Música para una banda sonora vital: Un puente lejano (A Bridge Too Far, Richard Attenborough, 1977)

Este clásico del cine bélico narra el estrepitoso fracaso de la operación Market Garden, diseñada por el mariscal Montgomery (cuyo genio militar era bastante inferior a lo que vendía la propaganda británica) y ejecutada por los aliados en 1944, que pretendía situar un gran contingente de tropas aerotransportadas tras las líneas alemanas en Holanda, tomando los puentes sobre el Rhin que desde Eindhoven, Nimega y Arnhem abrían el camino hacia el corazón de Alemania, y acelerar con ello el final de la guerra. Los nazis estaban todavía lejos de doblegarse, y su contraataque no solo detuvo la acción e hizo perder a los aliados la iniciativa, gran cantidad de material y un importante número de bajas, sino que retrasó un año el fin de la contienda en Europa.

Con un reparto difícil de igualar (Sean Connery, Edward Fox, James Caan, Dirk Bogarde, Michael Caine, Robert Redford, Anthony Hopkins, Liv Ullmann, Maximilian Schell, Gene Hackman, Ryan O’Neal, Laurence Olivier, Elliott Gould y Hardy Krüger, entre otros), la película es asimismo recordada por la vibrante música compuesta por John Addison.

 

Música para una banda sonora vital – Siete psicópatas (Seven psychopaths, Martin McDonagh, 2012)

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Una versión de The first cut is the deepest, de Cat Stevens (o de Yusuf Islam, como se hace llamar desde su ya lejana conversión a la religión de Mahoma), es el leitmotiv musical principal de esta irregular, desigual e indefinida mezcla de astracanada, comedia negra, thriller, cine de acción y relato sobre el crimen organizado con reparto estelar (Colin Farrell, Sam Rockwell, Christopher Walken, Woody Harrelson, Tom Waits, Harry Dean Stanton, entre otros…) que naufraga en su conjunción de excesivos componentes que no terminan de ensamblarse en un todo con sentido.

Una de las mayores y mejores sorpresas es este tema de Yusuf-Cat Stevens, que traemos aquí en su versión original.

La tienda de los horrores – Corrupción en Miami

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Jodeeeeer, qué truño. La esperadísima, en su día, adaptación al cine del televisivo éxito de Michael Mann Corrupción en Miami (Miami vice), más si cabía, con el propio director a los mandos, en lo que iba a ser la actualización de aquella serie en la que Don Johnson y Philip Michael Thomas iban en plan julai guaperas desfaziendo entuertos entre el crimen organizado uniformado con camisas de flores de la zona de Florida, terminó sufriendo el mismo destino que la puesta al día de otras series míticas de décadas anteriores, Misión imposible, por ejemplo. Es decir, que salvo el título y apenas algunos guiños a los fieles de la serie, poco que ver.

Porque lo que en la serie eran días soleados, chiringuitos playeros, deportivos a toda mecha y lanchas rompiendo las olas, aquí es nocturnidad, alevosía, confusión, acción gratuita, superficialidad, rutina y falta de originalidad. Un vulgar thriller de buenos y malos, de guapos y feos, que bien podría transcurrir en Mar del Plata, en Alaska o en Chachapoya, sin apenas ningún otro aliciente que ver a Gong Li y a Luis Tosar (del que durante todo el metraje un servidor esperaba que se subiera en una barca junto a Javier Bardem para mirar al sol…) en un producto de Hollywood sin magia, sin garra, rodado con mecanicismo y sin pasión alguna. La huella de Mann se nota (especialmente esos interludios de imágenes nocturnas con hilo musical), pero nada que ver con su mejor pulso.
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