50º aniversario de El exorcista, la novela de William Peter Blatty, en La Torre de Babel de Aragón Radio

The Exorcist

Nueva entrega de la sección de cine en el programa La Torre de Babel, de Aragón Radio, la radio pública de Aragón, en este caso dedicada al 50º aniversario de la publicación de la novela El exorcista, de William Peter Blatty, llevada al cine dos años después por William Friedkin, con guion y producción del autor de la novela.

Inspirada en un hecho real sucedido en Maryland en 1949, conocido por William Peter Blatty durante su etapa como profesor en Georgetown, la película de Friedkin es un prodigio en el uso del lenguaje simbólico y en la sugerencia subliminal, hasta el punto de logra convertir una aparente historia de terror en una mucho más profunda reflexión sobre la crisis de fe de raíces edípicas que sufre su protagonista, el padre Karras (Jason Miller), a partir de la enfermedad y muerte de su madre. Éxito de ventas y de taquilla, supone un extraño caso de cine de autor con grandes dosis de autenticidad (la experiencia personal de Blatty en Georgetown, el pasado de Jason Miller en la carrera sacerdotal y su abandono debido a una crisis de fe, la participación, interpretando al padre Dyer, de William O’Malley, padre jesuita autor de más de cuarenta libros, que fue también asesor “técnico” de la película…) y, al mismo tiempo, de anticipación del fenómeno blockbuster de la década siguiente. Además de la participación de Mercedes McCambridge poniendo voz al demonio en un gran esfuerzo técnico modulado y amplificado por el consumo a espuertas de alcohol y de tabaco, y de la archiconocida música de Mike Oldfield, algunas anécdotas turbias ligan la película a cierta leyenda de “malditismo”, como el incendio declarado en el set de rodaje, la supuesta bendición del plató por parte de un sacerdote para ahuyentar a los malos espíritus o las muertes prematuras de Linda Blair o de Jack MacGowran. Menos luctuosos pero tanto o más curiosos son los distintos avatares para la conformación final del reparto y la elección de director. Si Arthur Penn, Mike Nichols, el mismísimo Stanley Kubrick y Mark Rydell (que llegó a tener firmado un contrato con la Paramount) sonaron para encargarse de la adaptación cinematográfica, Marlon Brando, Jack Nicholson, Paul Newman o Stacy Keach (que llegó a estar contratado para el papel) fueron las preferencias del estudio para interpretar al padre Karras, mientras que Audrey Hepburn, Anne Bancroft, Jane Fonda o Shirley Maclaine estuvieron a punto de interpretar a la angustiada madre de Regan.

(desde el minuto 17:10)

Venganza renovadora: ¡Que viene Valdez! (Valdez is coming, Edwin Sherin, 1971)

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En plena etapa crepuscular del western (iniciada en 1962 por John Ford y Sam Peckinpah y prolongada, aunque de manera discontinua, hasta nuestros días), el debutante Edwin Sherin, director luego dedicado a la televisión, adaptó a la pantalla una novela de Elmore Leonard que constituye un extraño ejemplo de western intelectual, una historia en la que el interior de los personajes, sus contradicciones, sus instintos, sus difíciles relaciones consigo mismos, son más importantes que la acción, que los disparos, que el contexto fronterizo de choque entre modernidad y vida en la naturaleza. Poniendo el acento en el Oeste de indios y mexicanos acaparado por los blancos de origen anglosajón, la película recoge un episodio de venganza con buenas dosis de crueldad y sangre, y donde la psicología pesa tanto o más que una violencia mostrada sin ambages.

La frontera sigue siendo una zona salvaje y segregada. Los blancos administran su zona de ocupación marginando a indios y mexicanos (estos viven en su parte de las ciudades, y tienen sus propias autoridades para sus barrios, si bien sometidas al dominio de los estadounidenses), y dedicados a hacer negocio con la conquista del Oeste, independientemente de su legalidad, ilegalidad o alegalidad. Uno de estos hombres de negocios que aspiran a la respetabilidad por el camino más corto (el del tráfico de armas) es Frank Tanner (Jon Cypher), que acorrala con sus hombres (con ayuda del sheriff) a un presunto desertor de la caballería (de raza negra) en un rancho bajo la acuasión de haber matado a otro hombre. Sin que la ley haga nada por averiguar la verdad y esclarecer el caso, solo Bob Valdez (Burt Lancaster, un extraño mexicano de rasgos blancos, piel tiznada y ojos azules…), agente de la ley en la parte mexicana de la ciudad, pone en duda la culpabilidad del criminal, y jugándose la vida, intenta resolver la situación. La violencia, no obstante, se impone a la justicia, y las relaciones entre Tanner y Valdez empiezan a enturbiarse. Cuando Valdez intenta recolectar algo de dinero con que indemnizar a la viuda (una india), entre los notables de la ciudad apenas llega a recaudar tres dólares, aunque con el compromiso de aportar cien pavos si Tanner, el más rico de los contornos, añade otros cien. Sin embargo, Tanner se ríe de Valdez y, ante la insistencia del mexicano, opta por la vía rápida: lo desarma y lo entrega a sus hombres para que lo torturen. Sin embargo, no rematan el trabajo, y la venganza de Valdez será terrible…

Desprovista de una riqueza visual que exprima estéticamente exteriores o paisajes, predominantamente desérticos (los exteriores de la película están filmados entre Sonora y Sierra Madre, en México, y la parte abulense de la Sierra de Gredos y el desierto almeriense de Tabernas, en España; los interiores se rodaron en los estudios Roma, de Madrid) que sin embargo sirven a la perfección a ese perfil psicológico y deshumanizado, casi delirante, que Sherin mantiene durante todo el metraje, con una forma de rodar prácticamente televisiva, el interés mayor del guión radica en las evoluciones de los personajes y el contrapeso entre unos y otros. Continuar leyendo “Venganza renovadora: ¡Que viene Valdez! (Valdez is coming, Edwin Sherin, 1971)”