Mis escenas favoritas: El fantasma de la libertad (Le Fantôme de la liberté, Luis Buñuel, 1974)

Comer a escondidas y defecar en público y en compañía. Inversión de términos, subversión de conceptos. Cada cosa es lo que es y su contrario. Puro surrealismo tan tarde como a mediados de los años setenta del pasado siglo, quizá haya sido Luis Buñuel el surrealista más consecuente, coherente y tenaz en sus postulados de entre todos los miembros de aquella escuela. Tan divertida como reveladora, tan contestataria e inconformista como lúcida, puro retrato de nuestra realidad decadente.

6 comentarios sobre “Mis escenas favoritas: El fantasma de la libertad (Le Fantôme de la liberté, Luis Buñuel, 1974)

  1. Una de mis películas favoritas, no solo de Buñuel, si no de la historia del cine. Inspiradora, divertida, inteligente, reveladora, donde se le hace uno de los últimos grandes homenajes al movimiento surrealista. Esta película es harto compleja ya desde su inicio hasta ese final perturbador como no se ha vuelto a ver nunca más en un filme. También es un homenaje a la estructura narrativa de la novela bizantina, cervantina y a la picaresca. Basta recordar las escenas de la “venta” llena de puertas que se abren y cierran a otras posibles historias. Gracias a esta película conocí los libros de la maravillosa antropóloga Margaret Mead que cita el enigmático personaje que da clases a la policía que, por cierto, se comportan como niños en la escuela. Otro hallazgo que me fascinó en esta obra maestra fue cuando se reflexiona sobre una frase ambigua que no tiene sentido y la gente asiente como si comprendiera: “la carcomida molinera”. ¿Sabías que esta genial frase inventada por Buñuel la he introducido en muchas ocasiones en conversaciones y nadie me ha dicho que se me ha ido la olla o qué quiero decir con eso? No sé si lo recordarás, pero lo hice una vez cuando estábamos tú y yo reunidos en uno de esos eventos literarios. Alguien que no nombraré aquí, asintió con la cabeza. Sueño con escribir un libro solo con el pretexto de poner por título “La carcomida molinera”. Hay tres títulos que llevo tatuados constantemente en la memoria: “La carcomida molinera”. “El expediente Firefly” y “Nos vamos a Singapur”.

    No voy a decir nada más porque me conozco y nunca encuentro el momento de detenerme. He visto esta película un millón de veces y no pararía de decir cosas sobre ellas, incluida anécdotas suculentas que me han ido pasando a lo largo de los años a través del visionado de “El fantasma de la libertad”. Buñuel no era un director de cine al uso, como los de ahora, era un genio, un artista único en su género. Sus películas son un rico y único documento existencial humano de imprescindible urgencia moral y artística. Ahora que lo pienso, no estaría mal este título para un libro: “¡Ah! ¡Al menos que se queden los frailes!”

    Abrazos mil

  2. Lo sé, mi querido Paco, lo sé. Precisamente es tu colofón lo que me llevó a recuperar al menos una escena de esta magnífica película, al producirse el otro día la muerte de Michael Londsdale.

    Yo siempre pongo a Buñuel -como hacía Cocteau- por encima de lo que se refiere a cineastas, directores de cine o cinematografístas (como le gusta decir a Fernán Gómez, palabra que me encanta). Es mucho más que eso, es un pensador, un filósofo, un artista, un novelista que filma, un poeta que rueda. En resumidas cuentas, un sabio. Pero no un sabio intelectual, sino un sabio de los sentidos, de la imaginación, la fantasía, los sueños, los deseos. Te pone delante un espejo que no te refleja por fuera, sino por dentro. “Es peligroso asomarse al interior”, como iba a titularse Un perro andaluz…

    Tuve la suerte de ir hace algún tiempo (unos cuatro años o cinco) al Centro Buñuel de Calanda, su localidad natal. No está en su casa de nacimiento (frente a la Iglesia, la fachada que se ve a menudo cuando muestran la “rompida de la hora” en la Semana Santa calandina) porque un comprador privado la adquirió con idea de aprovechar allí el legado de Buñuel y hacer algo, pero las administraciones abrieron ese Centro Buñuel en otro edificio de la localidad. Estoy seguro de que te encantaría. Qué leches, tenemos que hacer por ir cuando toda esta mierda se pase de una puñetera vez. Disfrutarías mucho, estoy seguro.

    Abrazos

  3. Desde luego. Buñuel ha sido para mí todo un referente en casi todas las cosas de la vida. Tengo la primera edición de “Mi último suspiro” que fue libro de cabecera durante muchos años. No puedo decir que no me canso de ver sus películas, sino que las necesito para seguir viviendo con algo de “normalidad” aceptando lo anormal. Mi primer viaje fue a Toledo y allí me incliné sobre la tumba del cardenal Tavera. La “vigilanta” me dijo que nunca había visto tanta devoción por el cardenal. La pobre no sabía una mierda lo que representaba ese lugar en el antiguo hospital. Tuve que decirle lo de la orden de Toledo, Berruguete y lo putrefacto; borracheras buñuelianas, Pepín, Dalí, Figueras y el guion de “Un perro andaluz”, Hinojosa y Lorca en los buenos tiempos de la Residencia, la Posada de la sangre, Cervantes y “Tristana”. Casi nada. Hasta me emociono escribiendo estas palabras. El enigma sin fin. Buñuel y la mesa del rey Salomón. Nada. La “vigilanta” no sabía nada de todo esto. ¡Y estaba cobrando! En mi provincia había una vieja coctelería donde no iba ya nadie. Allí acudía, casi a diario, para beber dry Martini. Al tipo que los realizaba le di la receta que da don Luis en sus memorias. Y me hizo caso. Sentado a la barra podía sentir su presencia. A veces sonreía como un “bobo” imaginándome conversaciones con Buñuel. Te cuento esto para demostrarte hasta qué punto me he sentido, me siento y me sentiré identificado con Buñuel.

