Mis escenas favoritas – Abajo el telón (The cradle will rock, Tim Robbins, 1999)

Uno de los mejores momentos de esta excepcional obra de Tim Robbins, la discusión entre Nelson Rockefeller (John Cusack) y Diego Rivera (Rubén Blades) a causa del mural que este está pintando en el vestíbulo del Rockefeller Center por encargo del primero. Una cinta interesantísima, que además de introducirnos en un fascinante periodo histórico (el nacimiento de la psicosis anticomunista en los Estados Unidos a mediados de los años treinta, en plena presidencia de Franklin D. Roosevelt, y los primeros comités de actividades antiamericanas dirigidos contra el mundo del espectáculo, en este caso el teatro) poblado por personajes como William Randolph Hearst, Orson Welles, Frida Khalo, John Houseman o los mencionados Rockefeller y Rivera, plantea cuestiones como la ambigua postura de los poderes económicos norteamericanos ante el auge del fascismo en Europa y el interminable debate acerca del mecenazgo y la libertad artística, resumido en esta sentencia del personaje de Rivera: “¿tengo que pintar lo que él quiera sólo porque acepto su dinero?”. Una película imprescindible (y más en estos tiempos de incertidumbres económicas y laborales, tratados de “libre” comercio, sobrecargas ideológicas y terrorismo financiero internacional de corte neoliberal), de excepcional reparto (John Cusack, Susan Sarandon, Vanessa Redgrave, John Turturro, Rubén Blades, Joan Cusack, Philip Baker Hall, Bill Murray, Emily Watson, Cherry Jones, Angus Macfadyen, Cary Elwes, Paul Giamatti), y con un final magistral.

Cine de verano: Coffee and cigarettes (Jim Jarmusch, 2003)

Música para una banda sonora vital – Los cazafantasmas

Hace unos días que se ha “celebrado” esa mamarrachada llamada Halloween que el peor cine y la más pésima televisión norteamericanos han logrado extender y popularizar por todo el mundo para sustituir, al menos en nuestro país, todo un bagaje de tradiciones y expresiones culturales relacionadas con la fiesta de Todos los Santos y el Día de Difuntos (que mirándolos bien, también se las traen, pero que al menos no promueven la gilipuertez desinhibida).

El caso es que una de los recuerdos apelados con reiteración enfermiza ha sido para esta película dirigida por Ivan Reitman en 1984, de famosísima sintonía, por más que sea una mierda, y cuyo vídeo contiene algunos fragmentos de la película que muestran a las claras lo mal que ha envejecido con el paso del tiempo y de las tecnologías punta… Una prueba de lo peor de los ochenta, como se evidencia gracias a la caterva de individuos que realizan una aparición en el video-clip, todos, salvo honrosísimas excepciones (ahí están Peter Falk o Danny DeVito), productos de los ochenta que en su mayoría han pasado rápidamente al olvido, como Chevy Chase, John Candy (éstos por suerte), Irene Cara (¿por qué?), etc., etc…

Música para una banda sonora vital – Lost in translation

Just like honey de The Jesus and Mary Chain pone el cierre a Lost in translation, constituye el broche de oro de Sofia Coppola al momentáneo adiós de Scarlett Johansson y Bill Murray en la soledad hostil de Tokio que les ha reunido. El hormigón, el vidrio, el neón y el asfalto, la noche luminosa y el crepúsculo de la tarde se conjuran para un futuro reencuentro concertado en unas breves palabras dichas al oído.

Diálogos de celuloide – Lost in translation

¿Me guardas un secreto? Estoy organizando una fuga de presos, y busco un cómplice. Primero hay que salir de este bar, luego del hotel, luego de la ciudad y luego del país. ¿Estás conmigo?

Lost in translation. Sofia Coppola (2003).

Mis escenas favoritas – Ed Wood

Ed Wood es una de las mejores comedias de los noventa, con toda probabilidad, la mejor película de Tim Burton, el mejor trabajo de Johnny Depp y una de las mejores interpretaciones de todos los tiempos para un actor de reparto, Martin Landau como Bela Lugosi. En su versión original permite apreciar la increíblemente maravillosa labor de Landau para caracterizar a su personaje con el acento húngaro del Lugosi real. La versión doblada, no obstante, aunque devalúa, como siempre, el trabajo del actor de origen, no hace perder ni un ápice del sentido al tiempo cómico y patético de esta escena cargada de fuerza que retrata a la perfección la demencial decadencia de uno de los más célebres juguetes rotos del Hollywood clásico.

La tienda de los horrores – ‘Los Tenenbaums. Una familia de genios’

Este coñazo integral, oda a la imbecilidad dirigida por Wes Anderson en 2001 es el prototipo de cine de aburrimiento mayúsculo por excelencia: se cuenta que un rebaño de ovejas de Connecticut pidió hora para el matadero tras contemplar diez minutos de esto y que un pastor de Trondheim que llevaba cinco años sin un solo feligrés en su misa del sábado tarde tuvo que colgar el cartel de completo en la parroquia tras la invasión de una turba desesperada cuando la televisión estatal proyectaba esta memez. El gran éxito de público que logró en Estados Unidos o España, lo cual permitió que Anderson rodara más películas, no compensa para nada el hecho de que sea una cinta lamentable, sosa, lenta, absurda y reiterativa hasta el asqueamiento, protagonizada por una familia presuntamente exótica y realmente ridícula, sin ninguna gracia, sin ningún interés, unos personajes a los que se odia desde el primer minuto (como al director, al guionista y al cretino que puso un solo dólar para filmar esta birria) en la que las pretensiones de estudio serio y sociológico de las contradicciones y taras de la vida familiar se queda en mera estética deliberada y rebuscadamente complicada, excesiva, insoportable, en el erróneo camino de “a la risa por la ridiculez”.

La historia, por decir algo, que se supone que cuenta (porque quien lo cuenta realmente es la monótona, monocorde, plana, insulsa, voz de Alec Baldwin en lo que es uno de los peores recursos narrativos posibles, una maldita y repugnante voz en off que va contando lo que los personajes sienten o dicen, sin dejar a éstos que se relacionen directamente con el público o que, simplemente, se escuchen los efectos sonoros), es la de la familia Tenenbaums, un grupo de presuntos genios talentosos cada uno para una cosa, pero que en el resto de las facetas de la vida son una panda de gilipollas. Continuar leyendo “La tienda de los horrores – ‘Los Tenenbaums. Una familia de genios’”