Cine de verano: Berlín, sinfonía de una gran ciudad (Berlin: Die Sinfonie der Grosstadt, Walter Ruttmann, 1927)

Inspirado en un filme anterior del soviético Dziga Vertov, Walter Ruttmann compone un excelente documental sobre un día en la ciudad de Berlín. Filmado en colaboración con algunos de los más importantes directores de fotografía del expresionismo alemán (Robert Baberske, Karl Freund, Reimar Kuntze y László Schäffer), la película sorprende por su capacidad para retratar como un ser vivo y autónomo una de las más importantes capitales de Europa, tanto como sobrecoge por lo que no contiene pero que sí proyecta en el futuro, el inminente devenir de la sociedad berlinesa y alemana hacia la más oscura de las pesadillas, y el hecho de que gran parte de las personas y de los edificios que la película refleja dejarán de existir dentro de no demasiado tiempo.

4 comentarios sobre “Cine de verano: Berlín, sinfonía de una gran ciudad (Berlin: Die Sinfonie der Grosstadt, Walter Ruttmann, 1927)

  1. Cuando vi, hace ya muchísimos años “Cine-ojo: la vida al imprevisto” de Dziga Vertov, quedé impresionado, no por las imágenes en sí sino porque percibí un brío, unas energías y unas ganas tremendas de salir a la calle con una cámara para ver qué pasaba. Ahora todo el mundo lleva una cámara en el bolsillo que es el móvil y no añadiré más. No obstante, no me cuadraba tanto aquello de Cine-Verdad. La palabra “verdad” es la única que no debería tener una definición en el diccionario, como tampoco cuando la mencionamos al hablar de cualquier cosa. Sobre el documental estoy muy de acuerdo con lo que siempre dice Víctor Erice al respecto, que no establezco grandes sustanciales diferencias entre el documental y la ficción. Creo que esa es una clasificación de historiadores, porque el cine con los Lumière empezó siendo, aparentemente, documental. Pero hay un extraordinario equívoco cuando sabemos que desde la primera película de la historia del cine; la salida de los obreros de una fábrica los Lumière rodaron distintas versiones. Tengo una caja de dvd donde hay tres y hay diferencias. Desde la primera película de la historia del cine Louis Lumière se plantea los dos elementos fundamentales: el tiempo y el espacio, y hacen nuevas tomas de la salida de los obreros de la fábrica para controlar el tiempo. Dirigen a sus obreros como a una figuración, exactamente como si fuera extras cinematográficos. ¿Entiendes por qué una diferencia sustantiva, no en los elementos, entre documental y ficción? En Cine-ojo: la vida en imprevisto” vemos un caleidoscopio, un ojo parpadeante dentro del objetivo, etcétera.

    A comienzos del siglo XX, otras artes narrativas y basadas en la representación habían renunciado ya a la ilusión de captar el “mundo real” tal como es. ¿Fue una simple coincidencia, o la aparición del cine, que reproducía de manera casi automática la realidad, estimuló el énfasis en la forma y en el empleo de elementos subconscientes en la obra del pintor Pablo Picasso, o de los surrealistas, de los novelistas James Joyce, Virginia Woolf y otros muchos más? La aparición de “nuevas olas” en diversos países durante los primeros años 60 ofreció al cine una oportunidad para la innovación formal que anteriormente solo se había dado en la URSS durante la década de los 20.

    En la aparición del contra-cine en los 60 intervino también otro elemento; la creciente desconfianza con respecto a los medios de comunicación de masas, y un cada vez mayor escepticismo hacia los Estados Unidos y los valores que éstos encarnaban. La gente comenzó a preguntarse si el cine americano, y más concretamente las películas de John Wayne y otras parecidas, no tendrían que ver con la participación yanqui en la guerra del Vietnam. De ese modo, el cine de entretenimiento se vio duramente atacado como una manipulación que conducía a la pérdida de contacto con la realidad. Se le acusó de ser un verdadero caldo de cultivo del racismo, el sexismo, el imperialismo y los valores burgueses y capitalistas en general. Por todo ello, algunos cineastas intentaron librarse de una vez por todas de las historias bien contadas, de las estrellas, del glamur y de la ilusión de realidad como muestra de su radicalismo y de sus creencias políticas. El análisis estructural resucitó el interés por el montaje cinematográfico como un choque entre elementos opuestos, tal como había sido inicialmente concebido por Sergei Eisentein y Dziga Vertov en los años 20.

    Menudo rollazo, amigo mío, mis perdones por todo esto del cine-ojo de los cojones. Ahora, cuando salgo a la calle evito mirar más de lo debido. No tengo la energía que tuvieron los Lumière, Vertov, Eisentein y Ruttmann, y el móvil que tengo con cámara solo lo utilizo para saber qué hora es. Y tengo la sensación de que siempre se está haciendo tarde.