    Me encantaría terminar mi eterno periplo buñueliano en Calanda. Tengo la fotografía que me regalaste de don Luis mirando hacia la luz.

    Y sí, me enteré del fallecimiento de Michael Lonsdale, que de mayor se parecía mucho físicamente a Lawrence Durrel, el creador de “El cuarteto de Alejandría”. Para mí siempre será el actor de mi adolescencia que me cautivó en “El fantasma de la libertad” y “Chacal”. Lo mismo digo de Jean Rochefort, el mejor don Quijote que no pudo ser y el que le da una santa hostia a su médico cuando le diagnostica un cáncer de pulmón, y encima, el doctor le ofrece un cigarrillo. Su nariz francesa a lo barón de Münchhausen y apellido de queso francés, aquí va mi más sentido homenaje. Lástima que ya no tengas en tu casa ese cementerio del celuloide. No sé dónde dejar mis poemas a base de títulos de películas.

    ¿Sabes que me la suda que el cine haya muerto? Si te propones ver ahora todo el cine desde su nacimiento, es decir, desde los hermanos Lumière hasta los setenta del siglo pasado, descubres que ya no tienes la suficiente vida para verlo todo.

    Es peligroso asomarse al interior, pero creo que no hay nada más maravilloso. Y con un dry martini, mucho mejor..

    Abrazos miles

  4. Bueno, hay ciertos casos de vigilantes, o de guías de exposiciones, que se las traen… Yo he visto casos vergonzosísimos, y algunas situaciones incomodísimas, de visitantes que saben mucho más que el supuesto guía, que le corrigen e incluso le regañan. A veces con razón, otras sin ella. También recuerdo haberme dado cuenta del “mucho” francés que sé, cuando, en una visita guiada a la casa de Manuel de Falla en Granada, el supuesto guía (en realidad, un empleado de la oficina, que sustituía a la auténtica guía, que estaba en una clase de parto sin dolor), al ver que era el único español entre un grupo de belgas, me pidió hacer la visita en francés, si no me importaba, para no repetirlo todo dos veces. Curiosamente, lo pillé todo, e incluso le apunté varias palabras en francés (del que no sé casi nada) cuando se atascaba, el tío.

    En fin, que prolegómeno más absurdo… Que no me extraña que Buñuel sea un referente para todo, porque en todo lo que ves o lees sobre él planea algo que va mucho más allá del simple cine o de la simple lectura. Tiene hilo directo con tu ánimo, con tu pensamiento, con tu corazón, con tu manera de ser, de sentir, de pensar, que te puede trastocar la existencia con una enorme facilidad. Tiene una habilidad suprema para darle la vuelta a cualquier situación, para subvertir cualquier orden, cualquier lógica, cualquier sistema de valores. Es un surrealista, un vanguardista, que sin embargo atesora toda la tradición filosófico-religiosa española, toda su literatura, toda su pintura. Son los Siglos de Oro y el siglo XIX pasados por el surrealismo del XX. Es una mezcla tan explosiva y tan perfecta que no tiene otro remedio que ser genial.

    Reconozco que veo una buena cantidad de cine actual, pero muy pocos títulos me satisfacen mínimamente. Siempre he pensado que si la historia del cine y de la literatura se ciñera a los últimos veinte años (en el cine, incluso algún lustro más), no me interesarían ninguna de las dos cosas. Michael -o Michel, según- Lonsdale es una grata presencia siempre, hasta en Moonraker o en Ronin, esa pequeña joya del cine de acción de Frankenheimer, cuando era ya octogenario, o casi, e hizo esas secuencias de persecuciones por Niza que quitan el hipo. Ahí estaba Lonsdale, pintando figuritas de samurais japoneses en combate, recordando la leyenda de los 47 Ronin…

    Abrazos

  5. … Pues, sí, confieso. Tengo todavía esta película pendiente de Luis Buñuel.
    Pero me dejáis con la certeza de que todavía me esperan buenas sorpresas con Buñuel.
    Yo cada vez adoro más su etapa mexicana. Estoy enamorada de sus películas allá.
    Reconozco, sin embargo, que la última etapa francesa es la que más descuidada tengo.

    Beso
    Hildy

  6. Ay, mi querida Hildy, pues vas a disfrutar mucho, porque a la lucidez de siempre y a la experiencia adquirida en su etapa mexicana hay que añadir el hecho de que al volver a Francia parece haber retornado a una versión más pura, aunque destilada y estilizada, del surrealismo de su primera etapa francesa. La Vía Láctea, Tristana (coproducción con Francia), El discreto encanto de la burguesía, este El fantasma de la libertad, o Ese oscuro objeto del deseo, que por cierto pasa Televisión Española esta semana. Te lo vas a pasar en grande, porque son una continua sorpresa.

    Besos

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