Quentin Tarantino: ¿genio, copión o farsante?

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Sabido es que en el mundo del cine no hay nada nuevo bajo el sol. Todo está inventado. De hecho todo lo estaba ya antes de la llegada del cine sonoro, excepto el uso del sonido, por supuesto. Por eso resulta cuando menos prudente relativizar aquellos fenómenos surgidos, aparentemente de manera repentina, y que de inmediato mueven a otorgar etiquetas de genio, de maestro de la innovación, de insuflador de aire fresco, a diestro y siniestro sobre criterios más bien precarios, de la misma forma que exige plantearse el valor real que supone crear cine aparentemente nuevo gracias a la mixtura de mimbres ya lo suficientemente dados de sí por grandes maestros del cine. Un ejemplo paradigmático de esta doble tendencia, la consagración automática e irreflexiva y la degradación refleja e igual de irreflexiva, es la figura de Quentin Tarantino, el niño mimado de parte de la crítica de los noventa que con el tiempo ha ido adquiriendo su lugar real en el planeta cine.

Cierto es que sólo hay tres o cuatro historias que se repiten constantemente en el cine, el teatro y la literatura. Estas artes, en el fondo, no son sino la continua variación en la forma de contar una y otra vez las mismas historias, y Tarantino no es una excepción. Sólo que su mayor valor, o al menos el más destacado por la crítica, “su” especial forma de contarlo, no es ni nueva ni suya, aunque, al igual que sucede con otros directores de culto como Pedro Almodóvar, consigue con elementos ajenos que forman parte del imaginario colectivo y de la cultura cinematográfica del espectador, crear productos nuevos que, si bien no son en nada originales, funcionan. Continuar leyendo “Quentin Tarantino: ¿genio, copión o farsante?”

Música para una banda sonora vital – Abierto hasta el amanecer

Cuando termina el sensual baile de Salma Hayek en esta paranoia rodada por Robert Rodriguez, el personaje de George Clooney dice: “a esto le llamo yo un buen show”. Pues a esto le llamo yo entrada en el estrellato por la puerta grande. De acuerdo: la fama adquirida por la Hayek a raíz de esta cinta, extraña mezcla entre el buen cine negro y el más absoluto delirio mental sin tratamiento posible, no se debe a sus cualidades interpretativas, que aún no sé si las tiene, pero esto también es cine, amigos. Y menudo…

Ah, sí, la canción. Pues se llama After dark, pero lo cierto es que nunca le he llegado a prestar mucha atención ni tampoco me he molestado mucho en averiguar cómo se llaman los intérpretes.