Cine de verano: El carnaval de las almas (Carnival of Souls, Herk Harvey, 1962)

31 comentarios sobre “Cine de verano: El carnaval de las almas (Carnival of Souls, Herk Harvey, 1962)

  1. No me suena nada de nada. Pero fijate tú por dónde, tengo una película pendiente de ver en esta temporada que se titula casi igual, El callejón de las almas perdidas. Desde luego, ambas son pero que muy sugerentes. Yo los incluiría en una especie de lista de bonitos títulos para una película junto con, por ejemplo, La escalera de caracol o La noche de los girasoles (¿qué opinión te merece esta peli?).
    En caso contrario, si hay un título que no me gusta absolutamente nada es Dolor y gloria (independientemente de que no me guste Almodóvar). Suena a postulado.

    Besos!

    1. Un pequeño clásico de culto, hecho con cuatro perras, pero muy desasosegante y absorbente. En esa lista de títulos podría incluirse La legión de los hombres sin alma (hablando de almas perdidas…). Más restringida sería la lista de películas cuyo título español es mejor que el original.

      La noche de los girasoles… Con estas películas hay que tener cuidado, el guión, y su efectividad, dependen demasiado de la deconstrucción de la narración lineal. Quiero decir, que solo funcionan de verdad cuando la historia, aunque se cuente desordenada, tiene sentido cuando se ordena. De tal manera que hay películas de este estilo que son bastante resultonas, porque juegan al despiste y a la incertidumbre, y otras a las que se les ven las costuras cuando piensas en términos lineales. Lo ideal sería que ambos aspectos se sostuvieran, pero no siempre ocurre. En este caso, el guión me parece espléndido, lo que unido a algunas de las interpretaciones, hace que aguante bastante bien. Desde luego, contada en línea tendría bastante menos interés.

      Besos

      1. Efectivamente, poquísimos son esos títulos en español mejores que su original. Centauros del desierto es uno de esos escasos ejemplos.
        A quien habría que darle de leches es al que tradujo Rosemary’s baby. Para darle hasta en el carnet de identidad.

        Con lo que me gusta el terror clásico, me pregunto yo cómo es que nunca había dado con este título que nos traes. Bendito tú, por darme a conocer este film, al que pienso hincarle el diente cuanto antes.

        Respecto a lo que cuentas sobre La noche de los girasoles, creo que tienes mucha razón. A mí la peli, la primera vez que la vi me sorprendió muy gratamente. Pero, al volver a verla (aunque me sigue gustando), pensé lo que tú, cómo sería verla de manera lineal y si tendría el mismo interés. En cualquier caso, me gustan mucho estas intrigas con reparto coral (que tanto enriquecen), situadas en el ámbito rural (ningún sitio mejor – salvo los bosques – para contar rasgos inherentes a la parte más oscura de la naturaleza humana). Deliverance es otro film representativo de ello.

        ¡Besos!

      2. Deliverance, dice José Luis Garci, que es una de las mejores películas de los setenta. Yo considero que hay tantas que no sé hasta qué punto se puede decir que algo es lo mejor, pero en fin, es muy muy buena, probablemente, lo mejor que haya hecho nunca Boorman junto a A quemarropa (1967).

        La noche de los girasoles surgió en un momento en que se había recuperado esa moda de historias cruzadas con final sorpresa de interconexión fatal que venía de Robert Altman y que, en los últimos años, han empleado Todd Solonz, Paul Thomas Anderson, Lawrence Kasdan, Neil LaBute, Iñárritu, Paul Haggis… Entre muchos otros. El toque hispánico la hace diferente, pero en el fondo, es lo mismo. Muchas de estas historias, no ya es que no mantuvieran el interés de ser contadas de forma lineal, sino que pierden el sentido, y ahí es donde veo yo el problema, en la artificiosidad del formato para llevar al espectador a un punto concreto al que no llegaría por sí mismo de otra manera, solo mediante el mecanismo dramático. Claro que en este tipo de títulos hay mejores y peores, naturalmente, más y menos tramposos. Algunos, de hecho, son excepcionales. Pero la minoría. Demasiadas costuras a la vista.

        A veces me gusta comparar los títulos originales con los españoles, y estos a su vez con los latinoamericanos. The Sound of Music, Sonrisas y lágrimas y La novicia rebelde, por ejemplo. La partición.