    Abrazos mil y buen finde, amigo mío.

  2. Totalmente de acuerdo. En cuanto colocas una cámara y seleccionas un encuadre, recortas una porción de la realidad, lo cual a su vez crea una nueva realidad. Por eso el documental es un género que está tan alejado de la realidad, o de la verdad, como los demás. A veces escuchas a alguien decir que tal o cual cosa la ha visto en un documental como si eso constituyera la prueba de una verdad incuestionable, pero lo cierto es que ocurre exactamente lo contrario, es entonces cuando cabe dudar más que nunca de aquello de lo que se trate. A propósito de los Lumière queda bastante claro en ese maravilloso documental de Thierry Fremaux que se estrenó hace tres o cuatro años, y que recoge un centenar largo de sus breves películas, de las que llegaron a filmar, entre ellos y sus camarógrafos, más de cuatro mil.

    Personalmente, cada vez me cuesta soportar más la crítica ideológica de las películas, el aplauso o el rechazo de un film porque defiende o ataca vete a saber qué, con independencia de lo bien o mal que esté hecha o de lo buenas o malas que sean las interpretaciones, el guión, etc. Acabo de leer un libro de críticas cinematográficas de Pasolini cuando escribía en un periódico (de derechas) y no me ha gustado nada el hecho de que la mitad o más de los argumentos que emplea tienen que ver con si la crítica es de izquierdas o no, si la historia es conformista con el orden establecido o si es antiburguesa y tal y cual. Vaya rollazo. Así llega a conclusiones algo sorprendentes sobre películas que no le gustan, como “Con la muerte en los talones”, “La noche americana”, “La noche”, “El eclipse”, etc. Cada vez que oigo a alguien decir que tal cosa le gusta o no según sus afinidades políticas, o si tal o cual película cumple o no el test feminista, etc., me dan ganas de echar mano de una escopeta de cañón doble.

    En fin, creo que ni de las calles podrían hacerse ya documentos como aquellos. ¿Vas a hacer un documental sobre cómo abren la persiana de una tienda de carcasas de móvil’

    Abrazos

  3. Pier Paolo Pasolini. Yo lo he llamado siempre Pasolillo. Ay, Pasolillo. Pobre hombre. Cuando lo veía vestido con aquella gorrilla de pana, calzón ancho metido por entre los calcetines, como Tintín, es que daba pena. Pobrecillo. Lo asesinaron y arrojaron su cadáver en la playa de Ostia; la Rímini de Fellini. La verdad, su filmografía no me dice demasiado, aunque reconozco que cuando vi “Saló o los ciento veinte días de Sodoma” me impresionó, pero todavía tenía acné. Luego descubrí la obra del divino marqués de Sada y la película me pareció una mierda. Tengo algunos libros de poesía y algunas novelas como “Los chavales del arroyo” y “Una vida violenta”, puaf. También tengo “Todos estamos en peligro”, un pelín más de puaf. Lo que no se olvida de él es su careto. Se parece muchísimo a Jack Palance, pero encogido. Podría ser el llavero de sí mismo de Palance. Pasolillo era bueno con los diálogos gárrulos del arrabal más bajo, de ahí su colaboración en el guion de “Las noches de Cabiria”.

    Bueno, ya sabemos como está el panorama actual con eso del conservadurismo más pacato; con la sensibilidad mal entendida de los animales, las féminas y lo negril. La mentalidad de superhéroe y videojuego hace que ya no se puedan alcanzar las películas de Antonioni, por cierto, soy de los pocos que lo sigo defendiendo, incluso delante de Garci que tanto lo critica, aunque defienda la trilogía de Torrente. A Pasolillo no le gusta “Con la muerte en los talones” y eso es más que respetable, faltaría más. Tampoco le gusta “La noche americana” ni “La noche” ni “El eclipse”. ¿Pero sabes lo que te digo? Que en mi biblioteca tengo los libros de Antonioni, Truffaut y Pasolillo, y en mi videoteca las películas de todos ellos, incluso las de Pasolillo.

    Y como bien dices; esos visionados a lo político, a lo fémino, a lo negril, a lo animalista, a lo macarril, a lo travestillo, a lo tortillil, es lo que se ha cargado el cine, y no el digital.

    Abrazos mil

  4. Jajajaja… Pasolini, Palance pero encogido…

    Bueno, también hay que pensar que Pasolini era un producto de su tiempo y de su país, que menudo país era entonces… Eso sí, tú lees sus artículos cinematográficos, y la carga intelectual y la calidad del lenguaje son sublimes, lo opuesto totalmente a cualquier crítica cinematográfica de cualquier medio actual, esa macedonia de promocion publicitaria disfrazada de jerga pseudocultural.

    Ay, efectivamente, el cine muere porque lo matan, no por culpa del formato.

    Abrazos

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