Cine en fotos: Asta (Skippy)

Puede ser una imagen de perro y texto que dice "MR. ASTA"

Aquí el amigo Skippy, una de las grandes estrellas caninas de los años 30, un fox terrier artísticamente conocido como Asta que se convertiría en una de las grandes celebridades de su época. Formó parte del reparto de la saga de películas de “El hombre delgado”, abierta con La cena de los acusados (The Thin Man, W. S. Van Dyke, 1934), de La pícara puritana (The Awful Truth, Leo McCarey, 1937) y de La fiera de mi niña (Bringing Up, Baby, Howard Hawks, 1938), entre otras, siendo también inspiración para el perrete Uggie de la horrenda The Artist.

Cine en fotos: Ingrid Bergman

Puede ser una imagen en blanco y negro de 1 persona

La infancia de Ingrid Bergman fue muy dura. Perdió a su madre a los tres años, a su padre a los catorce, y a la tía con la que fue a vivir solo seis meses después. Tímida patológica, no obstante, debutó en el cine como extra en 1933, y ya como actriz de reparto al año siguiente. Durante el rodaje en Alemania de El pacto de los cuatro (Die vier Gesellen, Carl Froelich, 1938), Joseph Goebbels intentó reclutarla para que hiciera películas para el III Reich, pero, tras el éxito internacional de Intermezzo (Gustav Molander, 1936), ella prefirió, siguiendo a Greta Garbo (al igual que ella, también había sido admitida muy joven como alumna de la Real Escuela de Teatro Dramático), saltar a Hollywood. El resto es historia del cine.

Cine en fotos: Los gritos del silencio (The Killing Fields, Roland Joffé, 1984)

Puede ser una imagen en blanco y negro de 4 personas y personas de pie

Haing S. Ngor (derecha, junto a Sam Waterston) fue un médico (cirujano y ginecólogo) y actor camboyano de origen chino, célebre sobre todo por su Oscar al mejor actor secundario recibido por su participación en Los gritos del silencio (The Killing Fields, Roland Joffé, 1984), película que narra la tragedia de los campos de la muerte de la genocida dictadura jmer. Ngor, internado en uno de esos campos, tuvo que ocultar a ojos de sus captores tanto su origen chino como su profesión, ya que lo habrían ejecutado de inmediato por cualquiera de esos motivos, lo cual le impidió atender el embarazo de su esposa, que murió en el parto junto con la criatura. Huido de su prisión, tras trabajar como médico en un campo de refugiados en Tailandia, en 1980 emigró a los Estados Unidos, donde vivió hasta su asesinato en 1996 a manos de tres destacados miembros de la banda Oriental Lazy Boys, conocidos ladrones de carteras y joyas. El móvil de la paliza que le propinaron y el posterior asesinato parece ser la negativa de Ngor a entregarles un relicario de oro que contenía una imagen de su esposa (ya le habían “requisado” su Rolex). Los abogados defensores intentaron culpar a grupos de izquierda simpatizantes de los jmeres rojos, en supuesta venganza ante las revelaciones de Ngor en el libro que sobre sus experiencias bajo su régimen de terror publicó en 1988, pero no pudieron aportar pruebas sólidas de sus afirmaciones.

Cine en fotos: Luis Buñuel, la violencia y el progreso

Puede ser una imagen de 1 persona e interior

“Digo ahora con humor lo que antes decía con violencia. Cada vez me siento menos inclinado hacia la violencia… Actualmente el escándalo y la violencia priman en todas partes: guerras, revoluciones, terrorismo… Con lo cual el escándalo y la violencia ya no sirven para nada, han perdido su eficacia para nosotros, los artistas. Actualmente me siento muy poco violento. Violento, sí, lo soy, imaginativamente. Sin duda, me mantengo fiel a las revueltas de mi pasado, pero hoy, entre tanta confusión ideológica, mis ilusiones casi han desaparecido y no puedo, por experiencia, tener confianza en los nuevos regímenes políticos.El su­rrealismo ha pasado a la vida. Hoy en día la violencia está en todas partes. Hay guerras, revoluciones, te­rrorismo. La violencia no sirve ya para nada. No hay nada que escandalice. El arte necesitaba armas. Ahora las armas no sirven para nada. Yo he sido un terrorista teórico. Actualmente desprecio el terrorismo, incluso al teórico. Atacar la violencia con violencia es absurdo. No quiero hacer el pa­pel de profeta, pero pienso que nos acercamos a la catástrofe final. Si no es por la bomba atómica, será por la destrucción del medio am­biente. Miren ustedes la publicidad que se le da a la violencia. El exceso de información es como la peste. Hoy los terroristas tienen más cartel que las estrellas de cine. Se suponía que en nuestro siglo iban a acabarse las dictaduras, pero termina una y surgen dos. Y el “smog”, y la pesadilla del ruido y de la música enlatada, y el caos que son las ciudades. No creo más en el progreso social. Sólo puedo creer en unos pocos individuos excepcionales y de buena fe, aunque fracasen, como Nazarín“.

