Mis escena favoritas: Rocco y sus hermanos (Rocco e i suoi fratelli, Luchino Visconti, 1960)

Sublime momento en los altos de la catedral de Milán, tanto por el contenido dramático como por la forma en que se relaciona con el empleo del espacio, para esta maravillosa película de Luchino Visconti. Espléndido reparto (Alain Delon, Renato Salvatori, Annie Girardot, Katina Paxinou o Claudia Cardinale, entre muchos otros), música de Nino Rota y fotografía de Giuseppe Rotunno en una colosal obra maestra que, como todo clásico, pervive con toda la fuerza de su mensaje.

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Mis escenas favoritas: Las petroleras (Les pétroleuses, Christian-Jaque, 1971)

Las cosas como son. De todo el western europeo, el western francés es, con diferencia (y con permiso del alemán), el peor de todos (que ya es decir), con la salvedad de Sol rojo (Soleil rouge, Terence Young, 1971), seguramente porque en ella lo más francés que hay es Alain Delon.

Dentro de las castañas que suelen ser los westerns franceses, este de Christian-Jaque resultaría especialmente espantoso si no fuera por la presencia de Brigitte Bardot y Claudia Cardinale, en particular en esta secuencia de lucha en la arena de España, que es donde se rodó la película (en Tabernas, Almería, y Cascajares de la Sierra, Burgos). Como coproducción española que es, en la película aparecen también conocidos rostros hispánicos y asimilados como Patty Sheppard, Emma Cohen, José Luis López Vázquez, Teresa Rabal, Manuel Zarzo, José María Caffarel o Teresa Gimpera. Pero BB y CC, son BB y CC.

Crónica de una liberación: ¿Arde París? (Paris brûle-t-il?, René Clément, 1966)

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“Teruel”. “Madrid”. Uno de los más apreciables detalles, al menos por parte del público español, del guión de ¿Arde París? (Paris brûle-t-il? / Is Paris burning?, René Clément, 1966), coescrito por los norteamericanos Gore Vidal y Francis Ford Coppola (nada menos) a partir del best-seller de Dominique LaPierre y Larry Collins del mismo título, está en la conservación de los nombres con que los ex combatientes de la República Española bautizaron los blindados y demás vehículos de la 2ª división blindada del ejército francés, conocida como División Leclerc (por el nombre de su oficial al mando), las más célebres tropas de la Francia libre que combatieron en la Segunda Guerra Mundial por la liberación de su país del yugo nazi y del gobierno colaboracionista de Vichy, y que fueron las primeras, con los españoles por delante, en entrar en la capital cuando los alemanes iniciaron la retirada. Dentro de esta división, la novena compañía, conocida como La Nueve, estaba integrada por más de un centenar de españoles que combatían bajo la bandera republicana española, emblema de la unidad, aunque en otras compañías de las tropas de Leclerc, formadas en Chad y en campaña por toda el África Occidental Francesa primero, y por Europa, vía Normandía, después, desde el principio de la guerra abundaban los soldados españoles con uniforme francés en lucha contra el mismo fascismo que les había derrotado en España.

