Cine en corto: Vecinos (Neighbors, Buster Keaton y Edward F. Cline, 1920)

Uno de los más célebres cortometrajes del gran Buster Keaton de entre los producidos por Joseph M. Schenck, de ya más de un siglo de edad pero tanto o más fresco y dinámico que cualquiera de las películas actualmente en cartel (más incluso que la mayoría de ellas). Poco más de un cuarto de hora de auténtico disfrute y perplejidad ante el enorme despliegue de ejercicio físico y de talento humorístico de este genio auténticamente moderno.

8 comentarios sobre “Cine en corto: Vecinos (Neighbors, Buster Keaton y Edward F. Cline, 1920)

  1. Lo de la pirámide humana es genial y también el modo que tiene la pareja de comunicarse: introduciendo por un agujero de una tapia de madera un canuto como correspondencia. Mucho mejor de lo que hacen ahora con el móvil. ¡Hasta hace falta un satélite en el espacio para enviar un estúpido emoticono!

    A veces me pongo a reflexionar sobre todo este asunto del humor. Me resulta insoportable, por ejemplo, El club de la comedia. Incluso esa tontería de programa se vende en cajas de dvd. Vaya cosa. Un tipo con un micrófono contando chistes sin gracia. El humor más burdo del mundo. Eso no me va. El gran Buster Keaton; ese sí era un genio y tenía corazón. Y Charles Chaplin también lo tenía. Te hacían tronchar de risa y llorar en la escena siguiente. Eso sí que era arte. ¿Cómo se hace? ¿Nunca se lo pregunta nadie? Oliver y Hardy, el Gordo y el Flaco. ¡Por dios! Dos niños atrapados en cuerpos de hombres buscando su senda en este perro mundo. No eran simples payasos. Eran artistas y poetas.

    No hace mucho volví a ver “Pajama Party” (1964), donde el gran Buster hace de jefe indio. Vi cómo eclipsaba sin esfuerzo al resto del reparto. Su evidente carisma y genio hizo un día palidecer el de Charles Chaplin en su escena de “Candilejas” y uno se pregunta cómo hubiese sido esa película si se hubiera realizado desde la perspectiva del personaje del gran Buster.

    Los padres del gran Buster llevaban una vida ambulante, siempre de ciudad en ciudad, de teatro en teatro. El espectáculo de los Keaton tuvo serios problemas con la Sociedad para la Prevención de la Crueldad con los Niños, a quienes desagradaba el número del pequeño gran Buster como la “bayeta humana”, ya que era motivo de lanzamientos y proezas que los espectadores de la época consideraron peligrosas. En sus memorias, el gran Buster compara su suerte con la de Charles Chaplin y Harold Lloyd, que conservaron sus riquezas hasta el final. El veterano cómico dice que no les envidiaba porque ellos ya no hacían cine y, en cambio, él sí, aunque fuera en pequeños papeles, y murió como nació, en el escenario.

    Sabemos que hizo papeles indignos de su talento. Si recordamos, por ejemplo, “El mundo está loco, loco, loco”, es un verdadero insulto para su valía. ¿Qué sería hoy esa superproducción si Stanley Kramer le hubiera dado un papel más predominante? Y ya ni te cuento si le hubieran dejado escribir gags. Sin embargo, su aparición en películas que no estaban a la altura se recuerda hoy, solo por su nombre en el reparto.

    Abrazos mil y buen finde.

    1. Es una película divertidísima, de entre sus mejores cortos. Creo que su modo de hacer humor funciona porque es consustancial al hecho cinematográfico, explota sus mecanismos y posibilidades, encaja en la naturaleza íntima del medio. Cosa que no ocurre con el Club de la Comedia, que aborrezco tanto como tú (de hecho, fuera de cámara, antes de cada actuación, interviene el “calentador” de público, es decir, la persona que antes de que salgan las “estrellas” dialoga, interacciona y hace al público reír y estar a gusto para que reciba y encaje mejor las bromas del cabeza de cartel).

      Esa capacidad de estos grandes genios hace que cualquiera de sus apariciones breves en cualquier sitio acapare las miradas y los recuerdos. Pienso, por ejemplo, y mira que la película es excelente, en la secuencia de partida de cartas de “El crepúsculo de los dioses”, con Keaton diciendo una única palabra, “paso”, mientras pone esa cara tan reconocible de los días del cine mudo. Esa cara, mostrada tan brevemente, en tan pocos segundos, es historia del cine y biografía personal, todo en uno. De esa cara puede escribirse un libro, hacerse una saga de películas, reflexionar sobre la vida y lo fútil y absurdo de ella. Nada que ver con los chascarrillos de barra de bar solo aptos para cuñados que promociona El Club de la Comierda, perdón, Comedia.

