La tienda de los horrores – La búsqueda

Algunas críticas sobre las andanzas de este Indiana Jones urbanita del siglo XXI y con cara de estar siempre asomado han dicho: “el argumento continuamente da giros según la libre interpretación que Cage hace de unas ridículas claves encriptadas”, “Es tan tonta que los Monty Python podrían hacer una versión usando el mismo guión, línea por línea”, “Este último asalto a la inteligencia colectiva de los amantes del cine (…) es una especie de El Código Da Vinci para tontos”, “Es En busca del arca perdida para aquellos que se durmieron en clase de Historia de América”, “No es que sea difícil de creer, es que es imposible”, “National Treasure, que es de la Disney, se supone que es una película amigable, para toda la familia; acción y aventuras sin demasiada violencia y sin lenguaje soez. Esto es, sin duda, admirable, pero con cintas así de ‘amigables’ la familia no necesitará pastillas para dormir”… Sí, también hay críticas buenas. Allá ellas.
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La tienda de los horrores: El cuerpo (The body)

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Hay que reconocer que todo lo que tiene que ver con misterios, mentiras, secretos y demás engañabobos sobre la Iglesia Católica y la figura de Jesús de Nazaret vende, vende mucho. Siempre ha sido así, de hecho es el personaje histórico que más aparece en la Historia del Cine, justo por delante de Napoleón Bonaparte, aunque desde la aparición de las novelas baratas de Dan Brown y toda la literatura pseudocientífica surgida a raíz de su publicación, puede considerarse casi un género de ficción en sí mismo. Ante tal fenómeno, pueden tomarse tres posturas: la de la fe (cuando uno cree un disparate lo llaman loco, cuando son cien los que lo creen lo llaman secta, cuando son millones lo llaman religión), la de la historia, la filología y la ciencia (recomendable, para interesados en la seriedad y rigor del asunto, visitar el blog de Antonio Piñero), o la de los amantes de los juntaletras que venden ficción con pretensiones de verdad inamovible, como el mencionado Dan Brown o los patéticos documentales de James Cameron y Simcha Jakobovici. A este último apartado pertenece la coproducción entre Estados Unidos e Israel titulada El cuerpo, dirigida en 2000 por el debutante Jonas McCord, basada en la novela de un autor prescindible como es Richard Ben Spair, y cuya única virtud consiste en haber separado, acertadamente, la idea de Dios de la idea de Iglesia, conceptos que siempre han tenido poco que ver más allá de la conveniencia formal de ésta última.
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