Buscando a Debra Winger (Searching for Debra Winger, Rosanna Arquette, 2002)

No ocurre siempre ni en todas partes, o al menos no del mismo modo, pero el cine tiene una irritante insistencia por amortizar actrices a medida que van cumpliendo años (por más que haya un buen puñado de casos en que sucede justamente al revés; son los años cumplidos los que traen el éxito cinematográfico a grandes actrices hasta entonces ignoradas o dedicadas al teatro o la televisión) y dejan de representar la imagen idealizada de juventud y atractivo sexual que se supone que atrae el interés del público (masculino y femenino) y la taquilla.

Con el pretexto de encontrar respuesta a la pregunta de por qué la exitosa Debra Winger abandonó su profesión de actriz cuando se encontraba en la cima de su carrera, Rosanna Arquette indaga en este documental por las razones por las que el cine abandona a tantas de sus actrices, por qué rechaza aprovechar su experiencia y su talento creando historias profundas y complejas que puedan estar protagonizadas por mujeres interesantes e inteligentes, por qué se desestiman tan a menudo perspectivas tan enriquecedoras y necesarias en aras de la infantilización masiva y de los clichés de la eterna juventud. El testimonio de actrices como Jane Fonda, Holly Hunter, Whoopi Golberg, Sharon Stone o Melanie Griffith, entre muchas otras, arroja luz sobre esta cuestión, así como acerca de lo difícil que resulta a menudo compaginar la vida familiar con la vorágine de la industria del cine, de los costes personales y profesionales que puede implicar la lucha por mantenerse a flote en ambos frentes.

Música para una banda sonora vital – El club de los cinco (The Breakfast club)

Clásico entre clásicos del cine juvenil, esta película dirigida en 1984 por John Hughes permitió el salto a la fama en Estados Unidos al grupo escocés Simple Minds gracias a uno de sus más recordados temas, Don’t you forget about me, indisoluble ya de una película convertida en clásico de culto para los adolescentes de los 80 y en la que se daban la mano la comedia romántica y el drama con pretensiones sociales.

Cinco chicos problemáticos, alumnos del mismo instituto, son castigados por diferentes causas a pasar allí un sábado bajo la vigilancia del director. Cada uno proviene de una extracción social diferente y posee distinto grado de educación, pero además tienen inquietudes, sueños, deseos y traumas diametralmente opuestos. O quizá no tanto. La cuestión es que la niña pija, el empollón despistado y marginado, el deportista todo testosterona, la chica problemática y apartada de los demás y el joven gamberro y alternativo poco a poco se darán cuenta de que en el fondo no somos muy diferentes unos de otros y que nos mueven las mismas cosas. Mención aparte para el estupendo reparto, lleno de caras conocidas: Emilio Estévez, John Kapelos, Judd Nelson, Molly Ringwald, Anthony Michael Hall, Ally Sheedy o el ya fallecido Paul Gleason, rostro habitual del cine de los ochenta, como director del colegio.

Y en cuanto al título, tiene que ver con la hora del desayuno, metáfora de la diferente condición de cada uno de ellos: en los desayunos que se llevan preparados al colegio se vierte metafóricamente la carga interna de cada personaje, simbolizada magistralmente en ese diálogo en que el gamberro (Judd Nelson) le dice al empollón (Anthony Michael Hall): “menudo desayuno; todos los alimentos están representados. ¿Con quién se casó tu madre, con el señor Nestlé?”.