La entrada de Leclerc en París supone el punto culminante de esta superproducción europea dirigida por René Clément, cineasta encumbrado apenas años antes por su adaptación de Patricia Highsmith en A pleno sol (Plein soleil, 1960), que funciona como crónica de los hechos que rodearon la recuperación de París por los aliados, en especial del movimiento de Resistencia que en los últimos días de la ocupación alemana empezó a hostigar a los soldados nazis y a asaltar edificios emblemáticos de una ciudad de la que Hitler en persona había ordenado terminantemente no dejar piedra sobre piedra, incluidos monumentos, edificios históricos, lugares turísticos, etc… Es decir, todo aquello que los nazis no podrían llevarse con ellos (recuérdese El tren). Desde este punto de vista, la película pretende funcionar como otros grandes títulos bélicos del momento, caracterizados por la narración exhaustiva y con ritmo ágil y perspectiva múltiple de acontecimientos históricos mezclados con las historias particulares de los numerosos protagonistas que, con carácter episódico y de manera coral, salpican las tres horas de metraje y a los que da vida. En este sentido, como sus coetáneas, acapara un reparto de lujo entre actores franceses, alemanes y norteamericanos, a saber: Jean-Paul Belmondo, Charles Boyer, Leslie Caron, Jean-Pierre Cassel, George Chakiris, Claude Dauphin, Alain Delon, Kirk Douglas, Pierre Dux, Glenn Ford, Gert Fröbe, Daniel Gélin, Yves Montand, Anthony Perkins, Michel Piccoli, Simone Signoret, Robert Stack, Jean-Louis Trintignant, Pierre Vaneck y Orson Welles. Con el habitual desequilibrio de estas producciones en el tiempo e intensidad dedicados a cada segmento del poliedro que compone el conjunto (el diplomático sueco que interpreta Orson Welles y que ejerce de negociador humanitario entre los todavía ocupantes alemanes y los rebeldes franceses, por ejemplo, salpica sus apariciones a lo largo del filme, mientras que, por ejemplo, el general Patton que interpreta Kirk Douglas apenas aparece en una breve escena, al mismo tiempo que las apariciones de Belmondo, Delon o Signoret saben a muy poco), el valor de la cinta estriba en su condición de documento realista y veraz, aunque siempre desde el empalagoso sentimiento patriótico francés, de los sucesos acaecidos pocas semanas después del desembarco de Normandía, y en su mezcla de imágenes auténticas extraídas de filmaciones provenientes de las grabaciones efectuadas por ambos bandos durante la lucha callejera en París con la reconstrucción o la reinvención dramática de los hechos. De este modo, Clément, Vidal y Coppola transitan por los distintos escenarios que se dieron durante aquellos días, sumando piezas a un puzzle que pretende ser un compendio de estereotipos, tópicos y realidades: los comandos de Resistencia que ocupan tal o cual edificio, los oficiales alemanes deseosos de cumplir los destructivos mandatos de Hitler y el soldado dubitativo que lamenta profundamente tener que aniquilar una ciudad, los traidores que actúan como doble agente y venden a sus camaradas de armas, los soldados franceses ansiosos por entrar en su capital, los americanos y británicos que dudan sobre si la estrategia más conveniente no es evitar París y seguir adelante hacia el Rhin porque temen una fuerte oposición que retrace su avance, los combates callejeros, las pequeñas treguas, las carreras y las huidas bajo el toque de queda o la amenaza de los francotiradores, la alegría de la victoria, la euforia callejera, los bailes y el champán, los besos y las canciones, las risas y las borracheras, los noviazgos repentinos (y momentáneos) y la preocupación por lo que deparará el día de mañana… Continuar leyendo “Crónica de una liberación: ¿Arde París? (Paris brûle-t-il?, René Clément, 1966)”

Film noir forever: Historia de un policía (Flic story, Jacques Deray, 1975)

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Uno de los aspectos más apasionantes del cine negro -o, teniendo en cuenta el origen francés del término, el film noir- es la retroalimentación de las relaciones literarias y cinematográficas de esta corriente a ambos lados del Atlántico, en especial entre Francia y los Estados Unidos (o a tres bandas, incluyendo en ocasiones a Japón). En el caso francés en particular, la tradición negra corre paralela a la estadounidense, gozando de plena salud hasta bien entrados los años setenta o incluso con breves destellos posteriores. Uno de los directores más presentes en esta época del neo-noir francés es Jacques Deray, autor de algunos de los clásicos de esta fase, casi siempre acompañado de rostros populares del cine policíaco y de acción francés de aquellos tiempos, como Jean-Paul Belmondo, Alain Delon, Lino Ventura o Jean-Louis Trintignant. Delon y Trintignant, precisamente, coprotagonizan Flic story (el título en inglés, sin duda, otra sinergia entre tradiciones negras franco-norteamericanas), en España Historia de un policía, título dirigido por Deray en 1975 a partir de un guión propio y de Alphonse Boudard que a su vez adapta un libro escrito por Roger Borniche, un policía francés que llevó sus experiencias al papel.

