“Cartago Cinema”, ya a la venta

Desde el pasado lunes está a la venta Cartago Cinema, primera novela de un servidor, publicada por Mira Editores. La presentación tendrá lugar a finales del mes de enero de 2018.

Una enigmática muerte reabre un antiguo misterio sin resolver. ¿Qué hizo que el más prometedor cineasta del Hollywood de los años setenta anunciara de improviso su retirada y se autoexiliara en un château francés? ¿Qué hace que treinta años más tarde envíe el manuscrito de un nuevo guion al productor de sus viejas películas? ¿Qué ha sido de su vida en esos años? ¿Qué se propone filmar? ¿Quién es la desconocida que lo acompaña en la nueva huida que emprende cuando ya tenía decidido volver al mundo? El último magnate superviviente de la era de los grandes estudios encarga a uno de sus guionistas que encuentre las respuestas a estas preguntas, en una investigación que lo arrastra a un viaje por la geografía —de Los Ángeles a las afueras de París, del desierto aragonés a Ciudad de México—, la historia —de la conquista romana de Cartago al salvaje Oeste, de las guerras napoleónicas a la transición española— y el cine —del Mr. Arkadin de Orson Welles o el Rufus T. Firefly de Groucho Marx a los Humphrey Bogart y Gloria Grahame de En un lugar solitario (In a lonely place, Nicholas Ray, 1950)—.

¿Es el cine algo más que, como decía John Lennon, la vida despojada de los momentos aburridos? ¿No será una versión mejorada, corregida y aumentada en tiempo, experiencias e intensidad de la única vida que poseemos? ¿Acaso no incorporamos a la vida real las reglas que utilizamos para construir las vidas de ficción, no aplicamos a nuestra memoria, personal y colectiva, las estructuras y los mecanismos de la creación en una constante reescritura de nuestras vidas y de la historia de nuestras sociedades, a menudo con la única intención de ofrecer continuas versiones mejoradas a nuestro público, que es, además, personaje? ¿No son la memoria y la historia mesas de montaje en las que constantemente vamos mezclando secuencias y tomas, melodías, sonidos y diálogos para adecuarlas al ideal de lo que queremos que sea y, sobre todo, de lo que queremos que los demás vean que es?

En Cartago Cinema se dan la mano la memoria, la historia, el cine y la literatura. En la línea del tratamiento literario que el universo cinematográfico ha recibido en la obra de autores como Gómez de la Serna, Scott Fitzgerald, Nathanael West, Gore Vidal, Garson Kanin, Norman Mailer o David Thomson, intenta hallar una clave a la duda planteada por François Truffaut en los tiempos de la Nouvelle Vague: «¿Es el cine más importante que la vida?».

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Información sobre distribución: http://blog.miraeditores.com/p/distribuidores.html

Compra on line: https://www.todostuslibros.com/libros/cartago-cinema_978-84-8465-538-1 info@miraeditores.com

Cine en fotos – The New York movie (Edward Hopper, 1939)

hopper.ny-movie_39¿Dedicaríamos tanto tiempo a su cuadro si fuera perfecto? ¿Era Hopper un realista, o estaba soñando mientras pintaba este cuadro? ¿Dormíamos en el cine en aquellos días? ¿Queríamos todos nosotros perdernos?

Es una pintura sobre un cine en funcionamiento, pero hay cosas que están mal. Está ese fragmento de una pantalla en blanco y negro -no realmente en blanco y negro, sino en gradaciones de luz plateada- en el margen de un cuadro rico en color. Están las cortinas rojas, escarlata, al pie de la escalera; están las lámparas color de rosa; hay un destello en el pasamanos de metal próximo a las butacas; el traje de la acomodadora es azul medianoche; y es una rubia tan luminosa que quizá debería estar en las películas.

Todo ese soberbio color necesita luz, y lentamente nos damos cuenta de que casi todas las luces están encendidas en este cine, y quizás incluso algunas que nunca tuvo. Con una película proyectándose, habría gritos para apagar las luces. La oscuridad es lo primero que los espectadores necesitan. Y el cuadro es especialmente silencioso.

¿Qué ha hecho Hopper? Sabemos que él iba al cine; mientras vagaba por la ciudad pasó horas en las salas, por el mero hecho de ir y para planear obras como esta. Pero ha dejado las luces encendidas, cuando hubiese podido pintar la verdadera oscuridad con la misma facilidad. Podemos imaginarlo: la composición podría ser un poco diferente, pero todos los detalles visibles -la mejilla del hombre en la platea, el cabello de la acomodadora- podrían depender de la luz reflejada de la pantalla, ese derrame plateado. Entonces la pintura sería la oscuridad con esos fragmentos de atención humana flotando en la penumbra, en vez de un cuadro que es como la medianoche fotografiada a mediodía, o como una sala de cine que está siendo soñada.

(…)

Pero no nos olvidemos de la acomodadora, esa rubia intrigante. ¿Está escuchando? ¿Soñando? ¿Dormida? ¿Terriblemente cansada o embelesada? Aún adoro la forma en que se apoya contra la pared, testigo de un milagro, casi ajena pero secretamente atenta. Ella podría decirnos, si algún cítico de cine le preguntase, que “hecho por” siempre tenía que incluir al sistema, a la industria, a Hollywood, a la sala de cine, a la oscuridad. Así que dejemos que su luz se apague por fin, para que pueda encontrar su discreto camino de vuelta a la pantalla a la que pertenece.

La verdadera historia de Hollywood (David Thomson, 2004. T&B Editores, 2008).