Música para una banda sonora vital: El jeque blanco (Lo sceicco bianco, Federico Fellini, 1952)

Esta comedia con Alberto Sordi, primera película de Fellini tras la cámara en solitario, marca además su encuentro con el compositor Nino Rota, junto al que escribía algunas de las páginas más memorables de las relaciones entre películas y música. Su primera colaboración es ya una declaración de intenciones, banda sonora de aire circense que ilustra el concepto del cine que manejaba el director italiano, “mezcla de partido de fútbol y de burdel”.

 

4 comentarios sobre “Música para una banda sonora vital: El jeque blanco (Lo sceicco bianco, Federico Fellini, 1952)

  1. Decía Luis Buñuel que “el verdadero estudio es liberación y encuentro”. No puedo estar más de acuerdo con él. Fellini y Rota se conocen a principios de la posguerra. Un día, al salir de la Lux, en Via Po, ve Federico al maestro en la parada de autobús. Le pregunta qué número está esperando y Rota le contesta; pero el que le dice no pasa por allí. Y mientras Federico así se lo explica el autobús en cuestión, inesperadamente, llega. La anécdota es tan típicamente felliniana que casi parece mentira, y cifra muy bien el tipo de relación que director y músico mantendrán durante un cuarto de siglo. Una relación empática, irracional y mágica. Liberación y encuentro.

    Federico se pasó más de una hora esperando en alguna esquina del Trastevere a Marecello Mastroianni – buen amigo a quien quería contar que lo había elegido, olvidándose de Laurence Olivier, para ser para siempre su alter ego cinematográfico -, y cuando éste por fin llegó, borracho, descamisado y disculpándose atropelladamente, el gran director italiano le dijo: “Al contrario, Marcello, te doy las gracias, que en esta puta mierda de mundo uno sólo tiene tiempo para pensar cuando se ve obligado a esperar a alguien”. Liberación y encuentro. Hoy, la gente espera con desespero por las esquinas esquinadas echando mano al móvil con el cerebro en las nubes.

    Ay, con El Jeque blanco, Federico alcanza una de sus cumbres, la cumbre juvenil de la creatividad a la vez desbordante y madura, y es más felliniano de lo que lo será en sus obras sucesivas hasta Otto e mezzo. Tiene ya en torno a sí a los que serán sus colaboradores habituales durante muchos años: Penelli, Flaiano y Rota; y aunque la idea del argumento fue sugerida por Michelangelo Antonioni, que había realizado un corto sobre el mundo de la fotonovela L’ amorosa menzogna (1949) la película contiene todas las claves del universo artístico felliniano: la realidad como construcción artística con materiales procedentes del mundo de la imagen, la dialéctica entre lo cotidiano y lo fantástico, la pasión por el espectáculo, la puesta en escena expresionista. Liberación y encuentro.

    La cabecita loca de Wanda descubre que las intenciones del Jeque son muy poco honrosas, huye muy turbada e intenta ahogarse en el Tíber. Pero su intento fracasa. Wanda retorna a su vida matrimonial y familiar con Ivan Cavalli, al seno de la existencia convencional, estrecha, católica, fascista donde todo se vive a ritmo de desfile.

    Escudándose con Ivan, le habla de un modo ampuloso como un personaje de fotonovela: “sin embargo, yo soy inocente; ha sido el destino adverso…”, casi las mismas palabras que poco antes ha dicho al conserje del hotel: “dígale que a causa de un destino fatal he mancillado su nombre”. Sus palabras finales son una ironía cruel de Federico: “Tú eres mi Jeque blanco”, dice a Ivan. Y nosotros, que ya sabemos lo que eso significa, sonreímos con el gran director, irónicamente, cruelmente. Pero en el texto de la película, en el mundo de ella, tiene otro significado: inaugura una nueva mentira que, como el ángel del plano final, es de piedra, aunque tenga alas.

    Cuando el otro autobús de la muerte, que siempre viene a recogernos a cualquier hora en la parada más inusitada, vino a recoger a Nino en 1979. Cuando se lo hicieron saber a Federico se puso a gritar como un loco: “¡No es posible! ¡No es posible! ¡No es posible!”
    Yo lo hice cuando murieron los dos.

    Un fuerte abrazo y buen finde.

  2. Querido Paco, tus comentarios son muy a menudo pequeñas joyas literarias, mucho mejores, desde luego, que mis tristes posts. Afortunadamente, lo nuestro también es liberación y, de vez en cuando, encuentro.

    Abrazos

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