Diario Aragonés: Más allá de la vida

Título original: Hereafter
Año: 2010
Nacionalidad: Estados Unidos
Dirección: Clint Eastwood
Guión: Peter Morgan
Fotografía: Tom Stern
Reparto: Matt Damon, Cécile de France, George McLaren, Lyndsey Marshall, Bryce Dallas Howard
Duración: 129 minutos

Sinopsis: Una periodista francesa sobrevive al tsunami que asoló el sudeste de Asia en la Navidad de 2004. Un niño londinense pierde a su hermano gemelo a causa de un atropello. Un obrero norteamericano vive atormentado a raíz de su capacidad para contactar con los muertos. La película narra paralelamente la relación de los tres personajes con la muerte tras sus traumáticas experiencias.

Comentario: Tras su magnífica dupla sobre la batalla de Iwo Jima, el cine de Clint Eastwood ha dado visibles muestras de agotamiento, quizá como consecuencia de su propia longevidad y de su, posiblemente, excesiva profusión como cineasta. El intercambio (Changeling, 2008) adorna con brillantez narrativa y majestuosidad formal lo que no deja de ser una historia demasiado simple con una protagonista al que el papel le queda grande. Gran Torino (2008) es una película pequeña construida a la medida de su apoteósico final, cuya dimensión adquiere relevancia hasta el punto de exceder a la propia película si se lee en clave personal y profesional, especialmente como despedida de Eastwood de la actuación. Invictus (2009), más que correcta en lo formal, se entrega no obstante al sentimentalismo y a los lugares comunes insistiendo en crear un producto olvidable.

En el caso de Más allá de la vida se da una mezcla de todas estas carencias. Posee las grandes virtudes [continuar leyendo]

Diario Aragonés: El discurso del rey

Primer artículo resultante de la colaboración de este blog con Diario Aragonés.



Título original:
The King’s speech
Año: 2010
Nacionalidad: Reino Unido / Australia
Dirección: Tom Hooper
Guión: David Seidler
Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Danny Cohen
Reparto: Colin Firth, Helena Bonham Carter, Geoffrey Rush, Guy Pierce, Michael Gambon, Timothy Spall, Derek Jacobi
Duración: 118 minutos

Sinopsis: Tras la abdicación de Eduardo VIII de Inglaterra, su hermano menor accede al trono con el nombre de Jorge VI. Su tartamudez le obliga a buscar la ayuda de un excéntrico logopeda que, a través de métodos poco ortodoxos, intenta conseguir que el monarca recupere lo antes posible una dicción correcta, máxime en un momento histórico en que es de crucial importancia el efecto que las palabras del rey puedan tener en la población británica, cuando en el horizonte se cierne la amenaza de Hitler y el fantasma de una guerra de exterminio.

Comentario: Resulta de lo más estimulante encontrarse de vez en cuando en las carteleras con una sólida película británica en la que refugiarse de la epidemia de cintas de animación, de superhéroes, de salvadores del mundo, de comedias románticas de cuarentones que interpretan a treintañeros que se comportan como quinceañeros y de pirotecnias de cristal, chapa y pintura que acaparan el panorama de estrenos en los últimos lustros [continuar leyendo].

Asesino sin rostro: Chacal, de Fred Zinnemann

chacal

Me parece que le confunden con De Gaulle.

¿De Gaulle? Pero si ni siquiera ha estado en esta guerra…

Kelly’s heroes (Los violentos de Kelly). Brian G. Hutton (1970).

Francia, 1963. El imperio colonial francés se ha desmoronado. Argelia, joya de las posesiones francesas y el último vestigio de grandezas pasadas con que contrarrestar una realidad histórica y política que nos dice que las veleidades imperiales de Napoleón III y sus sucesores, monarcas o Presidentes, no otorgaron a Francia más dominios que aquellos pedazos de tierra prácticamente estériles desechados por el colonialismo británico, se ha independizado con la connivencia de las autoridades francesas, hartas de la larga y cruenta guerra que libran en tierras africanas desde 1954 y de dos décadas de continuos enfrentamientos bélicos (1954 es el mismo año del desastre francés de Dien Bien Phu en Vietnam y de la pérdida de Indochina como colonia tras otra guerra de nueve años después de la ocupación japonesa durante la Segunda Guerra Mundial). Los franceses han vivido en guerra prácticamente desde 1914, y la sociedad está fracturada. Argelia será el detonante de una división que perdura hasta hoy. Mientras gran parte de la sociedad francesa mira hacia dentro de sí misma buscando los valores, principios y fundamentos que la retroalimenten como democracia y que darán como resultado un lustro después el fenómeno de mayo del 68, la derecha más conservadora, la ultraderecha y el reconvertido fascismo de la época de Pétain, se resisten a abandonar la época de pompa, fanfarria y oropeles, promulgan la grandeza de Francia en el contexto mundial y culpan a De Gaulle, el “héroe” de la liberación del yugo nazi y de la tragedia colaboracionista (pese a contar con tan pocos méritos bélicos como apunta el diálogo que abre este artículo) para la mayor parte de los franceses, adversario ya desde entonces para la extrema derecha, entregada de buena gana a un servilismo criminal bajo el mando alemán que incluyó la deportación de ciudadanos franceses a los campos de exterminio y la presencia de tropas francesas con uniforme alemán en las campañas de Rusia o en la última defensa de Berlín, de la decadencia de Francia como portadora de valores eternos ligados al catolicismo y al imperio. Muchos de estos descontentos, germen de lo que después será el Frente Nacional de Jean Marie Le Pen, se agrupan bajo el símbolo de la Cruz de Lorena y las siglas O.A.S. (Organisation de l’Armée Secrète), grupo paramilitar integrado por miembros en activo o en la reserva del ejército y los cuerpos de seguridad que durante los años sesenta cometerá diversos actos terroristas tanto en Francia como en Argelia. Su principal objetivo no es otro que el, para ellos, responsable de todos los males de Francia, Charles De Gaulle, y realizarán varios intentos para acabar con su vida.