El cine baja a la mina en La Torre de Babel de Aragón Radio

LO MEJOR DEL CINE: CAPITULO 79: HOW GREEN WAS MY VALLEY - QUE VERDE ERA MI  VALLE (1941)

Nueva entrega de la sección de cine en el programa La Torre de Babel, de Aragón Radio, la radio pública de Aragón, en este caso dedicada a películas que se han introducido en las explotaciones mineras de las profundidades de la tierra, o incluso de otros planetas: Las estrellas miran hacia abajo, ¡Qué verde era mi valle!, El gran carnaval, Odio en las entrañas, Atmófera cero, Germinal, Esa voz es una mina, Jandro, Pídele cuentas al rey…

(desde el minuto 17:30, aproximadamente]

Mis escenas favoritas: La última noche de Boris Grushenko (Love and Death, Woody Allen, 1975)

En la Rusia de principios del siglo XIX, Boris Grushenko vive obsesionado con la muerte y con su prima Sonia, aunque ella prefiere a Iván, uno de los hermanos de Boris. Pero Iván se casa, y Sonia, por despecho, contrae matrimonio con un rico comerciante de pescado. Obligado por su familia, Boris se alista en el ejército para luchar contra Napoleón e, inexplicablemente, se convierte en un héroe de guerra. A pesar de ser un pacifista convencido, la casualidad querrá que llegue a tener en sus manos el destino de Europa. Woody Allen parodia su propio gusto por la novela rusa decimonónica, en particular a Tolstói y Dostoyevski, en esta ácida comedia ambientada en los tiempos de las guerras napoleónicas y la invasión de Rusia por la Grande Armée.

Jazz moribundo: Alrededor de la medianoche (Autour de minuit (Round Midnight), Bertrand Tavernier, 1986)

Bertrand Tavernier, gran entusiasta y entendido en el género musical americano por excelencia, hace en esta película un hermoso homenaje al jazz a través de la figura de Dale Turner (el saxofonista Dexter Gordon), personaje ficticio inspirado en la lucha contra el alcoholismo del pianista Bud Powell y en el hundimiento en la depresión del saxofonista Lester Young. Una noche de 1959, en París, un agotado músico de jazz, al borde del colapso físico y personal, asombra a la clientela del club “Blue Note” con el elocuente y casi moribundo sonido de su saxo. Fuera del local, un hombre que no tiene dinero para la entrada ni para la consumición (François Cluzet, cuyo personaje se inspira igualmente en alguien real, el fanático del bebop Francis Paudras) lo escucha hechizado, anonadado, poseído. Sus respectivos estados de necesidad les abocan a vivir una gran amistad que se extiende de París a Nueva York.

La historia, dotada de una autenticidad inusitada (a la presencia de Gordon se une la de otros célebres intérpretes como Bobby Hutcherson y Herbie Hancock, responsable también de la supervisión musical de la película), que la aleja de otros clásicos tal vez solventes en lo dramático pero notablemente impostados en lo musical, como supone por ejemplo, ver a Paul Newman y Sidney Poitier como músicos de jazz en Un día volveré (Paris Blues, Martin Ritt, 1961), transita igualmente por los aledaños de la biografía del propio Gordon y combina el gusto de Tavernier por el meticuloso tratamiento visual (en particular, el empleo de diversos tonos de azul predominantes en distintos momentos clave de la película remiten a la paleta de colores de las portadas de varios álbumes del sello discográfico Blue Note) con la minuciosa construcción de la banda sonora, que además de potenciar, naturalmente, el aspecto musical, va acompañada de un empleo del sonido ambiente (voces ahogadas, conversaciones en murmullos, hielos contra el cristal de las copas…) que ayuda a conformar la que quizá es la más completa y verosímil evocación del jazz, y de la vida asociada al jazz, trasladada a la pantalla, que a su vez, merced a su tono primordialmente nostálgico, melancólico, funciona como elegía a lo que entonces (afortunadamente, de manera errónea) se consideraba un género musical próximo a la extinción.

Gordon obtuvo una nominación al Oscar por su papel, y falleció cuatro años más tarde.

Música para una banda sonora vital: Z (Costa-Gavras, 1969)

Potente e impetuosa partitura de Mikis Theodorakis para esta obra mayor del cine político dirigida por el grecofrancés Konstantinos Gavras, “Costa-Gavras”, que adapta una novela de Vasilis Vasilicós con guion del español Jorge Semprún. Un país indeterminado del entorno mediterráneo sirve de trasunto para exponer el clima de corrupción democrática, terror y violencia que en Grecia dio paso al “golpe de los coroneles” y a la dictadura. Terrorismo de estado para la eliminación de rivales políticos y una investigación policial y periodística conforman un clásico imperecedero que puede leerse como un estupendo thriller o como un contundente alegato político, en ambos casos impulsado al ritmo inapelable de la extraordinaria partitura de Theodorakis.

A fondo con Néstor Almendros

Entrevista concedida por el más importante de los directores de fotografía españoles (por más que la inmensa mayoría de su carrera la desarrollara fuera del cine español) al mítico programa de televisión de Joaquín Soler Serrano. Una gran ocasión de conocer con su propia voz (y ese particular deje mexicano, italiano o francés, al pronunciar el castellano) las experiencias de este gran maestro de la luz en el cine.