Mis escenas favoritas: Un rey en Nueva York (A King in New York, Charles Chaplin, 1957)

El conocido ajuste de cuentas cinematográfico de Charles Chaplin al trato recibido por las autoridades norteamericanas en plena «caza de brujas» tiene su máxima expresión en esta escena protagonizada por su hijo Michael, en la que los algo vetustos y anacrónicos gags visuales acompañan la puesta en escena del «Yo acuso» del artista británico a su primer país de adopción. Una diatriba algo más que simplista y demagógica que, sin embargo, resulta adecuado antídoto contra el discurso propugnado desde el extremo opuesto, no menos gratuito y reduccionista. Chaplin, en su penúltima película, tres años después de ver impedido su retorno a Estados Unidos por la retirada de su visado, emplea el arma de la risa para abofetear a gusto y sin piedad a los defensores de las tesis de McCarthy.

4 comentarios sobre “Mis escenas favoritas: Un rey en Nueva York (A King in New York, Charles Chaplin, 1957)

  1. Pues a mí la postura de Chaplin aquí no me ha aparecido tan demagógica y parcial porque el chaval, que habla tanto de libertad y democracia, no deja hablar al monarca… En este caso se ríe y crítica la inflexibilidad del anarquista.
    Jo, si han pasado años desde que la vi en el ciclo de la 2 de 1988… Debería volver a verla para recordarla y conocer de verdad su significado con mis ojos actuales.

  2. Bueno, la virtud es que se critica y se ríe tanto de McCarthy como de los supuestos comunistas americanos (y no americanos). Normalmente, los más grandes, la inteligencia, reside ahí, en chotearse de todos o en saber criticar a todos. El que se enrolla en una bandera y repite proclamas como un loro, en algún momento ha desactivado su cerebro.

  3. La secuencia me ha provocado una ternura tal que ha hecho que me apetezca mucho volver a ver de nuevo esta película, que no deja de ser bastante triste. Pero ¿curiosamente qué largometraje de Chaplin no es además triste dentro de la risa que provoca?
    Es cierto que se ríe de todo, pero el niño dice cosas interesantes para un buen debate: «cualquier forma de gobierno me fastidia» y «no me gusta la palabra gobernar». Así como las pocas replicas que deja al monarca… La verdad es que toda la escena es para comentarla punto por punto… con gags incluidos.

    Beso charlotiano
    Hildy

    1. Esa es la gran virtud y, según muchos (y a veces, con razón) el gran defecto de Chaplin, que la sensibilidad, que lo sentimental, superaba a veces los límites de lo sensiblero. No me parece aquí el caso, pero además, en tanto que defecto (que la sensiblería lo es, y grave, al menos en las películas), prefiero verlo en modo positivo, es decir, que Chaplin fue clave en el lenguaje cinematográfico y en las relaciones entre cine y público al introducir un elemento decisivo que podría denominarse «el factor humano».

      El chaval es un anarquista, lo cual ya en los cincuenta sonaba anticuado. Ahí está la gracia. Pero además, en su infantilismo, en su ingenuidad, desarma al extremo contrario, los cazadores de brujas, puesto que tales majaderías y candideces no puede créerselas una persona con dos dedos de frente, a pesar de su aparente rigor científico-político. Es una magnífica escena, en efecto, para hablar de eso de la afirmación y negación de contrarios.

      Besos anárquicos

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