Música para una banda sonora vital: Casino Royale (John Huston, Kenneth Hughes, Val Guest, Robert Parrish, Joseph McGrath y Richard Talmadge, 1967)

Burt Bacharach, que hace unas semanas cumplió 90 años, compone la banda sonora de esta simpática aunque irregular parodia de los filmes de James Bond, de superpoblado e interesantísimo reparto: Peter Sellers, Ursula Andress, David Niven, Woody Allen, Orson Welles, Deborah Kerr, William Holden, Charles Boyer, Daliah Lavi, Jean-Paul Belmondo, George Raft, John Huston, Barbara Bouchet, Jacqueline Bisset, Peter O’Toole, David Prowse, Anjelica Huston, Geraldine Chaplin, Mireille Darc… Una de las bandas sonoras que contribuyeron a que Bacharach sea considerado uno de los más importantes compositores para cine de la década de los sesenta.

(tema principal)

(partitura completa)

Huston, tenemos un problema: La horca puede esperar (Sinful Davey, John Huston, 1969)

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En la línea del Tom Jones de Henry Fielding adaptado por Tony Richardson en 1963, John Huston llevó a la pantalla en 1969 la obra de James R. Webb que recoge las andanzas de David Haggart (John Hurt), desertor del ejército, ladrón, aventurero y embaucador de la Escocia del siglo XIX. En un tono ligero y frívolo, esta comedia de época narra y equipara en el mismo plano las peripecias delictivas y las conquistas románticas de Haggart, perseguido tanto por la policía y las tropas británicas como por una enamorada entusiasta que nunca se da por vencida, la joven Annie (Pamela Frankin), cuyo amor por David incluye su propósito absoluto de redención y de retorno a la vida civil y dentro de la ley, para lo cual no evita siquiera sabotear algunos de los más sofisticados planes criminales de su amado. La aventura, en este sentido, es de lo más convencional: hijo de un patriota tan famoso como ladrón (patriota y ladrón, como bien sabemos, suelen ser términos coincidentes en un gran número de casos), la máxima aspiración de David es ensanchar la leyenda del nombre de su estirpe, superar en fama y hazañas a su progenitor, lo que implica, básicamente, que la cifra de recompensa por su captura sea más alta. Para ello, es preciso acometer aquellos robos que su padre no pudo lograr, en especial, humillar al duque de Argyll (Robert Morley). Ganada la confianza del duque, habiendo logrado la perfecta suplantación de un falso caballero, con lo que David no cuenta es con la atracción que surge por la bella hija del noble, la pizpireta Penélope (una joven Fionnula Flanagan, recordadísima entre nosotros por su participación en Los otros, la película dirigida por Alejandro Amenábar en 2001).

Sinful Davey, que ofrece un brillante catálogo de hermosísimos exteriores escoceses, se estructura en un largo flashback: David narra la historia de su vida desde la celda en la que aguarda la hora fatal de su ejecución. Se suceden los hurtos, las persecuciones, las carreras, los equívocos y el continuo paso por calabozos y mazmorras solo o en compañía de alguons de sus compinches (Nigel Davenport, Ronald Fraser). Al relato le sucede un epílogo que contiene el acto mismo de la ejecución por ahorcamiento en una plaza pública, y el posterior ceremonial de su enterramiento, aunque el título español ya advierte torpemente de cuál es el sentido del desenlace (y que es propio del género al que la obra se adscribe, que es la comedia amoroso-aventurera). Además de las localizaciones, maravillosamente fotografiadas por Freddie Young, la gran virtud de la película reside en las interpretaciones, con un elenco de actores británicos de primer nivel (Hurt, Morley, Davenport, Fraser) que se completa con una jovencísima Anjelica Huston en un papel residual, y también en la música de Ken Thorne, en particular cuando echa mano de las melodías y los ritmos propios del folclore escocés. Continuar leyendo “Huston, tenemos un problema: La horca puede esperar (Sinful Davey, John Huston, 1969)”

Diálogos de celuloide – Jardines de piedra

¿Cómo te llamas, soldado?

Willow, mi brigada.

¿Te gusta el ejército, Willow?

Me gusta mucho, mi brigada.

Hum… ¿Has estudiado biología en la escuela?

Sí, mi brigada.

¿Cómo copulan los gusanos?

No copulan, mi brigada; se reproducen asexualmente.

Hum… Un concepto interesante. Dime Willow, ¿sabrías decirme quién tuvo la brillante idea de la reproducción sin sexo?