Roger Borniche (Alain Delon) es un atípico policía francés de 1947, tan sólo dos años después de la liberación de Francia del yugo nazi. Joven, talentoso, ambicioso y perspicaz, sus puntos fuertes son la verborrea que emplea con los criminales, sus dotes de persuasión, su capacidad para amedrentarlos y su cintura para negociar (o, directamente presionar, a veces incluso chantajear) con detenidos y superiores las vías más adecuadas para hacer pagar a los culpables de la manera más eficiente y productiva para la policía. Eso le ocasiona tiras y aflojas continuos con sus superiores, pero también le proporciona simpatía, comprensión y respeto por parte de los criminales. Además de todo eso, Borniche raramente porta armas o hace ostentación de ellas, por lo que es tenido entre compañeros y contrarios como un tipo razonable que entiende sus límites y los de la ley. Por el contrario, Emile Buisson (Jean-Louis Trintignant), es un duro delincuente fugado que desea proseguir con su carrera criminal, además de vengarse de unos cuantos traidores que lo llevaron entre rejas. En cuanto pisa la calle, elimina a un delator (un acordeonista de un local de bodas y fiestas), rehace su banda de atracadores y comete un par de robos violentos que acaban con muertes. Ese es el punto flaco de Buisson, que tira de gatillo fácil: no sólo sus acciones terminan casi siempre en un baño de sangre, sino que incluso sus compañeros, aquellos que dudan, son demasiado tibios, o de los que sospecha una posible traición, son pasaportados sin miramiento, a veces incluso mientras aprovechan una parada del coche en el arcén de la carretera para vaciar la vejiga. La película no tarda en centrarse en el enfrentamiento entre Borniche y Buisson, y no sólo entre ambos, sino, primordialmente, entre sus distintos métodos, la razón y la violencia.

Asistimos, por tanto, durante 108 minutos, al clásico juego del ratón y el gato a través de algunos de los tópicos más presentes en el cine criminal con tintes negros. Borniche, joven y casado, desatiende sus obligaciones maritales o sus proyectos comunes debido a su constante absorción por el trabajo, aunque su esposa terminará por incorporarse a su mundo y será pieza decisiva en la resolución final de la trama. Por otro lado, se mueve en un entorno de confidentes, delatores, timadores y tramposos, y también entre discutidos policías, algunos de su propio grupo investigador, en los que se adivina un pasado violento en la Resistencia antinazi y que emplean medios no admisibles en una democracia para hacer valer la ley (violencia, golpes, torturas), si bien no llega al extremo de denunciarlos. Precisamente este es un de los puntos fuertes de la cinta, cómo integra el pasado reciente de Francia en la Segunda Guerra Mundial en el argumento, no a través de la trama propiamente dicha, sino en cuanto a los territorios humanos que la pueblan, antiguos combatientes que han abierto negocios, marginados que se han quedado sin espacio una vez finalizada la contienda, tipos que adquirieron el dominio de las armas y una preparación técnica y física que ahora invierten en una carrera delictiva a tiro limpio, etc., etc. Por otra parte, también está el jefe de unidad que es una mezcla de policía y de político, y al que, sin referirse a los posibles méritos que haya tenido para ascender (también en él se atisba un pasado de lucha en favor de la Francia Libre), se caricaturiza para oponerlo a la serenidad y determinación de Borniche. En la otra orilla, Buisson, que encarna a un criminal con tintes psicopáticos en la línea de James Cagney, Paul Muni o Edward G. Robinson, pero más hierático, frío y distante, menos apasionado y cerril, Continuar leyendo “Film noir forever: Historia de un policía (Flic story, Jacques Deray, 1975)”

Tributo a Aldo Sambrell (1931-2010), el villano español por antonomasia

SAMBRELL-39Alfredo Sánchez Brell, Aldo Sambrell, es unos de los rostros más habituales y característicos del western europeo de los años sesenta y setenta, y, aunque estamos acostumbrados a verlo secundar a Clint Eastwood, Lee Van Cleef o Rod Steiger en las cintas de Sergio Leone, también uno de los actores españoles más prolíficos (en su filmografía reúne tres centenares de títulos de distintos géneros).

Su vida es en sí una película: hijo de militar republicano exiliado, criado entre España y México, estudiante de arte dramático en Estocolmo, futbolista del Puebla mexicano, del Alcoyano y del Rayo Vallecano, debutante en el cine español con Atraco a las tres, intervino en la pantalla junto a grandes como Ernest Borgnine, Orson Welles, Sean Connery, John Carradine, Yul Brynner, James Mason, Jack Palance, Alain Delon,  Anthony Quinn o Kirk Douglas, lo que lo convierte, a despecho de otros más mediáticos e inflados por la publicidad, en uno de los intérpretes españoles más internacionales y reconocidos.

Recuperamos aquí un corto documental sobre su figura.