Este es el contexto inicial de Chacal, película del gran cineasta Fred Zinnemann (Sólo ante el peligro, De aquí a la eternidad), producción británica dirigida en 1973 y basada en el best seller (entonces esta literatura aún era digna) de Frederick Forsyth. Chacal (Edward Fox), personaje cercano en su concepción al famoso asesino a sueldo conocido como “Carlos”, es un meticuloso, implacable e infabible asesino internacional especializado en encargos de índole política. Nadie conoce su rostro ni su verdadera identidad y gracias a su camaleónica habilidad para cambiar de aspecto y a la inagotable reserva de documentación falsa con que cuenta, puede moverse por todo el mundo a voluntad sin despertar sospechas. La O.A.S., que ha fracasado en varios intentos de asesinar a De Gaulle, fracasos que además le han costado el fusilamiento de alguno de sus miembros más laureados (el personaje de Jean Sorel -sí, el mismo que petardea con un Alfredo Landa de peluca rubia y amanerado proceder en No desearás al vecino del quinto-, que pronuncia la lapidaria frase “ningún soldado francés levantará su fusil contra mí” justo antes de ser liquidado por un pelotón de soldados por supuesto franceses), le convoca en Roma para negociar la contratación de sus servicios. Esta vez la operación parece ser cosa hecha: la novia del oficial fusilado (Delphine Seyrig, habitual de la etapa francesa de Buñuel) ha entrado en contacto y se ha convertido en amante de un miembro del gabinete de seguridad de De Gaulle, y está al tanto de todos los movimientos del Presidente. Chacal accede y empieza a prepararse. Sabe que probablemente la inteligencia francesa vigila el hotel donde se produce el encuentro, pero no le preocupa. Lo suyo es desaparecer sin dejar rastro. Continuar leyendo “Asesino sin rostro: Chacal, de Fred Zinnemann”

Gosford Park: el mejor Robert Altman

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De vez en cuando los cineastas veteranos, aquellos que durante sus largas carreras se han anotado importantes aciertos y algún que otro tropiezo, que ya peinan canas, de los que apenas se espera ya nada aparte de fórmulas repetidas o el rodaje de una misma película año tras año, ocasión tras ocasión, se desmarcan con auténticas joyas que dejan a todo el mundo boquiabierto y convierten la famosa expresión “quien tuvo, retuvo” en algo más que un refrán. Así ha sido el caso de Woody Allen con Match Point, de Sidney Lumet con la reciente Antes de que el diablo sepa que has muerto, o como fue en 2001 con esta maravilla de Robert Altman.

Y Altman, creador irregular donde los haya, vulgar hasta decir basta cuando filmaba vulgaridades, sublime cuando se ponía a hacer cine, nos regaló una obra excelente, a priori sin elementos especialmente sorprendentes, pero con un resultado soberbio. Porque ni narrativa ni estilísticamente ofrece algo que no hayamos visto antes, pero la factura final, el altísimo nivel de las interpretaciones, el cuidado en la puesta en escena y la magnífica labor de dirección hacen de esta película un placer de 137 minutos. Cuando comienza Gosford Park, uno sabe instantáneamente que se está asomando a cine de muchos kilates.

La acción se sitúa en la mansión propiedad de Sir William y Sylvia McCordle en el noviembre de 1932, en la cual va a tener lugar un aristocrático fin de semana de caza al que está invitado los más granado de la alta sociedad de los contornos y algún ilustre invitado extranjero. El marco es incomparable, valga la frase hecha: un paisaje hermosísimo, unos bosques tupidos, un cielo azul casi transparente, larguísimos campos y praderas por los que galopar o enviar a los perros tras un venado, una enorme mansión repleta de lujos, amplias estancias, salones, bibliotecas, salas de baile y de billar, comedores kilométricos y dormitorios lujosos y aptos para escaramuzas nocturas con captura de prisioneros incluida. Continuar leyendo “Gosford Park: el mejor Robert Altman”