Música para una banda sonora vital – Carlos Núñez

Este músico gallego, que de jovenzano ya realizaba giras mundiales y llenaba, por ejemplo, estadios de fútbol en Japón en compañía de The Chieftains, participó en la banda sonora de Mar adentro, la película que le valió el Oscar de Hollywood a la mejor película de habla no inglesa a Alejandro Amenábar en 2004. Uno guarda sus particulares reservas con respecto a la película; no así con la música de Carlos Núñez, cuyos discos, principalmente A irmandade das estrelas (en el cual se incluía ya el clásico Negra sombra interpretado por Luz Casal antes de que Amenábar decidiera utilizarlo para la película) y Os amores libres, son auténticas joyas.

Nos quedamos con el tema de la película y de propina ese clasicazo de la música irlandesa que es The raggle taggle gipsy, con Carlos Núñez a la gaita y Mike Scott, de The Waterboys, en la voz (retamos a cualquiera a que intente mantenerse quieto escuchándola).

Con cariño, para nuestros amigos gallegos (y para un irlandés del Ebro).

Música para una banda sonora vital – Whitesnake

Aquellas juergas universitarias, estúpida comedia dirigida en 2003 por Todd Phillips y protagonizada por Luke Wilson, Vince Vaughn, Will Ferrell y Ellen Pompeo cuenta la ridícula historia de un terceto de típicos treintañeros de cine norteamericano pretendidamente cómico, nostálgicos de sus diversiones sin freno en la época universitaria, que deciden crear una fraternidad en el campus para divertirse sin límite con las estudiantes.

La película es un bodrio de campeonato. El par de gags que hacen sonreír levemente no compensa el visionado de semejante parida, y además, cuenta en su banda sonora con Here I go again, uno de los temas más conocidos de Whitesnake, típico grupo de heavy blandito de los ochenta (y eso que algunos llegaban a él desde Deep Purple), género éste caracterizado por los pelazos largos, los cueros apretados, las freudinanas masturbaciones microfónicas o guitarrísticas, y, en general, una estética de conjunto que supone una apología de la horterada cuyo culmen fueron los suecos Europe. Aunque, afortunadamente, en este vídeo tienen más apariencia y sonido de duros, el videoclip oficial y la música original del disco no dejan lugar a dudas: rock blandorro total.

Música para una banda sonora vital – Pretty woman

Esta célebre película, que ya incluimos en su momento en la sección “Cine en serie – Maldito cine”, cuenta con una banda sonora que alcanzó un enorme éxito de ventas. Temas como el de Roy Orbison que da título a la cinta o el famoso y meloso It must have been love, del dúo sueco Roxette, fueron auténticos pelotazos del momento. Algo más escondida, afortunadamente, estaba esta canción del irrelevante grupo Go West, pop de 1990 demasiado ochentero, con todo lo que eso conlleva, lo de pop y lo de ochentero, titulada King of wishful thinking. Lo dicho, música pop con todas las consecuencias y vídeo que se mueve a medio camino entre lo triste, lo curioso, lo simpático y, sobre todo, lo patético. Se recomienda ver el vídeo dos veces, con y sin sonido. Lamentable. Con esta “inolvidable” canción y su correspondiente clip iniciamos una serie discontinua que irá reflejando el petardeo que también contienen algunas bandas sonoras.

Para compensar algo la fechoría de hoy, dos anuncios:

– En el marco de las Segundas Jornadas Aragón-India se proyectará íntegramente en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, Pza. Paraíso, 4, en sesiones de 19:30 a 21:30, del 8 al 10 de junio, la “Trilogía de Apu”, de Satyajit Ray, que incluimos en nuestra sección Cine en serie.

– Julio y agosto: cine de verano en 39escalones. Más detalles próximamente en sus pantallas.

Música para una banda sonora vital – Cosas que nunca te dije

Esta fresca y preciosa película de 1996 dirigida por Isabel Coixet en tierras americanas cuenta en su banda sonora con dos clásicos imperecederos de la música de los sesenta, I’m sorry, de Brenda Lee, y para cerrar la película, el famoso Is not unusual, de Tom Jones.
Se permite karaoke.

Música para una banda sonora vital – El paciente inglés

Márta Sébestyén es una excelentísima cantante húngara que obtuvo fama por los temas incluidos en esta película de 1996, aunque ya había logrado cierta notoriedad un año antes por su colaboración en el disco Boheme del magnífico grupo Deep Forest. Marta, hija de una etnomusicóloga, ha buceado en las expresiones más puras del folclore húngaro y del resto del este de Europa a través de su incorporación a grupos como Muzsikás y Vujicsisc, explotando una fórmula que mezcla las composiciones clásicas creadas a partir de las minuciosas recopilaciones de música popular realizadas por Béla Bartok y las melodías húngaras, rumanas, rusas o griegas y sus conexiones con la música tradicional gitana e incluso de India.

Marta ha colaborado en algunas otras películas, como en Prét à porter de Robert Altman o La caja de música de Costa Gavras. Nos quedamos con los créditos de apertura del film de Anthony Minghella acompañados por la voz de Sébestyén y con esa deliciosa joya de Marta y Deep Forest titulada Martha’s song, dedicada, of course, a mis queridas Marta y Marta.

Maravilloso clip, por cierto: el mundo, la vida, este maltrecho contenedor donde, a poco que se busque reparar en ellas, florecen por doquier belleza y armonía, no para de dar vueltas y vueltas y de recordarnos lo pequeños que somos ante su hermosa inmensidad…

Música para una banda sonora vital – Pink Floyd (The wall)

En 1982, Alan Parker, cineasta, como tantos otros, cautivado por el mundo de la música, elaboró el descabellado proyecto inédito hasta entonces titulado The Wall (El muro), para el cual tomó como base el trabajo del mismo título publicado por Pink Floyd, usando sus letras para el guión y los diálogos de todo un experimento visual donde lo mejor es la gran calidad de la animación. Desde luego, constituye un larguísimo video-clip para cuya gestación pesaron demasiado los intereses comerciales y poco los artísticos. De Pink Floyd vamos a quedarnos con ese bello clásico que es Wish you were here y con Another brick in the wall, 2ª parte. Imprescindibles ambas.

Música para una banda sonora vital – Amor a quemarropa

En esta magnífica película (aunque menos de lo que hubiera sido si en lugar del incompetente Tony Scott la hubiera dirigido el propio Quentin Tarantino, que ha abominado más de una vez en público del mal uso que el director hizo de su espléndido guión) cuenta con una preciosa partitura de Hans Zimmer, discreto músico de cine que, como en este caso, hace de la copia y del continuo “homenaje”, la base de su creación musical.

Además, la película cuenta con algunas otras piezas reseñables en las que Zimmer no tiene nada que ver. La primera, Will you still love me tomorrow, de The Shirelles.

La segunda, es el maravilloso Dueto de las flores de la ópera de aire oriental Lakmé, del compositor francés Léo Delibes, que ese mismo año también apareció en una hermosísima escena de Atrapado por su pasado, de Brian de Palma, en el momento en que Al Pacino, en la lluviosa noche neoyorquina, mientras se refugia del aguacero cubriéndose la cabeza y los hombros con la tapa metálica de un cubo de la basura, descubre desde una azotea a Penelope Ann Miller en la clase de danza que tiene lugar tras las iluminadas ventanas del edificio de enfrente. Una escena sutil, delicada, maravillosa, bellísima.