Cine de verano: Tabú (Tabu: A Story of the South Seas, F. W. Murnau, 1931)

Hermosa y dura última película del gran F. W. Murnau, prematuramente desaparecido poco después de su estreno al morir en un accidente de automóvil. Su título alude tanto a la trama, la pareja de enamorados enfrentados a los tabúes y rituales de las culturas de Bora-Bora y Tahití, en el Pacífico Sur, como, en general, a las relaciones del ser humano con los conceptos de rito, prohibición, libertad personal y realización del individuo. Una joya que constituye una de las cumbres del cine mudo.

12 comentarios sobre “Cine de verano: Tabú (Tabu: A Story of the South Seas, F. W. Murnau, 1931)

  1. Ay, el bueno de Murnau. Es curioso, pero las poquísimas veces que he tenido la oportunidad de hablar de él con algún supuesto cinéfilo de tercera, siempre me saca a colación aquel desgraciado accidente. Nada resulta tan atractivo como el escándalo hollywoodense, y los rumores sobre las circunstancias exactas del fatal accidente de coche, ocurrido el 11 de marzo de 1931, en la carretera entre Los Angeles y Carmel, no duraron en cebarse en las más sugestivas imágenes de orgía sobre cuatro ruedas que quepa imaginar. De hecho, lo que ocurrió fue simplemente que F.W. Murnau, que iba en un Packard con conductor, cedió a las peticiones de su joven ayuda de cámara, un chico filipino, para que le dejase ponerse al volante. Al conducir demasiado rápido y efectuar un brusco giro para evitar un camión, el coche se salió de la carretera. Ninguno de sus ocupantes se vio gravemente herido, menos Murnau, que sufrió una fractura de coco, y murió poco después en el hospital. Esa es al parecer la prosaica verdad; pero, curiosamente, las fantasías y especulaciones tejidas sobre el desgraciado suceso han logrado que el nombre de Murnau sea conocido por muchas personas que no han visto jamás ninguna de sus películas.

    “Tabú” fue una película que consiguió rodar con recursos financieros privados y sin fines comerciales. Comenzó en colaboración con el documentalista Robert Flaherty. Estaba concebida como una película semidocumental, y se rodó en su totalidad en escenarios naturales de los Mares del Sur y con un reparto de polinesios. Ojalá hubiera estado vivo Stevenson. Murnau insistió en hacer “Tabú” una especie de rapsodia sobre el tema del amor juvenil condenado al fracaso, y la estructuró con tanta meticulosidad y cuidado como cualquiera de sus grandes producciones rodadas en estudio. El resultado fue el canto del cisne perfecto de este director, un himno a las bellezas de la naturaleza, de la gente y del paisaje, una apoteosis del cine estético. Pero no se estrenó hasta pocos días después de su muerte.

    Ayer por la noche me puse “El hombre de la cámara” de Dziga Vertov de 1929. Me hizo recordar estas palabras del director ruso por allá los años veinte:

    “La cámara cinematográfica ha tenido mala suerte. Fue inventada cuando no había todavía ningún país en el mundo en el que no reinase el capitalismo. La burguesía tuvo la diabólica idea de utilizar el nuevo ‘juguete’ para entretener a las grandes masas; o, más concretamente, para distraer la atención de la clase obrera de su objetivo primario: la lucha contra sus explotadores”. ¡Olé! Tras el visionado de 70 minutos me tomé un güisqui. Cris me dijo: “No creo que sea bueno mezclar alcohol con la medicación”. Sí que fue bueno, porque el efecto se produjo mientras dormía. Soñé que volvía la edad de oro del cine, pero luego el sueño derivó a “La edad de oro”, de Luis Buñuel, con vacas encima de la cama, obispos arrojados al vacío desde una ventana, una tía muy caliente chupando el dedo gordo del pie de una estatua de piedra… en fin, todas esas cosas que tenemos en el desordenado desván de nuestro subconsciente.

    Abrazos mil y buen finde.

  2. Ya sabes, querido Paco, cómo es a veces la tradición oral… (no he podido resistirme a hacer el chiste)

    Murnau, Vertov, Buñuel… A mí me entra la risa floja cuando se refieren a ciertas películas de los últimos veinte o veintipico años como “independientes”: Que me troncho, vaya.

