Cerrado por vacaciones

Como viene siendo habitual en las últimas temporadas, cerramos ciclo con este calipso de nuestro golfo favorito, Robert Mitchum. Aunque, como sucede también cada verano, el vigilante del puesto irá colgando por aquí algún contenido extra para aquellos escalones que no puedan vivir sin su dosis semanal.

¡Felices vacaciones!

El cine baja a la mina en La Torre de Babel de Aragón Radio

LO MEJOR DEL CINE: CAPITULO 79: HOW GREEN WAS MY VALLEY - QUE VERDE ERA MI  VALLE (1941)

Nueva entrega de la sección de cine en el programa La Torre de Babel, de Aragón Radio, la radio pública de Aragón, en este caso dedicada a películas que se han introducido en las explotaciones mineras de las profundidades de la tierra, o incluso de otros planetas: Las estrellas miran hacia abajo, ¡Qué verde era mi valle!, El gran carnaval, Odio en las entrañas, Atmófera cero, Germinal, Esa voz es una mina, Jandro, Pídele cuentas al rey…

(desde el minuto 17:30, aproximadamente]

Mis escenas favoritas: La última noche de Boris Grushenko (Love and Death, Woody Allen, 1975)

En la Rusia de principios del siglo XIX, Boris Grushenko vive obsesionado con la muerte y con su prima Sonia, aunque ella prefiere a Iván, uno de los hermanos de Boris. Pero Iván se casa, y Sonia, por despecho, contrae matrimonio con un rico comerciante de pescado. Obligado por su familia, Boris se alista en el ejército para luchar contra Napoleón e, inexplicablemente, se convierte en un héroe de guerra. A pesar de ser un pacifista convencido, la casualidad querrá que llegue a tener en sus manos el destino de Europa. Woody Allen parodia su propio gusto por la novela rusa decimonónica, en particular a Tolstói y Dostoyevski, en esta ácida comedia ambientada en los tiempos de las guerras napoleónicas y la invasión de Rusia por la Grande Armée.

Jazz moribundo: Alrededor de la medianoche (Autour de minuit (Round Midnight), Bertrand Tavernier, 1986)

Bertrand Tavernier, gran entusiasta y entendido en el género musical americano por excelencia, hace en esta película un hermoso homenaje al jazz a través de la figura de Dale Turner (el saxofonista Dexter Gordon), personaje ficticio inspirado en la lucha contra el alcoholismo del pianista Bud Powell y en el hundimiento en la depresión del saxofonista Lester Young. Una noche de 1959, en París, un agotado músico de jazz, al borde del colapso físico y personal, asombra a la clientela del club “Blue Note” con el elocuente y casi moribundo sonido de su saxo. Fuera del local, un hombre que no tiene dinero para la entrada ni para la consumición (François Cluzet, cuyo personaje se inspira igualmente en alguien real, el fanático del bebop Francis Paudras) lo escucha hechizado, anonadado, poseído. Sus respectivos estados de necesidad les abocan a vivir una gran amistad que se extiende de París a Nueva York.

La historia, dotada de una autenticidad inusitada (a la presencia de Gordon se une la de otros célebres intérpretes como Bobby Hutcherson y Herbie Hancock, responsable también de la supervisión musical de la película), que la aleja de otros clásicos tal vez solventes en lo dramático pero notablemente impostados en lo musical, como supone por ejemplo, ver a Paul Newman y Sidney Poitier como músicos de jazz en Un día volveré (Paris Blues, Martin Ritt, 1961), transita igualmente por los aledaños de la biografía del propio Gordon y combina el gusto de Tavernier por el meticuloso tratamiento visual (en particular, el empleo de diversos tonos de azul predominantes en distintos momentos clave de la película remiten a la paleta de colores de las portadas de varios álbumes del sello discográfico Blue Note) con la minuciosa construcción de la banda sonora, que además de potenciar, naturalmente, el aspecto musical, va acompañada de un empleo del sonido ambiente (voces ahogadas, conversaciones en murmullos, hielos contra el cristal de las copas…) que ayuda a conformar la que quizá es la más completa y verosímil evocación del jazz, y de la vida asociada al jazz, trasladada a la pantalla, que a su vez, merced a su tono primordialmente nostálgico, melancólico, funciona como elegía a lo que entonces (afortunadamente, de manera errónea) se consideraba un género musical próximo a la extinción.

