Mis escenas favoritas: Noches de sol (White Nights, Taylor Hackford, 1985)

Mikhail Baryshnikov, quien en su día alabó y reconoció a Fred Astaire como mejor y más popular bailarín del mundo, fue invitado a hablar en el homenaje que el American Film Institute celebró en honor del actor en 1981. El astro del ballet clásico, para sorpresa de todos, arrancó así su discurso: «No es un secreto. Todos le odiamos». Baryshnikov prosiguió desvelando palabras tan sinceras, como sorprendentes. «Nos crea complejos porque es demasiado perfecto; su problema es que siempre se está moviendo. Tú terminas tu función, recibes los aplausos y piensas que quizás, sólo quizás, fue un éxito, y te vas a casa… Enciendes la televisión para relajarte y ahí está él, perfecto». «Recordad lo que dijo Ilie Nastase sobre Bjorn Borg», añadió el fenómeno ruso-americano, «nosotros jugamos al tenis; él juega a otra cosa… pues lo mismo sucede con Fred Astaire, nosotros bailamos, pero él hace otra cosa». En otra ocasión, añadió: «Ningún bailarín puede ver a Fred Astaire y no saber que todos deberíamos haber estado en otro negocio».

Baryshnikov se aproximó algo al ídolo americano en esta secuencia junto a Gregory Hines, perteneciente a una película en la que se narra una historia muy similiar a la suya, de disidencia política y amor al arte de la danza.

8 comentarios sobre “Mis escenas favoritas: Noches de sol (White Nights, Taylor Hackford, 1985)

  1. Las pelis de Fred Astaire y Ginger Rogers siempre las ponían por las tardes -o al menos ese recuerdo infantil tengo yo- y el caso es que me molaban y no sé porqué, pero esa pareja me parecía mítica. Y muy simpática, también. ¡Y aquellos tacones como una ametralladora me encandilaban! Qué cosas veíamos los niños entonces…
    Ah, y hay por ahí una peli con un Astaire anciano que va a una residencia pero «salva» las relaciones de su familia, o algo así, que ya no lo recuerdo, donde el hombrecico me parecía entrañable…

    1. A Family Upside Down (1978), no sé cómo se llamó aquí.

      Fred y Ginger no se podían ni ver. De hecho, él creaba y ensayaba las coreografías junto a su colega Hermes Pan, y este era quien, después, enseñaba y practicaba lo inventado con Ginger Rogers. Probablemente, sus bailes juntos fueron sus mejores interpretaciones, y no precisamente por el talento bailarín.

  2. ¡No sabes lo que me gusta NOCHES DE SOL! Es una película que me resulta fascinante dentro del género de cine musical. ¡Y es verdad esa secuencia es lo más cercano de Baryshnikov a Astaire, acompañado del magnífico George Hines!
    Esta película tiene momentos musicales tan brutales como el que compartes o con el que empieza la película.
    Beso
    Hildy

    1. Pues ya ves, con lo poco de musicales que soy yo… Recordaba este momento, pero solo la he visto una vez, y hay cosas que no recuerdo bien. Tendría que echarle otra vez mis cuatro ojos…

      Besos

  3. Mikhail fue en su momento un gran bailarín, como Nijinski capaz de dar piruetas con altura olímpica y elegancia exquisita.
    Otro ejemplo de lo triste que era ver a grandes artistas escaparse al oeste en busca de lo que más deseaban, cada uno a su interés particular.
    Supongo que en su asentamiento en los USA a través de asilo político tuvo la suerte de saber quedar muy bien elogiando al gran Fred, que debió agradecerle en su fuero interno el elogio en lo que valía por venir de un colega de enorme valía pero nunca competidor, danzarines ambos de campos bien diferenciados.
    Esta película intentó aprovechar la circunstancia del tránsito este a oeste de Mikhail y lo que más se recuerda de ella, efectivamente, son los números de baile, ciertamente bien filmados, dejando que veamos lo bien que bailan ambos.

    Un abrazo.

    1. No estoy seguro de que la huida a Occidente de estos artistas fuera un espectáculo triste; más lo era, en mi opinión, permanecer en una dictadura con todas sus libertades, incluidas las profesionales, amputadas.

      De la película quedó también una famosa canción de Lionel Richie, que ganó el Oscar, si mal no recuerdo.

      Un abrazo

      1. Hombre, el hecho de tener que abandonar en una huída tu lugar de nacimiento para poder expresarte libremente es muy triste: quedarse y sufrir prisión por tratar de ser libre no es triste: es una aberración. Durante años el muro de Berlin fue noticia por los intentos de saltarlo y queda, en la memoria de los que leíamos las penurias de los que pedían asilo político, como una tristísima muestra de lo que es cercenar la libertad de moverse a donde uno le convenga.
        En aquella época, los que querían irse formaban dos grupos: los artistas y deportistas que aprovechaban una gira para darse el piro y los pobres desgraciados que se jugaban la vida intentando saltar el muro. Los primeros, si salía mal, acababan entre rejas; los segundos, bajo tierra.
        Y quizás porque el régimen español lo aprovechaba para machacar a «los rojos» lo cierto es que no dejaban de dar ni una noticia de las muchas que sucedieron, tanto de los que daban el salto de forma artística como de los que lo intentaban con sus medios y a veces lo conseguían y otras no.
        Y sí: produce mucha tristeza ver que se coarta la libertad del ciudadano para moverse libremente.

        Lionel Ritchie, en los ochenta, se escuchaba a todas horas en la radio y esa canción, «say you, say me» te la encontrabas hasta en la sopa. Una especie de R&B con pretensiones de Soul que atronaba por doquier.

        Un abrazo.

  4. Pues sí que estaba el régimen español para presumir… Lo que no se entiende es que deberíamos haber aprendido de estas cosas, y no.

    Yo recuerdo de entonces esta canción en competencia con la de Cazafantasmas. Qué horror…

    Un abrazo

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