    Probablemente eres el único tipo que se pone a ver al bueno de Dziga en la sobremesa de la cena. ¿Cuál es la medicación esa?

    Abrazos

  3. Si te refieres a la farmacopea son unas pastillitas azules y rojas, como las que salen en “Matrix”, ya sabes, hay que elegir entre la realidad y la ficción. Yo me tomo ambas y me vuelvo más loco de lo que ya estoy. Sin embargo, estas pastillitas solo sirven para la circulación de la sangre, para el gozo de Christopher Lee. Y si te refieres a la medicación cultural, solo estoy con los clásicos del cine: “Y el mundo marcha”, de King Vidor, “El maquinista de la general”, de Keaton, “En un lugar solitario”, de Ray, “Días sin huella”, de Wilder, “El buscavidas”, de Rossen… todas estas pelis me acompañan cada noche, y en cuestiones literarias tengo ahora muy presentes a Cervantes, Diderot, Sterne y sobre todo “El manuscrito encontrado en Zaragoza” de Jan Potocki; es extraordinaria. Ya ves, pastillas de colores, güisqui, buen cine y buena literatura. La tele lleva apagada más de dos meses y los que me tienen informado del estado actual son: Manuel Vicent, Juan José Millás y Javier Marías en sus columnas.

    Más abrazos miles

    1. Bueno, al menos no son supositorios… Desde luego, si quieres enterarte de algo más vale que no enciendas la tele ni leas la prensa, más allá de los pequeños islotes de lucidez que contiene (pocos, y cada vez menos).

      Abrazos

  4. ¡Supositorios! Me parece que ya no se hacen, ¿no? Tengo una mala experiencia con ellos. La última vez, no sé, hará más de veinte años, me puse uno muy grande. Qué digo, más que grande. Hasta me pareció que no era posible introducirse eso. Tuve que investigar al doctor, por si acaso no era más que un veterinario. Desde que vi a Groucho en “Un día en las carreras” dándole aquella pastillota a la buena de Margaret Dumont, ya no me fío de naide, perdón, nadie. Al final lo hice, pero no te cuento los pormenores por si entran en esta espacio niños o gente muy sensible.

    Abrazos, abrazos miles.

    1. Jajajaja… Creo que se suprimieron porque la gente se los ponía por el extremo equivocado. En fin, la medicina también progresa… En eso. Ya sabes el chiste: “y si es el supositorio lo que tengo en la mano, dónde he puesto la llave…”. En fin. También Camilo José Cela contaba una anécdota sobre que una vez se había puesto uno, a oscuras, con envoltorio y todo….

      Gran tema de conversación. Seguimos mejorando.

      Abrazos

  5. ¡¡Empiezan las sesiones de cine de verano! Me apetece un montón ver Tabú. Y quiero ver la anterior de Murnau, El pan nuestro de cada día.
    En fin, un ciclo de Murnau no estaría nada mal. ¡Ayyyy, cuántos ciclos me haría! Jajajaja. Yo superfan de tres de sus joyas: Amanecer, El último y Nosferatu. Pero me falta todavía bastante por descubrir de su filmografía.

    Beso
    Hildy

    1. Mi querida Hildy, te recomiento, además, Phantom, que es del mismo año que Nosferatu, 1922. Qué gran director, qué gran personaje, qué escuela para otros cineastas no alemanes, que miraban de reojo y con bastante envidia las cosas que hacía este hombre… Qué bien que tengamos tantas cosas todavía por descubrir.

      Besos

  6. Una de las cosas que más me gustaron de La sombra del vampiro fue ese intento, no sé si acertado, verdadero o falso, de mostrar la personalidad de Murnau y su intención de mostrar al público actual su figura de gran artista.

  7. Hola Alfredo!
    Pues gracias por el enlace, no la he visto y ya estoy tardando.
    Por cierto, el del supositorio y la llave no lo conocía…jeje Que bien hicieron en suprimirlos, eso y las inyecciones me daban muy mal rollo…

  8. Mejor, mejor que no lo conozcas… de primera mano…

    Estas películas son pequeñas joyas congeladas en el tiempo que, sin embargo, en muchos casos, hablan más claro que según qué películas de hoy.

    ¡Saludos!

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