Gordon obtuvo una nominación al Oscar por su papel, y falleció cuatro años más tarde.

Música para una banda sonora vital: Z (Costa-Gavras, 1969)

Potente e impetuosa partitura de Mikis Theodorakis para esta obra mayor del cine político dirigida por el grecofrancés Konstantinos Gavras, “Costa-Gavras”, que adapta una novela de Vasilis Vasilicós con guion del español Jorge Semprún. Un país indeterminado del entorno mediterráneo sirve de trasunto para exponer el clima de corrupción democrática, terror y violencia que en Grecia dio paso al “golpe de los coroneles” y a la dictadura. Terrorismo de estado para la eliminación de rivales políticos y una investigación policial y periodística conforman un clásico imperecedero que puede leerse como un estupendo thriller o como un contundente alegato político, en ambos casos impulsado al ritmo inapelable de la extraordinaria partitura de Theodorakis.

A fondo con Néstor Almendros

Entrevista concedida por el más importante de los directores de fotografía españoles (por más que la inmensa mayoría de su carrera la desarrollara fuera del cine español) al mítico programa de televisión de Joaquín Soler Serrano. Una gran ocasión de conocer con su propia voz (y ese particular deje mexicano, italiano o francés, al pronunciar el castellano) las experiencias de este gran maestro de la luz en el cine.

Mis escenas favoritas: En un lugar solitario (In a Lonely Place, Nicholas Ray, 1950)

Dixon Steele es uno de los personajes más memorables de Humphrey Bogart. La película, una obra maestra construida meticulosamente para la explotación máxima de sus cualidades como actor (se trataba de una producción Santana, la compañía propiedad de Bogart, bautizada del mismo modo que su yate), es un raro y excelso thriller romántico con tintes noir en el marco de una de las historias de amor más oscuras y retorcidas del cine clásico. La interpretación de Bogart, dura, excesiva e inquietante, probablemente la mejor de su carrera, resalta su brutalidad en contraste con la sutil inteligencia del guion y la sofisticada elaboración de la puesta en escena, encarnadas en la coprotagonista Gloria Grahame.

Música para una banda sonora vital: Días del cielo (Days of Heaven, Terrence Malick, 1978)

Gran parte del crédito obtenido (la inmensa mayor parte, a decir verdad) por Terrence Malick como director se debe a esta película, y en particular a la labor de Néstor Almendros (del que daremos abundante cuenta aquí en breve) en la dirección de fotografía y a la partitura compuesta por Ennio Morricone. Es en la música y en la fotografía (premiada con un Oscar) donde reside la inconmensurable hermosura formal y la abrumadora carga de emotividad de la cautivadora historia de tres jóvenes que, huyendo de la miseria del Chicago de 1916, se hacen pasar por hermanos para emplearse como braceros en un rancho, y del drama sentimental que estalla cuando el patrón se enamora de Abby, la chica del grupo.

Japón visto por el cine occidental, en La Torre de Babel de Aragón Radio

Nueva entrega de la sección de cine en el programa La Torre de Babel, de Aragón Radio, la radio pública de Aragón, en este caso dedicada a películas y cineastas que se han aproximado a Japón y a la cultura y sociedad niponas desde el extranjero. De John Huston a Martin Scorsese, de Alain Resnais a Samuel Fuller, Sydney Pollack o Sofia Coppola, entre muchos otros.

(desde el minuto 17:14)