Homenaje al doblaje: Voces en imágenes (Alfonso S. Suárez, 2008)

voces_39

Este documental de 2008 de Alfonso S. Suárez recopila los testimonios de algunos de los más importantes actores y actrices de doblaje españoles, voces inolvidables que para nosotros son indistinguibles de las caras que visten, de las historias que narran. Como dice alguno de ellos, el mejor halago que se les puede hacer es que no se note que están. Por eso evitamos mencionar sus nombres y nos quedamos con sus voces. Sin olvidar, por supuesto, a través de este resumen en 2 partes, recomendar el visionado de este estupendo trabajo para rendirles el homenaje que sin duda merece el doblaje español, con toda seguridad, en conjunto, el de mayor calidad de la historia del cine mundial.

Cine de verano – Morir en Madrid, de Frédéric Rosiff

madrid

Nominado al Oscar al mejor documental en 1966 y ganador de un BAFTA en 1968, este documental reúne algunos de los episodios más célebres de la Guerra Civil española y de la represión franquista, desde el asesinato de Federico García Lorca a la participación internacional o el bombardeo de Guernica por la Legión Cóndor. Impresindible su visionado por más que sea un tema recurrente del que no pocos espectadores españoles ya están más que cansados. Así nos va.

Cine de verano – El hombre con la cámara, de Dziga Vertov

vertov

Denis Abramovich Kaufman, conocido como Dziga Vertov, realizó esta cinta experimental en 1929. Concebido como un documental urbano, la película supone un retrato de San Petersburgo (Leningrado) a partir de una serie de tomas de su devenir cotidiano que el cineasta retrata a través de la mágica figura de un hombre que con su cámara y mucha imaginación va filmando la realidad, no exenta de retazos de ilusión y espejismos, que lo circunda. Obra maestra indiscutible, curiosa película que merece sin duda un visionado.

Cine en serie – Super size me

CINE PARA [NO] CHUPARSE LOS DEDOS (XI)

La primera nota sobre la película que cierra esta serie de cine y comida (aunque en ésta, comida en sentido estricto no sé si llega a aparecer) que a través de once entregas ha hecho un repaso por algunas de las relaciones entre uno de los mayores placeres del espíritu y uno de los mayores gustos para el cuerpo, no puede ser sino una reflexión sobre su punto de origen. Morgan Spurlock, documentalista que al socaire de los éxitos internacionales de Michael Moore intentó emularlo criticando a una de las industrias más poderosas de Estados Unidos, la de la comida rápida, partió de un planteamiento, cuando menos, dudoso.

Éste es el siguiente: para demostrar (como si hiciera falta) lo perjudicial que es la dieta a base de hamburguesas de McDonald’s o Burger King, o pizzas de PizzaHut o similares el sufridor director y protagonista se someterá durante un mes voluntariamente a un experimento por el que sólo se alimentará tres veces al día de productos de esta clase, incluyendo patatas fritas, ensaladas, helados, bebidas refrescantes de extractos rebosantes de conservantes y colorantes, mientras que periódicamente irá acudiendo a un médico que controle la evolución de sus constantes vitales, sobre todo del colesterol. Los resultados, obviamente, resultan espeluznantes, tremendos, reveladores acerca de las porquerías que comemos a veces sin darnos cuenta. Pero, a la vista de tal esfuerzo, cabe hacerse dos preguntas. ¿Hacía falta el experimento para que fuéramos conscientes de la mierda que se vende en ciertos sitios? Y dos: ¿una dieta continuada durante un mes, tres veces al día, consistente en un único tipo de alimentos no generaría igualmente un cambio en las constantes de colesterol, nivel de glucosa, presencia o ausencia de grasas y proteínas, etc.? El nadador Michael Phelps se desayuna ocho huevos diarios cocinados de diferentes formas, por ejemplo, y el levantador de pesas soviético Andreev llegaba a meterse entre pecho y espalda treinta y cuatro huevos al final del día. Si comiéramos sólo huevos de gallina ecológica tres veces al día durante un mes, ¿no alteraría nuestros resultados en un examen médico? ¿Y si comiéramos lechugas? ¿O pasteles de arándanos? ¿O raíces de rododendro?
Continuar leyendo “Cine en serie – Super size me”

Cine en serie – Cómo cocinar tu vida

CINE PARA CHUPARSE LOS DEDOS (IX)

Cocinar bien es cuidar de ti mismo y cuidar a los demás. Este fulano que recuerda al famoso maestro Poh de la serie Kung-Fu es nada menos que Edward Espe Brown, cocinero budista y maestro zen que sigue la doctrina del Maestro Dogen, que ya a finales del siglo XIII escribió una obra acerca de la importancia de la cocina y de la armonía en la alimentación como elemento de decisiva contribución al equilibrio vital y a la felicidad. Sea como fuere, no se le puede negar que es verbalmente más creativo que cualquier cocinero de esos que copan las pantallas de la tele a la hora de la gazuza.

Aprovechando el carácter mediático del fenómeno del cocinero televisivo y de la cada vez mayor importancia del sector de la gastronomía en la economía mundial y en esa chorrada llamada glamour (que hace que por ejemplo un montón de pardillos paguen verdaderas fortunas por degustar mondonguillos de aspecto irreconocible en platos de formas exóticas servidas por gurús de la cocina que seguramente no sabrán ni lo que han cocinado), la alemana Doris Dörrie ha estrenado este 2008 un documental sobre este particular personaje, que sin duda en otro caso hubiera dormido el sueño del olvido. Este documental alemán de apenas hora y media de duración recorre la labor de Espe Brown en las cocinas de los monasterios y lugares de meditación budistas, donde ejerce su ministerio culinario. La película recoge el proceso, por ejemplo, de elaboración de pan casero, los principios de la filosofía del rábano o el cuidado mimoso y meticuloso de los artilugios de cocina como primer paso para dotarla de un halo de respetabilidad, trascendencia y magia adecuados al fin enriquecedor para el espíritu, y no sólo para el estómago, del que se ha de adornar, según él, el proceso alimenticio.
Continuar leyendo “Cine en serie – Cómo cocinar tu vida”