Música para una banda sonora vital – Contra la pared (Gegen Die Wand, Fatih Akin, 2004)

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Dura, difícil, pesimista y sombría pero igualmente bella, poderosa, esperanzada y sugestiva, esta multipremiada (Oso de Oro en Berlín, Premio a la Mejor Película Europea, Goya a la Mejor Película Europea, entre muchos otros…) coproducción germano-turca dirigida por Fatih Akin, crónica de desarraigo, choque cultural, hiperrealismo social y supervivencia de dos almas perdidas, Cahit y Sibel, dos alemanes de origen turco que han renunciado a luchar por la vida hasta que se erigen en mutua tabla de salvación, está construida sobre un juego de contrastes, no sólo visuales (sordidez y poesía, denuncia y romance, fracaso frente a ilusión) sino también musicales, jugando entre los ritmos modernos de las noches de Hamburgo y las tradicionales composiciones de Estambul. Así, Akin puntúa el drama de pequeños respiros musicales de Selim Sester y su Orquesta que nos transportan temporalmente al Bósforo, hermosos temas de reminiscencias otomanas cuyas letras nos dan un nuevo prisma desde el que observar a los protagonistas, al tiempo que ayudan a situar su drama, que no es otro que el de la desubicación, personal y cultural, el hecho de sentirse extranjero en cualquier sitio, incluso en la vida misma.

Mis escenas favoritas – El cielo sobre Berlín

Mágico momento -junto a aquellos en los que aparece Peter Falk- de la brillante película de Wim Wenders El cielo sobre Berlín, filmada en 1987. Como ocurre tantas veces, la película fue recompensada con una estúpida versión de Hollywood que nos negamos a consignar aquí.

Cine para pensar – El experimento

En los últimos lustros vivimos en una epidemia televisiva llamada “realities”, sobre la base de la cual se coloca a una serie de personas -parafraseando a los físicos- en unas condiciones determinadas de presión y temperatura, con el objeto de ofrecer sus peripecias diarias y los avatares de sus relaciones a un público siempre ansioso por ver, implicarse emocionalmente y dar relevancia a cosas que, en el fondo, le importan un pimiento morrón. Sin embargo, resulta curioso el grado de identificación que estos personajillos (lo mejor de cada casa) que interviene en este tipo de pseudotelevisión logra en algunos espectadores que llegan incluso a debatir, discutir y enfrentarse a causa de las circunstancias generadas en este tipo de programas. Lo que para algunos significa encerrar a un montón de mamarrachos para que hagan el tonto y que así se diviertan los espectadores que son aún más tontos, para otros es la puesta en marcha de un “experimento sociológico” que conlleve la difusión pública del comportamiento “natural” de las personas en un marco de convivencia determinado. Una chufla marinera, teniendo en cuenta que, queramos o no, nuestro comportamiento no es natural cuando sabemos que nos graban (ni siquiera cuando nos toman una foto en una boda) y, todavía mejor, que se hacen castings para participar, con lo cual es de todo menos natural. Estas objeciones, y las dudas y quejas en cuanto a la existencia de guiones, manipulaciones y fenómenos teledirigidos en función de las audiencias televisivas de este tipo de programas que se venden como “la vida en directo”, ha hecho que la Unión Europea haya investigado este tipo de televisión y que canales televisivos como la RAI italiana hayan renunciado, en una muestra de buen gusto encomiable, a este tipo de telebasura.

Cuando estos experimentos quieren hacerse con seriedad, normalmente se hacen llamando la atención lo menos posible, y desde luego, con ninguna pretensión de obtener rendimientos publicitarios. Mario Giordano tomó como base la experiencia real de uno de estos ensayos para escribir una novela adaptada por él mismo para la película dirigida por Oliver Hirschbiegel en 2001.
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Cine en serie – Cómo cocinar tu vida

CINE PARA CHUPARSE LOS DEDOS (IX)

Cocinar bien es cuidar de ti mismo y cuidar a los demás. Este fulano que recuerda al famoso maestro Poh de la serie Kung-Fu es nada menos que Edward Espe Brown, cocinero budista y maestro zen que sigue la doctrina del Maestro Dogen, que ya a finales del siglo XIII escribió una obra acerca de la importancia de la cocina y de la armonía en la alimentación como elemento de decisiva contribución al equilibrio vital y a la felicidad. Sea como fuere, no se le puede negar que es verbalmente más creativo que cualquier cocinero de esos que copan las pantallas de la tele a la hora de la gazuza.

Aprovechando el carácter mediático del fenómeno del cocinero televisivo y de la cada vez mayor importancia del sector de la gastronomía en la economía mundial y en esa chorrada llamada glamour (que hace que por ejemplo un montón de pardillos paguen verdaderas fortunas por degustar mondonguillos de aspecto irreconocible en platos de formas exóticas servidas por gurús de la cocina que seguramente no sabrán ni lo que han cocinado), la alemana Doris Dörrie ha estrenado este 2008 un documental sobre este particular personaje, que sin duda en otro caso hubiera dormido el sueño del olvido. Este documental alemán de apenas hora y media de duración recorre la labor de Espe Brown en las cocinas de los monasterios y lugares de meditación budistas, donde ejerce su ministerio culinario. La película recoge el proceso, por ejemplo, de elaboración de pan casero, los principios de la filosofía del rábano o el cuidado mimoso y meticuloso de los artilugios de cocina como primer paso para dotarla de un halo de respetabilidad, trascendencia y magia adecuados al fin enriquecedor para el espíritu, y no sólo para el estómago, del que se ha de adornar, según él, el proceso alimenticio.
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‘Nosferatu, vampiro de la noche’ de F. W. Murnau

Adaptación libre de Drácula, de Bram Stoker, reelaborada como Nosferatu, Symphonie des Grauens (Nosferatu, sinfonía del horror) por Murnau ante la falta de acuerdo para la compra de los derechos de la novela con los herederos del escritor irlandés. Sin embargo, ante las evidentes semejanzas con la obra literaria, apenas disimuladas con algunos cambios de nombres y lugares (conde Orlok en vez de conde Drácula, situar la acción en Bremen y no en Londres, etc.), la viuda de Stoker demandó al director alemán por infracción de los derechos de autor y ganó el pleito (a pesar de ello, en el vídeo se ha utilizado la nomenclatura de la obra literaria, y no la adaptación de Murnau).

Esta obra maestra del sublime cineasta alemán rodada en 1922 con el enigmático Max Schreck como protagonista es una de las cimas el cine de terror de todos los tiempos. Se ofrece íntegra y sin cortes publicitarios (B/N, 84 minutos).

Con esta obra maestra esta escalera se toma un merecido descanso veraniego, retiro temporal salpicado ocasionalmente de alguna escena favorita o alguna que otra música para una banda sonora vital. Feliz (y terrorífico) verano para todos.