        ¿Terror clásico? Cuenta, cuenta…

        Besos

  2. “El carnaval de las almas” la tengo en mi lista personal dentro de lo fantástico, junto a “La invasión de los ladrones de cuerpos”, “Soy leyenda” y “La noche de los muertos vivientes”, todas ellas muy similares, metafóricamente hablando. Para mí “El carnaval de las almas” es una obra maestra del surrealismo y título dentro del cine de horror de serie B. Fue referente de autores como David Lynch, George A. Romero, entre otros. Este filme con su onirismo marcó un antes y un después dentro del cine de terror.

    Como no tengo nada que hacer voy a contarte una historia un poco larga, pero la mar de interesante que tiene mucho que ver con la película de Herk Harvey. Centrémonos en un capítulo de 1960 de la mítica serie de “The Twilight Zone” del gran Rod Serling: “El autoestopista”, donde una mujer que viaja en automóvil de Nueva York hacia Los Ángeles sufre un accidente en la carretera sin aparentes consecuencias. A partir de ese momento, se sentirá acechada por un autoestopista con el que se tropezará vaya a donde vaya. Esta historia fue escrita por Lucille Fletcher, esposa del compositor Bernard Herrmann, que la fraguó en su imaginación mientras viajaba en coche con su marido y creyó vislumbrar al mismo autoestopista en lugares muy distantes. El relato resultante pudo escucharse el 2 de septiembre de 1942 en el programa radiofónico “Suspense”, con la voz de Orson Welles asumiendo el rol principal. Alucinante, ¿verdad? Sigamos. Su adaptación como episodio de “The Twilinght Zone” no estuvo exenta de dificultades, debidas tanto a las costosas negociaciones para adquirir los derechos (que ya impidieron que “El autoestopista” se convirtiera en un episodio de “Alfred Hitchcock presenta” como a la negativa de Lucille Fletcher de escribir el guion, molesta por el cambio de sexo del prota, lo que ocasionó que el propio Rod Serling debiera encargarse de ello en un solo día. Este episodio, del que sin duda Herk Harvey y M. Night Shyamalan tomaron nota para sus trabajos cinematográficos más populares – respectivamente “El carnaval de las almas” y “El sexto sentido” -, destaca por el hábil partido extraído a situaciones archiconocidas del género, pero manipuladas con habilidad por Serling.

    Ya termino, amigo mío. En “El autoestopista”, las abundantes escenas en las que la actriz Inger Stevens conduce sola por la carretera, traen inevitablemente al recuerdo las secuencias previas a la llegada de Janet Leigh al Motel Bates en “Psicosis” de Hitch, estrenada pocos meses después de la emisión de “El autoestopista”. Por cierto, este capítulo lleva la música de Bernard Herrmann.

    ¡Y todo esto porque su mujer, que no escribió nada más, tuvo esa extraña sensación de ver un autoestopista en dos lugares diferentes! La literatura y el cine. Sus extraños vericuetos.

    Abrazos mil

  3. “El carnaval de las almas” la tengo en mi lista personal dentro de lo fantástico, junto a “La invasión de los ladrones de cuerpos”, “Soy leyenda” y “La noche de los muertos vivientes”, todas ellas muy similares metafóricamente. Para mí “El carnaval de las almas” es una obra maestra del surrealismo y título dentro del cine de horror de serie B. Fue referente de autores como David Lynch, George A. Romero, entre otros. Este filme con su onirismo marcó un antes y un después dentro del cine de terror.

    Como no tengo nada que hacer voy a contarte una historia un poco larga, pero la mar de interesante que tiene mucho que ver con la película de Herk Harvey. Centrémonos en un capítulo de 1960 de la mítica serie de “The Twilight Zone” del gran Rod Serling: “El autoestopista”, donde una mujer que viaja en automóvil de Nueva York hacia Los Ángeles sufre un accidente en la carretera sin aparentes consecuencias. A partir de ese momento, se sentirá acechada por un autoestopista con el que se tropezará vaya a donde vaya. Esta historia fue escrita por Lucille Fletcher, esposa del compositor Bernard Herrmann, que la fraguó en su imaginación mientras viajaba en coche con su marido y creyó vislumbrar al mismo autoestopista en lugares muy distantes. El relato resultante pudo escucharse el 2 de septiembre de 1942 en el programa radiofónico “Suspense”, con la voz de Orson Welles asumiendo el rol principal. Alucinante, ¿verdad? Sigamos. Su adaptación como episodio de “The Twilinght Zone” no estuvo exenta de dificultades, debidas tanto a las costosas negociaciones para adquirir los derechos (que ya impidieron que “El autoestopista” se convirtiera en un episodio de “Alfred Hitchcock presenta” como a la negativa de Lucille Fletcher de escribir el guion, molesta por el cambio de sexo del prota, lo que ocasionó que el propio Rod Serling debiera encargarse de ello en un solo día. Este episodio, del que sin duda Herk Harvey y M. Night Shyamalan tomaron nota para sus trabajos cinematográficos más populares – respectivamente “El carnaval de las almas” y “El sexto sentido” -, destaca por el hábil partido extraído a situaciones archiconocidas del género, pero manipuladas con habilidad por Serling.

