Cine en corto: El ferroviario (The Railrodder, Gerald Potterton, 1965)

Vertiginoso viaje a Canadá de Buster Keaton, que le valió una Mención honorable en el Festival de Berlín.

4 comentarios sobre “Cine en corto: El ferroviario (The Railrodder, Gerald Potterton, 1965)

  1. “The Railrodder”: un lujo porque es un gran cortometraje mudo en brillante color pensado exclusivamente para el gran Buster, que el pobre llevaba ya mucho tiempo sin ser él el protagonista. Por cierto, antes de adentrarme en mis tostones y desquiciados parrafiles, ¿no te ocurre lo mismo que a mí a la hora de volver a ver sus grandes cortometrajes de la época que te ríes con un nudo en la garganta? El gran Buster nos sorprendió hasta el final. El maestro aquí nos da otra vez una lección más de su gran comicidad en escenas arriesgadas. A pesar de su edad y el maltrecho físico, debido a su alcoholismo y un cáncer que empezaba a despuntar como el alba de nuestro futuro, Buster está genial. El arranque es magnífico. A veces, cuando paseo por la playa me quedo mirando la orilla del mar y en más de una ocasión me he imaginado que el gran Buster sale del mar: seco y ágil después de atravesar el Atlántico bajo las aguas. “The Railrodder” es una deliciosa colección de gags. Mi favorito es aquel que toma el té con música de minueto en medio de una pradera con búfalos. Tengo un póster de ese momento. A veces, cuanto tomo el té, lo imito, pero sin que me rodee búfalos, solo cenutrios, que no es lo mismo.

    Siempre he tenido la sospecha de que el gran Buster (cuando se escribe “Buster” hay que poner siempre el adjetivo “gran” por delante), era así en la realidad, si tenemos puñetera idea de lo que significa eso de “realidad”. Emilio Aragón (Miliki) cuenta en su maravilloso libro “Recuerdos” la gran experiencia que tuvo junto con sus hermanos cuando realizaron una gira mundial con el gran Buster ya entrado en años. Son capítulos deliciosos donde nos encontramos con el gran cómico, tanto dentro del escenario como fuera de él. A Miliki le es imposible separar ambas vidas. Genio y figura. No sé si has visto “Buster Keaton Rides Again” (1965). Se puede ver en YouTube. Es un documental sobre el rodaje de “The Railrodder”. Vemos por primera vez cómo es el gran Buster tras las cámaras, cómo prepara metódicamente su trabajo, sus disgustos cuando no le hacen caso, los homenajes que recibió en las ciudades donde rodaban, cómo canta una canción acompañado de una guitamarra, perdón, guitarra e incluso ¡cómo sonríe! Es curiosa la secuencia donde pide a la productora que le sirvan un pato silvestre cazado por el ayudante de dirección, lo que le inspira un gag para el corto que están rodando.

    En “The Railrodder” el viajero atraviesa de costa a costa el Canadá hasta llegar al Pacífico donde un japonés, salido de las aguas del mar, le robará la plataforma. El gran Buster tendrá que continuar su viaje caminando. Estamos en 1965 y camina hasta llegar a la Roma del año 254 a. C. y del año del calendario prejulianil. Estoy hablando de “Golfus de Roma”. Y allí volvió a ser más el gran Buster que Erronius. Así era el gran cómico; un ser erróneo en un mundo sin sentido. El pobre, a pesar de padecer los estragos del cáncer, estuvo magnífico. Por cierto, cuando corría en medio de una persecución de cuadrigas y recitaba su frase se golpeó con la rama de un árbol. El equipo se llevó un buen susto porque la secuencia la preparó el gran cómico sin avisar siquiera a Richard Lester, quien creyó que el anciano se había lastimado de verdad. Cuando todos fueron a socorrerle se dieron cuenta de que había sido un gag improvisado por el gran Buster.

    Esta tarde iré a pasear por la playa. Si veo salir de la orilla al gran Buster iremos a buscarte a Zaragoza. Que decida él el medio de locomoción para saltarnos todo tipo de restricciones y perímetros perimetrales perimetralmente perimetril y abrazos mil.

  2. Me ocurre, en efecto. A veces las carcajadas no dejan margen para nada más, pero es cierto, hay una ternura, una emoción muy personales cuando observas al genio y piensas en su vida y en su vejez. Conozco el documental, sí, he vuelto a verlo hace poco, y lo más emotivo, para mí, es la canción que interpreta con el ukelele.

    Y me da cosa, en otro sentido, verlo jugársela montado en ese cacharro a esa velocidad, subiendo y bajando, moviéndose en un espacio tan reducido y con un evidente riesgo de caer y pegarse un trompazo definitivo. ¡Pero si eso yo no lo hubiera hecho ni de joven!

    Ay, esos perímetros… Acaban de anunciarnos que Zaragoza vuelve a estar confinada, con toque de queda a las 22 horas y con cierres de actividad esencial a las seis de la tarde los fines de semana.

    Y hablando de fines de semana, buen finde, amigo.

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