Cómo se hizo Con la muerte en los talones (North by Northwest, Alfred Hitchcock, 1959)

Breve documental sobre esta joya del cine de Alfred Hitchcock, conducido por Eva Marie Saint, coprotagonista de la película.

8 comentarios sobre “Cómo se hizo Con la muerte en los talones (North by Northwest, Alfred Hitchcock, 1959)

  1. Uno siempre se queda enganchado con estos documentales en torno al gran Alfred: es placentero y reconfortante tener la sensación que te adentras en las entrañas de un rodaje ni que sea mínimamente y cuando ves la película otra vez más, hace que te sientas partícipe de la magia del cine.
    Un abrazo.

  2. Que tal Alfredo!
    Recuerdo perfectamente este documental, venia en los extras de una colección de dvds de Hitchcock. Es muy interesante y resulta fascinante de ver con toda esa información de primera mano. Uno de los detalles curiosos que me llamo mucho la atención es lo del niño tapándose los oídos antes de que se produzca el disparo (29:30).
    En todo caso gracias por subirlo, saludos y animo!!!

    1. Gracias, Fran. Es un detalle que enlaza involuntaria e irónicamente con Sabotaje (1936), cuando Hitchcock hace morir a un niño, precisamente, por el estallido de una bombra. Siempre es un gusto ver cómo Hitchcock hacía las cosas. Es una rara avis en el panorama cinematográfico clásico, uno de los pocos que no tenían objeción a hablar de “su arte” o a explicar cómo hacía las cosas.

      Saludos, y a cuidarse.

  3. Sencillamente magistral.
    Cada vez quiero más a este gordo genial. Sus películas crecen y crecen con el tiempo. Hay por ahí muchísimos libros de recopilaciones de relatos de suspense que llevan por título su nombre y apellido que me parecen magistrales. En ellos he ido descubriendo relatos y autores completamente desconocidos. Todo lo que hizo este gordo morcillero me parece fantástico. No me canso de ver ese prodigio que es “Vértigo”. Jimmy Stewart persigue a la mujer fantasma por las calles de San Francisco, pero cuando hemos visto esas escenas cientos y cientos de veces nos damos cuenta de que el bueno de Jimmy parece que esté buscando otra cosa. ¿Qué es? Ahora que vivimos confinados la mayoría de nosotros nos damos cuenta lo que tenemos de fisgones. Mi trasera no es lo mismo que las fachadas que ve Jimmy en “La ventana indiscreta”, es más, la trasera de mi piso es aburrida, no ocurre nada a excepción de las ocho de la tarde cuando sale gente muy sosa a aplaudir a la policía. Luego, se introducen de inmediato en su guarida, como aquellos muñecos que salían por una puerta y se introducían por otra en los relojes de cuco. “North by Northwest”, norte por noroeste, estar desnortado, jodidamente perdido, con la muerte en los talones. Una mujer real (“Con la muerte en los talones”), que protege a un hombre imaginario (justo al contrario que en “Vértigo”). Cuando Cary Grant se pone el traje de ese hombre verdadero pero inexistente que es George Kaplan, se da cuenta de que le queda muy corto. La realidad, viene a decirnos Hitch, es siempre más pequeña que el arte.

    Llamadme Thorhill y no Ismael. Thorhill es un hombre que domina a la perfección los distintos medios en que se desenvuelve, como lo prueban la tranquilidad con la que se apodera de un taxi para otra persona, o su seguridad y encanto en los actos sociales. Roger O. Thornhill es de los pies a la cabez el típico hombre de mundo americano. No obstante, muy pronto, un individuo llamado Townsend le empujará desde Nueva York, su ambiente natural, a un mundo caracterizado por el caos y la confusión. Ah, me encanta. Qué maravilla de película. La trayectoria tanto física como espiritual de la película responde a su título original “North by Northwest”. Así, desde Nueva York del Hotel Plaza, los lujosos escaparates y el edificio de las Naciones Unidad (símbolos todos ellos del éxito material y de la Utopía), nos trasladamos en el tren “Siglo XX” a Chicago, una ciudad llena de gánsteres (convertidos ahora en la CIA y sus espías). La célebre secuencia de la persecución por una avioneta fumigador tiene lugar en un desolado paisaje con campesinos que parecen salidos de una de las novelas de John Steinbeck.

    ¿Qué coño hago aquí ahora escribiendo todas estas gilipolleces? Ay, amigo mío, el cine que vemos hoy se ha vuelto plano e inofensivo, falsamente domesticado, sin esquinas. Ignora su propia naturaleza, se reduce, se encoge. No se cuestiona nada dentro de su propio sistema y pretende saberlo todo de la vida real. Qué confusión. Habría que dejar la vida tranquila, la realidad se basta sola, no necesita que la reproduzcan, sino que la incomoden. ¿Y qué hay del cine? ¿Dónde está? Si el viejo Hitch levantara la cabeza…

    Abrazos mil

    1. Un comentario riquísimo, como siempre. Thornill es uno de mis personajes favoritos de todos los tiempos. ¿Por qué? Pues porque en el fondo es un cachondo, un adolescente irresponsable metido en el cuerpo de un adulto y colgado todavía de mamá. El principio de la película es glorioso, todo lo que transcurre antes de llegar al Hotel Plaza para dibujar al personaje es brillante: primero, le da recuerdos a la “maravillosa esposa” de un empleado, que le contesta, “no nos hablamos”, y luego tiene esa tronchante secuencia con la secretaria, dictándole cosas mientras caminan por la calle. La nota para su amante, “eso ya se lo dijo la semana pasada”, le dice la secretaria, o le censura una cursilada en una nota romántica (él es publicista, se supone que profesional del oficio de engatusar) y él dice “lo sé, lo sé”, reconociendo su chabacanería .Lo mejor es cuando dice, “¿cree que he engordado? No sé, me siento pesado. Ponga un cartel en mi despacho que diga “no engordar”.” Es genial. El personaje, claro, cambia a lo largo de la película, pero en la secuencia de la subasta recupera, por simple estrategia, a ese niño que en el fondo es.

      ¿Nos ofrece el cine algo parecido hoy día? Casi nunca. Siempre digo que las películas hoy parecen hechas para ser proyectadas tras un cristal que las separe del público, como si este fuera a visitar a un preso al que solo puede ver en una cabina. Son más frías, autoconscientes, absurdamente solemnes, como reconcentradas en su “arte”. Y es, justamente, cuando menos arte ofrecen.

      Abrazos

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