    Ya termino, amigo mío. En “El autoestopista”, las abundantes escenas en las que la actriz Inger Stevens conduce sola por la carretera, traen inevitablemente al recuerdo las secuencias previas a la llegada de Janet Leigh al Motel Bates en “Psicosis” de Hitch, estrenada pocos meses después de la emisión de “El autoestopista”. Por cierto, este capítulo lleva la música de Bernard Herrmann.

    Y todo esto porque su mujer, que no escribió nada más, tuvo esa extraña sensación de ver un autoestopista en dos lugares diferentes. La magia de la realidad y sus percepciones. La literatura y el cine. Sus extraños vericuetos.

    Abrazos mil

    1. Caramba… El autoestopista también es el título de una película, estupenda por otra parte, dirigida por Ida Lupino. Aunque no tiene nada que ver, claro. Recuerda eso que cuentas, aunque desde el punto de vista opuesto, a Detour, de Edgar G. Ulmer.

      El carnaval de las almas es una película extraña, hipnótica, absorbente, magnífica. Uno de esos inquietantes visionados que te atrapan y te crispan por igual.

      Abrazos

  4. Alucinante leeros y toda la cadeneta de títulos memorables (con capítulo de serie mítica incluido) que ha traído la película que compartes con nosotros, El carnaval de las almas, que, ¡fíjate!, no conocía y que ya muero por ver. La dejaré para una tarde que me apetezca algo que me inquiete, me atrape y me crispe a la vez…
    Beso
    Hildy

    1. Mi querida Hildy, algún escalofrío deja esta película de atmósfera tan macabra e inquietante. Se pasa uno un buen rato de sobresalto en sobresalto, imaginando por dónde va a salir esta cosa tan extraña y absurda que, sin embargo, no puedes dejar de mirar. Y qué moderna es…

      Besos

  5. Qué respuesta, la tuya, tan completa. A mí, la mayoría de pelis de ese estilo me suelen fatigar, cuando no me resultan artificiosas o, como bien dices, se deshilachan conforme se vuelven a ver (o, incluso, en un primer visionado). Son escasas las pelis así que logran convencerme. Cualquiera diría que soy muy exigente pero cuando una bebe cine prácticamente a diario, el paladar no puede ser el mismo, creo yo.

    El terror clásico… mmm, de pequeña veía las pelis de Alucine y de Noche de lobos, incluso estando solita en mi casa (cuando se supone que tenía que estar durmiendo). En mi infancia y adolescencia digamos que fue mi género favorito, tanto en literatura como en cine. A mi parecer es un género que ayuda muchísimo a desarrollar la imaginación, y Lovecraft y Poe, entre otros, son buenísimos exponentes de ello. Eso y la lectura compulsiva que tuve en su día de los cuentos clásicos tipo Barba Azul, Caperucita, El flautista de Hamelín, La vendedora de fósforos y otros menos conocidos pero igualmente inquietantes y de final incierto, incentivaron mi vena más gótica.

    Besos!

    1. Es que el postizo se ve mucho. El cine es una verdad contada a través de una mentira (una hermosa mentira) que intenta parecer que no lo es; cuando no se molesta en disimular esta condición mentirosa, no funciona. De ahí que el artificio funcione tan mal, no solo el explícito, la influencia de la computadora y esas cosas, sino también el implícito, la construcción excesivamente intrincada de una historia de estas características. Yo creo que no es tanto exigencia como costumbre, aprendizaje, conocimiento de cómo funcionan los resortes dramáticos y darse cuenta de dónde las cosas empiezan a fallar. Para eso, claro, hay que ver mucho.

      El terror, ese terror clásico, funciona, sobre todo, porque nos conecta con nuestros miedos más íntimos, los de la infancia, la oscuridad, el monstruo, lo insólito, lo inesperado, lo irreal. En suma, la ausencia de reglas, la falta de seguridades, la locura. Es decir, los mismos miedos que de mayores, pero sin la necesidad de rebozarlos de conflictos políticos, económicos o emocionales.

