La tienda de los horrores – Cosmos mortal (Alien predator, Deran Sarafian, 1985)

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Este infame subproducto de ciencia ficción, ya de por sí insólito a nivel de financiación (está coproducida entre España y Puerto Rico), constituye una auténtica cochambre dentro del género fantástico, una absoluta aberración cuya absurda concepción solo viene superada, y empeorada, por unas interpretaciones bochornosas y un infecto acabado general. Pese a ello, su director, Deran Sarafian, consiguió saltar a Hollywood -suyo es ese otro impresentable bodrio titulado Velocidad terminal (Terminal velocity, 1994), con Charlie Sheen, Nastassja Kinski y James Gandolfini- y hoy es un prolífico director de capítulos de series de televisión.

En el caso de Cosmos mortal, cuyo título comercial en inglés es Alien predator o Alien predators, por más que la propia película contenga un subtítulo en inglés listo para su uso, The falling, asistimos a una risible amalgama de temas fantásticos y terroríficos anteriormente filmados. En concreto, se trata de un batiburrillo de La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the body snatchers, Don Siegel, 1956), La cosa (The thing, John Carpenter, 1982) y sus versiones anteriores, Alien, el octavo pasajero (Alien, Ridley Scott, 1979) y, en menor medida, El diablo sobre ruedas (Duel, Steven Spielberg, 1971), aunque la mezcla sin sentido, talento ni medios produce una cataplasma difícil de tragar, y más teniendo en cuenta que el entorno donde transcurre es la madrileña ciudad de Chinchón (convertida en Duarte en la película).

Resulta que una sonda espacial fue a estrellarse en Duarte a su regreso de una misión secreta, y unos microbios extraterrestres que trajo consigo anidan en el interior de los seres vivos terrícolas, a los que exprimen y convierten en una especie de autómatas hasta que, ya maduritos, salen disparados de sus cuerpos y se aprestan a colonizar a otros seres, y así todo el rato. Tres excursionistas americanos de viaje por Europa (viajan en una autocaravana Iveco, ojo al detalle) se topan con la tostada, y se ven prisioneros en Duarte (donde había un centro de investigación de la NASA, como si nada), cuya población está poseída por el extraño mal (o eso parece, porque vecinos aparecen dos, y mientras una parece que ha metido la lengua en un ventilador, el otro aparece enmascarado, no se sabe si por exigencias del guion o de la vergüenza de salir en semejante mierda). Con ayuda de un científico americano (Luis Prendes, nada menos) se disponen a combatir a los bichos que, no obstante, son muy inteligentes. No solo intentan cortar la única salida del pueblo (un puente que bloquean y amenazan con explosionar), a pesar de que eso cuadra poco con sus intentos por colonizar el mundo, sino que están motorizados: un camión Pegaso y un SEAT de cuatro puertas no dejan de hostigar a los muchachitos, que corretean por ahí para huir (especialmente lamentable es la secuencia en la que el SEAT arroja contra una tapia a un Land Rover…).

La película, de tan mala que es, hace hasta gracia. Continuar leyendo “La tienda de los horrores – Cosmos mortal (Alien predator, Deran Sarafian, 1985)”

Música para una banda sonora vital – Alien

¿Alguien recuerda un momento de la película Alien, la obra maestra de terror-ciencia ficción de Ridley Scott donde suene la música de Mozart? Apenas son unas notas, pero suficientes para reconocer el segundo movimiento, Romance Andante, de la famosísima Pequeña Serenata Nocturna del maestro Wolfgang Amadeus Mozart. Tom Skerrit, el capitán Dallas de la nave comercial Nostromo, observa las estrellas desde el puente de mando mecido en la suave melodía de los violines, mientras John Hurt sufre en la enfermería con “esa cosa” sujeta a su cara, sin sospechar la que se les viene encima.

Maravillosa música para un domingo, o para cualquier otro día.

Noticias – El arte de ‘Alien’ y un guión genial sale a subasta

El arte de H. R. Giger
Artículo de Jesús Rocamora publicado en el diario Público el pasado 28 de octubre.

¿Quieres opio?, fue lo primero que le preguntó H. R. Giger al guionista e ideológo de Alien, el octavo pasajero, Dan O’Bannon, cuando fueron presentados en 1977.

–¿Por qué lo tomas? –le preguntó O’Bannon.
–Me asustan mis visiones.
–Sólo están en tu cabeza.
–Eso es lo que me da miedo.

Sirva esta recreación para hacerse una idea de lo que todo el equipo de Alien sintió al ver a Giger, un suizo pálido e inquietante (entonces, de 27 años y hoy, de 67) vestido de negro absoluto y que acostumbraba a hablar en susurros. Sus extraños diseños, publicados en 1977 en un libro titulado Necronomicon, habían encantado al casi novato Ridley Scott. El director sabía que si conseguía que Giger se involucrara en Alien, la película dejaría de ser de serie B, y se convertiría en un clásico del terror y la ciencia ficción. Su alien no podía ser un hombre disfrazado.
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