Mis escenas favoritas: El hundimiento (Der Untergang, Oliver Hirshbiegel, 2004)

En conmemoración y recuerdo del final de la Segunda Guerra Mundial en Europa, tal día como hoy en 1945, retomamos la célebre secuencia del estallido en cólera de Hitler durante su encierro en el búnker de Berlín.

En memoria, también, del recientemente fallecido Bruno Ganz.

Cine para pensar – El experimento

En los últimos lustros vivimos en una epidemia televisiva llamada “realities”, sobre la base de la cual se coloca a una serie de personas -parafraseando a los físicos- en unas condiciones determinadas de presión y temperatura, con el objeto de ofrecer sus peripecias diarias y los avatares de sus relaciones a un público siempre ansioso por ver, implicarse emocionalmente y dar relevancia a cosas que, en el fondo, le importan un pimiento morrón. Sin embargo, resulta curioso el grado de identificación que estos personajillos (lo mejor de cada casa) que interviene en este tipo de pseudotelevisión logra en algunos espectadores que llegan incluso a debatir, discutir y enfrentarse a causa de las circunstancias generadas en este tipo de programas. Lo que para algunos significa encerrar a un montón de mamarrachos para que hagan el tonto y que así se diviertan los espectadores que son aún más tontos, para otros es la puesta en marcha de un “experimento sociológico” que conlleve la difusión pública del comportamiento “natural” de las personas en un marco de convivencia determinado. Una chufla marinera, teniendo en cuenta que, queramos o no, nuestro comportamiento no es natural cuando sabemos que nos graban (ni siquiera cuando nos toman una foto en una boda) y, todavía mejor, que se hacen castings para participar, con lo cual es de todo menos natural. Estas objeciones, y las dudas y quejas en cuanto a la existencia de guiones, manipulaciones y fenómenos teledirigidos en función de las audiencias televisivas de este tipo de programas que se venden como “la vida en directo”, ha hecho que la Unión Europea haya investigado este tipo de televisión y que canales televisivos como la RAI italiana hayan renunciado, en una muestra de buen gusto encomiable, a este tipo de telebasura.

Cuando estos experimentos quieren hacerse con seriedad, normalmente se hacen llamando la atención lo menos posible, y desde luego, con ninguna pretensión de obtener rendimientos publicitarios. Mario Giordano tomó como base la experiencia real de uno de estos ensayos para escribir una novela adaptada por él mismo para la película dirigida por Oliver Hirschbiegel en 2001.
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