaje de Julianne Moore. En ese caso no es exactamente el televisor sino los electrodomésticos pero no he podido resistirne a rememorarlo. La idea de que un aparato pueda dar la felicidad. Parece alucinante dicho así, pero cosas más peregrinas ocurren en la vida real.

    Eso que dices sobre que te has construido la vida en ausencia de tal vez demasiadas cosas… mientras no sea la ausencia del cariño de los seres queridos me quedo más tranquila. Dirás que qué me importa a mí con toda razón, pero a la gente que aprecio me alegra mucho que se sienta feliz.
    Ya ves, una que tiene la dichosa manía de empatizar con los demás.

    Pues un comentario el tuyo muy sustancioso y yo encantada de leerlo. Te diré que el día que me es imposible leer algo y, por tanto, aprender o conocer algo nuevo lo siento como un dia de mi vida perdido y, en caso contrario, mi cerebro segrega endorfinas por doquier. Ya sabes, la hormona de la felicidad…

    Besos desde un ventilador a toda marcha.

    1. Efectivamente, es un caso similar. Los electrodomésticos dan mucho juego en ese campo. La ciencia ficción más reciente (los últimos veinte años) ha aplicado la misma fórmula utilizando la realidad virtual, las ficciones construidas de forma cotidiana, en el mismo sentido.

      Chaplin decía algo parecido de la risa: “un día sin reír es un día perdido”…

      ¡Besos!

  4. Pues ayer emitieron un “Imprescindible” en honor de Arturo Fernández…quiero decir que la tele pública sí que se acuerda de los personajes que han protagonizado nuestra historia (en todas las facetas). Por otro lado, no hacemos nada no teniendo hijos nosotros, la clase media, mientras los “pobres” los tienen a puñados, y ya te advierto que yo hago lo que tú: tener miedo al hijo y ser escéptico sobre el futuro que le aguarda.

    1. La tele pública se acuerda de los personajes de nuestra historia… En La2 y a través de un programa que nadie ve. El fallecimiento de una máxima figura de la cultura o del arte no hace tantos años obligaba a un cambio de programación, a la inserción de especiales, documentales o películas que conmemoraban a la figura en cuestión. No se improvisaba un cambio de parrilla en un programa poniendo un capítulo ya emitido en lugar de otro. La degradación también es esto. Una solución barata, rápida, nada exigente, para cumplir el expediente, y a otra cosa. No hay más que ver lo que se decía de Arturo Fernández en los (des)informativos. Parece que fuera de Truhanes, sus series televisivas, sus pelis con Lina Morgan y sus galanes acartonados de los sesenta, no había hecho nada. Ni mención, por ejemplo, a Los cuervos, Un vaso de whisky o su pedazo de papel en El crack 2.

      No entiendo muy bien tu argumento sobre los pobres y la clase media (¿es que existe la clase media?). Tampoco lo del miedo a los hijos. Yo no tengo ningún miedo; lo que no tengo es con quién… 🙂

  5. ¡¡¡Hay que seguir creyendo en este tipo de coloquios, cineforum, blogs de cine, libros especializados…!!! ¡Enhorabuena por el evento, que todavía no he escuchado entero, pero ya pinta bien!
    Un día como dices apenas hay gente, pero de pronto por arte de magia (nunca logro encontrar la razón o el motivo) otro día el evento se llena o viene más gente. Aunque, a veces, haya poca afluencia de público, las personas que van están interesadas… ¡y disfrutan! Hay que seguir apostando por estas actividades.

    Beso
    Hildy

    1. ¡Claro que sí! Aunque mejor en días que no haya 43 grados…

      El público tiene sus dinámicas, y hay que respetarlas, porque además en cualquier sitio hay una coincidencia tremenda de eventos, en los mismos días y las mismas horas. Es verdad que lo que más se agradece, independientemente del número de asistentes, es su calidad. Tremenda. Y eso es lo que, al menos a mí, me estimula a preparar los actos igual para cinco que para cincuenta, al margen también de los emolumentos que haya, cuando los hay. Y creo que de la voluntad, el esfuerzo y el interés de unos y otros es de donde, a menudo, se nutre el tejido cultural real y se consigue que las cosas se mantengan y avancen. Es muy muy gratificante.

      Besos

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