¿Su mujer, mi brigada?

Gardens of stone. Francis Ford Coppola (1987).

CineCuentos – Delitos y faldas

ESCENA 39. Interior de un restaurante italiano de Manhattan. Noche.

Larry, columnista de una revista local de no demasiada difusión, se ha citado para cenar con su amigo Walter, un pintor de cierto renombre en la ciudad. Larry ha llegado un poco antes de la cita y se entretiene pellizcando el pan, comiendo aceitunas y dando sorbos a un insípido lambrusco que le han servido mientras espera. Se queda paralizado cuando, a través del ventanal que da a la calle, ve a Walter acercarse al restaurante acompañado de una rubia alta y muy sensual a la que no ha visto jamás. La mira de arriba abajo y se atraganta con el hueso de una aceituna. Bebe sorbitos de lambrusco y come miga de pan visiblemente nervioso hasta que Walter y la mujer llegan junto a él.

LARRY [notablemente azorado]: Oh, qué sorpresa, vienes acompañado…

WALTER: Larry, te presento a Ingrid. Ingrid; mi amigo Larry. No es gran cosa, pero es lo que hay…

INGRID: Encantada, Larry.

LARRY: Y yo más, Ingrid. Gracias Walter, eres muy amable. Recuérdame que te contrate como asesor de imagen cuando me presente a la presidencia. Ingrid, no te creas que soy así; es más bien una obra benéfica: me empeño en tener este aspecto para que este cretino siga creyéndose que es guapo.

Tras saludarse, Ingrid se disculpa y se encamina hacia el excusado. Walter se deja caer en la silla, devora las últimas aceitunas del platito de Larry y apura la botella de lambrusco en su copa. Larry se sienta frente a él, todavía más agitado.

LARRY: ¿Qué es esto, Walter? ¿Quién es ésa? ¿De qué mercadillo de esculturales esclavas sexuales la has sacado?

WALTER: Es la bomba: finlandesa, campeona de natación, y no veas cómo se le da la sauna…

LARRY: Sí, ya me imagino dónde cuelgas la toalla. ¿Quieres explicarme qué demonios hace aquí? ¿No habíamos quedado a cenar tú y yo? Tenemos muchas cosas de que hablar. ¿Qué pinta ella aquí? ¿Y Jackie?

WALTER: Tranquilízate. Ha ido al Metropolitan con Susan. Estrenan un nuevo montaje de Shakespeare, una comedia, Mucho ruido y pocas nueces, creo. El protagonista es Leo Fuller y nunca se lo pierde.

LARRY: ¿Al Metropolitan? ¿A dos manzanas de aquí? ¿Y te presentas tan campante agarrado a la cintura de Miss Laponia con tu mujer a quinientos metros escasos? De Mucho ruido y pocas nueces esto puede acabar en La tempestad.

WALTER: Larry, relájate, todo va bien. Ha empezado a las nueve. Podemos cenar tranquilamente y antes de que Pedro de Aragón se dé cuenta de que su hermano le mueve la silla ya nos habremos ido de aquí, tú a tu casa a ver Cantando bajo la lluvia y yo al hotelito de la esquina.

LARRY: Ya, con Lady Godiva a horcajadas sobre ti. Pero, dime una cosa, ¿qué pasa con Jackie? Es estupenda, inteligente, discreta, sensata y sigue siendo muy atractiva. ¿Para qué tienes que liarte con esas mujeres físicamente perfectas?

WALTER: Tú no lo entiendes, Larry. Hace años que la relación más íntima que tienes con una mujer es con la camarera que te sirve el café a la hora del almuerzo. Me inspiran, ¿lo entiendes? Miro sus cuerpos y siento fluir las ideas camino del lienzo.

LARRY: Sí, no hace falta que me digas qué aspecto tienen esas ideas. Pero escucha: si Jackie llegara a sospechar alguna vez algo así la matarías del disgusto. Ella te quiere; si no fuera así no creo que hubiera aguantado contigo más de veinte minutos en esta vida.

WALTER: Larry, no hables como mi abuela. Lo necesito, ¿entiendes? Estoy experimentando, enriqueciendo mi bagaje. Amo a Jackie, la adoro, tú lo sabes, pero a ellas las deseo y, créeme, antes de llegar a ponerlo todo sobre una balanza, contigo pan y cebolla y todo eso, ya estoy con los pantalones abajo. Demonios, ¿has visto lo bien que habla inglés?

