Música para una banda sonora vital: Cavernícola (Caveman, Carl Gottlieb, 1981)

A buen seguro, la música nació de manera bastante más compleja que la aquí señalada. Pero en esta parodia prehistórica, en la que los trogloditas lucen barbas recortadas, modelos de piel fashion y peinados de peluquería, Ringo Starr hace lo que mejor sabe. Muchas caras conocidas en torno al fuego, además de otras que no aparecen en esta secuencia, para adornar una de las películas más gamberras de principios de los ochenta pero que, en el apartado musical, contaba con la mano maestra del argentino Lalo Schifrin.

4 comentarios sobre “Música para una banda sonora vital: Cavernícola (Caveman, Carl Gottlieb, 1981)

  1. Joer, esta no la he visto. ¿Qué estaba haciendo yo a principios de los ochenta? Gilipolleando al máximo, seguro. Ahora hay mucha nostalgia por el cine de los ochenta: la infantilización puesta en marcha cuesta abajo y sin frenos. He visto el vídeo y no he podido acabarlo. Me ha pasado lo mismo que a ti con el vídeo que te recomendé de la película “El E.T.E y el Oto” de 1982 interpretada por los hermanos Calatrava. Por cierto, es mejor que la de Spielberg. Me gusta mucho la antropología, pero, sin embargo, nunca he llegado a entrar del todo, en las novelas de Jean M. Auel; ya sabes, suciedad, piojos y el aquí te pillo y aquí te la meto. Ya sé que venimos de allí y que la mayoría de la gente actual sigue estando en lo mismo, pero no entro bien. Lo mismo me ocurrió con “En busca del fuego” (1982), de Jean-Jacques Annaud, aunque me fascina el actor Ron Perlman; un tipo salido de las mismas cavernas cuaternarias. Nosotros también estamos en manos de cuaternarios piojosos. ¿No te lo crees? ¿Has visto a nuestros políticos como se gruñen los unos a los otros? ¿Y que me dices de lo que hemos visto en los balcones estos dos últimos meses? ¿Por dónde iba? Ah, sí, recuerdo que por aquel tiempo vi “Los dioses deben estar locos” (1980), de Jamie Uys. Los primeros minutos de esta locura está en YouTube y vale la pena echarle un vistazo de nuevo. No ha perdido comba. Creo que hubo una segunda parte, pero no la vi.

    Ay, la cueva. Salimos de ella e inventamos la hipoteca y el desahucio. Nos lavamos la cabeza para despojarla de piojos y nos quedados calvos. Los más sensibles se pusieron a pintar en las paredes escenas de caza y hemos llegado a los editores que crean superventas para cazar. Hemos pasado de despiojarnos los unos a los otros a ponernos un “me gusta” o peor aún, un emoticono. De beber a morro en una infecta charca a introducir una cápsula de lata en forma de bala dentro de una cafetera Nespresso. De dar con una garrota en toda la cocorota a un tocacojones a inclinarnos antes un tocacojones que decide si cobrarás o no este mes. Me encanta decir esto: “El hombre solo tiende a la prehistoria: al cabo de unos días deja de afeitarse, de lavarse, emite gruñidos. Para llevar al ser humano hacia la civilización, fueron necesarios millones de años, mientras que el regreso al Neandertal cuesta menos de una semana”.

    ¡Ostras, Lalo Schifrin! Puso música a “Bullit” en las calles de San Francisco a finales de los sesenta, y, en los ochenta tuvo una regresión acabando en el clan cavernario de aquellos ochenta: periodo de exceso económico y bancarrota moral.

    Abrazos mil y buen finde.

  2. Pero Paco, ¿qué tenías que hacer al principio de los ochenta que no fuera gilipollear al máximo viendo esto, como yo? Porque yo la vi de niño en el cine, no te digo más… Cinco añitos que tenía.

    La nostalgia es una trampa. La memoria nos miente. Y ahora mismo, la nostalgia es un negocio. Pero claro, la nostalgia de la juventud, de la infancia, no de las cavernas. Las cavernas no son el pasado, sino el presente y, mucho me temo, el futuro. Volvemos al principio. Solo nos hemos dotado de una evolución material pero, en esencia, somos los mismos monos que se matan a huesazos en torno a la charca de Kubrick en 2001. No hemos cambiado en ese pestañeo de la historia que es el salto del hueso a la nave espacial.

    Me pasa igual que a ti con la prehistoria. Las películas (bueno, la de Annaud, las demás no las aguanto) tienen un pase, pero esos libros… Dejé el primero en la página veinte o por ahí. Y mira que tenía material para hacer una saga, porque de la prehistoria hasta hoy fíjate si podía tirar de árbol genealógico… Pero no, no es mi tipo de historia. Los dioses deben estar locos es genial, me encanta. La segunda parte es una mierda tremenda.

    Lo mejor de Lalo Schifrin fue lo de Misión imposible. Lalo sí que debió tener unos malos años ochenta, intuyo…

    Abrazos

  3. Cinco añitos. Estoy seguro de que no estabas comiendo palomitas viendo esta película, más bien diría que comías alitas de pollo. ¿Sabes que me jode un montón ver comer a la gente alitas de pollo? Ponen un careto que no los aguanto a excepción de Jack Lemmon en “El apartamento” cuando las come al mismo tiempo que mira la tele. Pero solo a Jack, ¿vale?

    Sí, la nostalgia vende mucho ahora. La nostalgia de la pura nada. Lo toman como una enfermedad que hay que curarla comprando un muñequito de Marty Mcfly, de Emmett Brown o un cochecito DeLoren DMC-12 con las puertas abiertas. Yo le hice un homenaje al cine de los ochenta junto a la boca de un metro realizando el supermeneo de Gordi, el de “Los Goonies”, para que un amigo me viera de lejos, pero de ahí no pasé, te lo juro.

    ¿Sabías que compartimos de los monos un 99 por ciento de nuestro ADN? Solo el uno por ciento del código genético nos separa del chimpancé. Sin embargo, Nietzsche no estaba muy de acuerdo con esto. Decía que los monos son demasiado buenos para que el hombre pueda descender de ellos.

    He llegado a conocer a unos cuantos viejales jubilados que se aburrían de su inactividad jubilil y empezaron a dedicarse a hacer árboles genealógicos de sus familias. ¡Qué horror! ¡Qué gilipollez! Yo les decía que los árboles genealógicos son la única especie arbórea que tendría razones para ocultar sus raíces.

    En fin, me voy a freír unas alitas de pollo. Como estoy solo naide, perdón, nadie me verá la cara de Jack Lemmon mientras como.

    Más abrazos miles

  4. Jajajaja. El pobre Jack intenta ver Gran Hotel y nunca empieza… Nunca, ni de chaval, he sido de comer en el cine. Recuerdo vagamente que a veces mi madre me compraba una chocolatina. Pero cuando era muy pequeño, de más mayor jamás he vuelto a reincidir en esa horrenda costumbre.

    Ay, el supermeneo… Ay, que ya sé quién fue el amigo… Algunos creo que comparten con los monos unos cuantos genes más, por la cantidad de pelo que les sale por la espalda, por cómo se rascan el mentón cuando piensan o por cómo se dedican a presentar un libro por otro por toda España y parte del extranjero. Y ahí lo dejo.

    Abrazos alados,

    Alfredo

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