Cine en fotos: Fred Astaire es un efecto óptico

Fred Astaire es un efecto óptico

Embutido en el frac

Ceñido por la faja de sable

Acollarado por el albo lazo

No baila

No vuela como parece a simple vista

No gira sobre sí mismo

Ni parpadea

Tan solo mueve una briza de aire/

De el asalto al palacio de invierno, de José María de Montells (Libros del Innombrable. Zaragoza. 2003. 97 p.).

 

 

2 comentarios sobre “Cine en fotos: Fred Astaire es un efecto óptico

  1. Una de las mejores historias del Hollywood de los años treinta es la que se refiere a la primera prueba de Fred Astaire para la RKO. Según el informe de uno de los ejecutivos de la compañía: “Se le está cayendo el pelo. No sabe cantar. Baila un poco”. Si todos fuéramos del mismo palo nadie podría salir a la calle. Bueno, ahora no se puede, pero es por otra cosa. Sin embargo, afortunadamente, David O. Selznick, el jefe de la producción, adoptó un punto de vista más positivo: “Todavía no estoy del todo seguro, pero creo que, a pesar de sus gigantescas orejas y de su fea barbilla, posee un encanto tan grande que resulta perceptible aun en una prueba tan desdichada como ésta”. Ya no queda gente como Selznick, es decir, que lo tenemos muy jodidos si queremos salir a la calle en busca del éxito. Recuerdo cuando el viejo Fred tenía 77 años. Lo vi bailar en “Hollywood, Hollywood (Than’s Entertaiment. Part 2” (1976). Creo que no ha habido nadie capaz de hacerle sombra como bailarín; como cantante fue el único intérprete de numerosos clásicos de la canción ligera, algunos de los cuales inspiró directamente, y como actor y personalidad, hoy día, al ver sus películas, sigue siendo capaz de encantar a cualquiera. Se puede decir que es verdaderamente irremplazable. Solo hay que ver los musicalillos que se hacen ahora. La La Land, la la la, “Oh, yeah!”

    Abrazos mil

    1. Bueno, es que los musicales de hoy… Aunque creo que no hay ninguno tan horrible como “Moulin Rouge”.

      Y ahí lo tenías en otro tipo de papeles, desde “El coloso en llamas” a “La hora final” o “La misteriosa dama de negro”. Porque, cuando no quería, no bailaba. No como John Travolta, que tiene que bailar y poner voz de pito aunque no haya música…

      Un abrazo

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