LARRY: Walter, en Finlandia todo el mundo sabe inglés. Pero apuesto a que sabe un buen puñado de idiomas más.

WALTER: Bueno, ¿te gusta o no? Si te gusta, tiene una amiga que se le parece mucho.

LARRY: Estupendo, lo que me faltaba, una devoradora de fluidos corporales. Ya sabes que para mí sólo cuenta Laurie. Continuar leyendo “CineCuentos – Delitos y faldas”

Música para una banda sonora vital – 7 vírgenes

Tras ver a Juan José Ballesta en 7 virgenes, Anjelica Huston, presidenta del jurado del Festival de San Sebastián de 2005, afirmó que el joven actor español era el mejor intérprete masculino de su edad que había visto jamás. De hecho obtuvo el premio al mejor actor. Pero no sólo él está espléndido en la película; tanto o incluso más lo está Jesús Carroza (premio Goya al actor revelación ese mismo año), desconocido hasta entonces, su partenaire y coprotagonista que domina y da empaque con su presencia una tragedia que, envuelta en los ambientes y aromas de la juventud de extrarradio (discotecas de polígono industrial, barriadas de viviendas amontonadas, trabajos precarios, trapicheo, botellón, drogas y sexo rápido), posee un trasfondo clásico cuya inspiración se diría proveniente directamente de Federico García Lorca.

Una película breve pero muy intensa, de una naturalidad desarmante, que contiene este tema de La Cabra Mecánica, Felicidad (qué difícil es de atrapar, la jodía…).

La tienda de los horrores – ‘Los Tenenbaums. Una familia de genios’

Este coñazo integral, oda a la imbecilidad dirigida por Wes Anderson en 2001 es el prototipo de cine de aburrimiento mayúsculo por excelencia: se cuenta que un rebaño de ovejas de Connecticut pidió hora para el matadero tras contemplar diez minutos de esto y que un pastor de Trondheim que llevaba cinco años sin un solo feligrés en su misa del sábado tarde tuvo que colgar el cartel de completo en la parroquia tras la invasión de una turba desesperada cuando la televisión estatal proyectaba esta memez. El gran éxito de público que logró en Estados Unidos o España, lo cual permitió que Anderson rodara más películas, no compensa para nada el hecho de que sea una cinta lamentable, sosa, lenta, absurda y reiterativa hasta el asqueamiento, protagonizada por una familia presuntamente exótica y realmente ridícula, sin ninguna gracia, sin ningún interés, unos personajes a los que se odia desde el primer minuto (como al director, al guionista y al cretino que puso un solo dólar para filmar esta birria) en la que las pretensiones de estudio serio y sociológico de las contradicciones y taras de la vida familiar se queda en mera estética deliberada y rebuscadamente complicada, excesiva, insoportable, en el erróneo camino de “a la risa por la ridiculez”.

La historia, por decir algo, que se supone que cuenta (porque quien lo cuenta realmente es la monótona, monocorde, plana, insulsa, voz de Alec Baldwin en lo que es uno de los peores recursos narrativos posibles, una maldita y repugnante voz en off que va contando lo que los personajes sienten o dicen, sin dejar a éstos que se relacionen directamente con el público o que, simplemente, se escuchen los efectos sonoros), es la de la familia Tenenbaums, un grupo de presuntos genios talentosos cada uno para una cosa, pero que en el resto de las facetas de la vida son una panda de gilipollas. Continuar leyendo “La tienda de los horrores – ‘Los Tenenbaums. Una familia de genios’”

‘Buffalo 66’, paradigma del cine “indie”

Para Francisco Machuca, dueño de El tiempo ganado, rincón imprescindible para los libros y el cine.

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Gigantesco monumento fílmico de la escena “independiente” norteamericana, este drama dirigido por el también actor Vincent Gallo es merecidamente una de las más aclamadas películas de la década de los noventa. Concebida como un proyecto estrictamente personal de Gallo (que además de dirigir y actuar, se hace cargo del guión y de la música), esta fábula a medio camino entre el surrealismo y el cuento de hadas infantil (de hecho hasta el personaje de Gallo luce, como única nota de color en el triste gris de su vestimenta unos botines rojos, como la Dorothy que encarnara años atrás Judy Garland en El mago de Oz) posee fuerza, ternura, profundidad, humor y grandes dosis de crítica social.
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