      Besos

      1. A ese segundo párrafo tuyo yo añadiría también las desapariciones en las que nunca se llega a saber el paradero del ser querido . Es algo que, a mí personalmente, me desasosiega mucho.

        Besos.

  6. Has citado Sonrisas y lágrimas, aghh. No puedo con ella, lo siento. Soy mala, muy mala. ¿Quién puede creerse que el personaje de Christopher Plummer se puede enamorar de una tipa tan cursi y remilgada teniendo a ese cañón de mujer, o sea, Eleanor Parker (además de ser el personaje más atractivo de toda la peli)? Eso, por no mencionar las canciones tan azucaradas del film.
    No sé, por momentos me parece estar viendo a la Sisí de la Schneider (con la diferencia de que ésta tenía a una protagonista que era un pedazo de mujer metida en un film tan mediocre que no se merecía a una actriz así).

    Qué a gusto me he quedado.

    Besos!

    1. Jajaja. Totalmente de acuerdo en todo. La dimensión real de la Schneider en el papel se percibe cuando vuelve a interpretar al mismo personaje para Visconti en Ludwig. Y, en fin, es que yo soy poco, en general, de Julie Andrews, y mucho, en particular, de Eleanor Parker, así que para mí está claro. Aparte de que Christopher Plummer sea almirante de un país que no tenía salida al mar… Pero en fin, que es una película no apta para diabéticos. Me gusta, sin embargo, la intrahistoria. Robert Wise abominaba de ella, y Plummer tenía firmado, por contrato, no coincidir con los críos en la misma estancia cuando el rodaje no estuviera en marcha. Desde que supe esto, me hice más todavía de Plummer…

      Besos

  7. Jajaja, qué bueno lo de Plummer. Me encanta. Y no me extraña que Wyler desechara la opción de hacer esta película por la de El coleccionista. Menuda diferencia entre una y otra, como el día y la noche. Eso sí, el final de El coleccionista no me convence. Es más, creo que pervierte el sentido de romanticismo oscuro de la peli (una de las que más me apasionan de Wyler). Siempre he pensado que del argumento de esta película (o, más bien, de la novela de Fowles) se han inspirado lejananente los directores del cine pornográfico.

    Besos!

    1. Yo lo que no me creo es que alguien acierte las quinielas de fútbol, grrr…

      Bueno, a mí no me desagrada el final de El coleccionista. La patología del muchacho da poco pie a romanticismos más allá de lo meramente ritual, que es en sí lo perverso, porque, en el fondo, su satisfacción total solo proviene del mismo lugar de donde nace la de, por ejemplo, Norman Bates o la de Peeping Tom: la posesión completa. Y esta, por desgracia para sus víctimas, solo se consigue de una manera.

      No sé mucho de cine pornográfico, pero este nació prácticamente el mismo día que el cine. La situación, en todo caso, da pie, desde luego. Y es mucho más sugerente que poner a un fontanero, un pizzero o un monitor de gimnasio…

      Besos

  8. Jajaja. Me encanta tu sentido del humor. ¿Te imaginas a un barrendero o a un sepulturero? Resultaría impensable, creo yo, en ese tipo de cine, aunque seguro que cosas más bizarras se ven por ahí.

    Besos.

  9. ¿Sabes lo que creo? Que te estás poniendo mal a tí mismo porque en el fondo sabes que has escrito una gran novela y, me digas lo que me digas, no me vas a hacer cambiar de opiniòn salvo que realmente fuera así, cosa que dudo muchísimo viniendo de tí.

    Besos.

    1. Yo lo que quiero es que no esperes lo que no es, y luego te decepciones…

      Mañana, en principio, recojo los ejemplares, así que, en breves, saldrás de dudas (que es justamente lo que temo…).

      Besos

  10. Me parece muy bien que quieras mantenerme los pies sobre la tierra, pero permíteme saborear este momento previo a la lectura (otra cosa buena no tendré pero intuición sí, y ésta no me suele fallar cuando de cine y literatura se trata).

    Qué bien. Ya estoy contando los días, tic tac, tic tac…
    Conmigo no tienes que temer. Nada de lo que leído de tu blog me ha decepcionado, más bien al contrario. Por tanto, el nivel de tu libro no me puede ser tan distinto como el que hay aquí.

    Besos.

  11. ¡Jo! con un vistazo a un artículo que he encontrado por ahí sobre esta peli y un repaso rápido de cursor a lo largo del enlace que has puesto, parándome en diferentes escenas, ya me ha parecido apasionante y mucho más sugerente que muchos de los terrorcillos actuales…¡qué lata esto de no tener tiempo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.