      Abrazos

  2. Esa escena que comentas de “Sunset Boulevard” es, simplemente, magistral. El gran Buster es el fantasma de sí mismo, como todos los que aparecen y habitan en esa casa. El viejo zorro hizo bien contratándolo porque ese breve momento de la aparición del gran Buster es muy grande porque lo es también la película. Quizá la película más grande jamás filmada sobre lo que fue un día Hollywood y los fantasmas que creó. No hay otra como ella.

    Una vez hice unas reflexiones en mi cuaderno de cine respecto a esto y dice así:

    ¿Cómo llegar al corazón de las películas de David Lynch? Posiblemente la respuesta esté en ese prodigio que es “Sunset Boulevard” del viejo zorro de Billy. Lynch dice sobre esta obra maestra: “Este largometraje es como una calle en otro mundo, una calle maravillosa. En una ocasión conversé con Billy Wilder y me confesó que la finca no se encontraba en “Sunset Boulevard”. Ojalá no lo hubiera descubierto nunca. ¡Por supuesto que está en Sunset Boulevard! Y todavía se encuentra allí.”

    David Lynch descubrió que “Sunset Boulevard”, una de sus “cinco películas preferidas”, como “una calle en otro mundo”. Es fácil comprender por qué al director de “Terciopelo azul” le resulta especialmente fascinante el aura morbosa que domina la principal localización del filme. La enorme y decadente casona es la imagen del viejo Hollywood, la era en la que las grandes estrellas – quizá porque no hablaban – todavía eran dioses, una época que pasó a la historia hace mucho. Una calle en otro mundo: la clave de las películas de David Lynch y quizá para los que amamos el cine de verdad.

    Más abrazos miles.

    1. Algo de eso hay en “Mullholand Dr.”, de Lynch. Siempre he pensado que esa película de Wilder es una de las mejores películas de fantasmas que se han hecho. Es más gótica y tétrica que la mayoría de las bobadas de terror que nos cuentan hoy, precisamente porque no tiene nada de sobrenatural, porque es un terror real, tangible, escalofriante. Es una radiografía del malditismo. Hollywood como mansión fantasmal tejida con el hilo de plata con el que se fabrican los sueños, y que va dejando espectros en el purgatorio.

      Abrazos

  3. Es un baile continuo de gags visuales.
    Cómo me he vuelto a reír viendo este cortometraje.
    Y es que Keaton además era un gran malabarista.
    Su cuerpo era su herramienta de trabajo.
    Atlético.
    Qué sentido del ritmo tiene el cortometraje, ¿verdad?
    El rostro de Buster, impasible ante la adversidad, pero siempre tira para adelante…

    Beso
    Hildy

    1. Eso es, mi querida Hildy. Es un manejo sobresaliente del ritmo y una forma de encadenar comicidades que está al alcance de muy pocos. De prácticamente nadie. Casi no hay respiro, pero hay la suficiente pausa para que te rías antes de volver a reírte. Pura sabiduría de dirección, trabajo de cámara y escritura. Los méritos físicos de Keaton, por otro lado, son para comprarse un sombrero para poder quitárselo uno ante la pantalla. Keaton, más que Chaplin (que también, pero algo menos, por explícito), es seguramente el primer filósofo de la historia del cine.

      Besos

  4. Me lo puse anoche sobre las dos, para hacer algo de sueño (soy cinéfilo trasnochador) y siguió la reproducción automática de youtube despues de más y más cortos de Keaton… Total que me dieron casi las 4, porque era incapaz de quitarlo.
    Keaton es un genio absoluto del arte cinematográfico. Como ejemplo, el gag del minuto 6:treintaipico, cuando se escabulle del policía pasando a off fílmico, aunque en la realidad el policía debería verlo… Es que es un genio porque no hay ni un solo recurso visual o escenográfico del que no eche mano y además sin recrearse en el artificio.
    Gracias por traerlo

    1. Ay, es que con el buen cine no se puede dormir… Keaton es un maestro, por su perfeccionamiento técnico, por la riqueza y vivacidad de sus películas, por cómo logra impregnar en ellas el espíritu de su tiempo, esa frontera entre los principios y valores “provincianos” decimonónicos y el cada vez más rugiente y vertiginoso desarrollo industrial y, como dices, por la abundancia de soluciones creativas y técnicas a planteamientos, en principio, engañosamente simples o convertidos en lugar común. Como decía por ahí arriba, Keaton es seguramente el primer filósofo de la historia del cine.

      Gracias a ti por venir aquí a verlo.

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