Diario Aragonés – La invención de Hugo


Título original:
Hugo (Hugo Cabret)
Año: 2011
Nacionalidad: Estados Unidos
Dirección: Martin Scorsese
Guión: John Logan, sobre el libro de Brian Selznick
Música: Howard Shore
Fotografía: Robert Richardson
Reparto: Asa Butterfield, Chloe Moretz, Ben Kingsley, Sacha Baron Cohen, Jude Law, Emily Mortimer, Michael Stuhlbarg, Ray Winstone, Christopher Lee, Richard Griffiths, Helen McCrory, Frances de la Tour
Duración: 127 minutos

Sinopsis: Hugo es un joven huérfano que vive a cargo de su tío en una estación de ferrocarril parisina durante los años 30 del siglo XX. Mientras su tío se emborracha y vaguea, Hugo se hace cargo de su trabajo, el mantenimiento de los relojes de la estación. Un día encuentra la manera de poner en funcionamiento el único recuerdo que le queda de su padre, un autómata escribiente recuperado de un museo. El robot no es más que la puerta de un maravilloso misterio de magia y sueños en el que Hugo estará acompañado de una chica, la nieta de un viejo vendedor de juguetes de la galería comercial de la estación al que llaman Papá George.


Comentario:
La última película de Martin Scorsese resulta totalmente atípica en su filmografía. Presidida habitualmente por poderosos dramas humanos casi siempre ligados a una violencia cruda y descarnada, en esta ocasión la labor del director se concentra en poner imágenes a un exitoso libro infantil lleno de magia y sensibilidad orientado al público familiar, y que al mismo tiempo es un homenaje directo al cine y a su nacimiento como teatro de sueños. Ello no es óbice para que Scorsese (que se reserva un simpático cameo como fotógrafo) nos regale una película magnífica, a medio camino entre los dibujos animados, el cuento de época y la fantasía en tres dimensiones, un tanto alejada de la cinefilia a la que nos tiene acostumbrados, pero por otra parte encadenada a los orígenes del séptimo arte como vehículo de ensoñaciones, ilusión y esperanzas.

La historia toma como origen el auténtico final vivido por George Méliès, uno de los padres, junto a David W. Griffith, del cine como medio de narración de historias. En sus últimos años, apartado del cine tras los horrores de la I Guerra Mundial, Méliès sobrevivió gracias a una tienda de juguetes y artículos curiosos que regentó en una estación de tren parisina, con los viajeros y la gente de paso como principales clientes [continuar leyendo]

La tienda de los horrores – Las mujeres-gato de la Luna

Esta sección se viste de gala para recibir a posiblemente una de las peores películas de todos los tiempos, nada menos que Las mujeres gato de la luna (1953), dirigida por Arthur Hilton (nada que ver, en principio, con los hoteles) y protagonizada por Marie Windsor, Sonny Tufts, Victor Jory y un catálogo de increíbles mujeres gatuno-selenitas. La película lo tiene todo para ser un absoluto bochorno: un guión lamentable repleto de situaciones ridículas, un reparto nefasto que hace lo que puede, o sea, nada, con un texto delirante, una escenografía de todo a cien y unos efectos especiales que son simplemente defectos sin especialidad alguna. Es una cosa tan extraña, tan impresentable, tan asombrosamente extravagante, que casi hay que verla.

Las mamarrachadas comienzan desde el principio, con la primera escena: una nave espacial tripulada por cinco astronautas, cuatro hombres y una mujer, va camino del satélite de la Tierra. Los primeros minutos no tienen desperdicio: el lenguaje pseudo-técnico relacionado con la travesía espacial, la comunicación con el mando terrestre y la “artesanal” presentación de los personajes sólo tienen comparación con la nulidad de los efectos especiales y la horrorosa ambientación espacial: esta nave no es más que el decorado de una oficina de mediados de los cincuenta, con sus archivadores, escritorios, sillas con ruedas, lámparas, relojes y demás, eso sí, con unas hamacas que, colgadas de las paredes, hacen de habitáculo de descanso para los tripulantes. Pero eso no es lo peor, porque la llegada a la Luna supone el hallazgo de una inmensa cueva de atmósfera similar a la Tierra, es decir, con oxígeno respirable por los humanos, en la que, tras el descacharrante ataque de unas arañas gigantes y peludas que parecen Trancas y Barrancas (no perderse esta secuencia, de verdad, es de lo “mejor” que se puede ver, y se verá nunca, en una pantalla), los astronautas descubren una civilización únicamente compuesta de mujeres-gato con poderes telepáticos. De hecho, ahí radica el secreto que gobierna esta extraña misión: son ellas, con su influencia telepática, las que han provocado el envío desde la Tierra de la nave y la inclusión en ella de Helen, la astronauta, con el fin de, ejerciendo sus poderes, convencer a los tripulantes de que las lleven a la Tierra y así huir de su abandono en el satélite, con la voluntad, eso sí, de controlar telepáticamente los cerebros de todos los seres humanos y así dominar el planeta desde su llegada… Creo que si cualquier grupo de niños diseñara una fantasía similar para sus juegos, sus padres no dudarían en encerrarlos en el frenopático más próximo.

Que conste que Hilton no era ningún inútil. Arthur Hilton había sido montador de dos excelentes películas, Perversidad de Fritz Lang y Forajidos de Robert Siodmak, entre otras, y conocía a la perfección el arte de contar buenas historias. Sin embargo, la primera escena del film, ya comentada, se las trae, pero sólo es el principio de lo que sigue. Continuar leyendo “La tienda de los horrores – Las mujeres-gato de la Luna”