Diálogos de celuloide: El planeta de los simios (Planet of the Apes, Franklin J. Shaffner, 1968)

«Este será mi último informe antes de que lleguemos a nuestro destino. Hemos
colocado los dispositivos automáticos y estamos a merced de los computadores. Mis
compañeros duermen profundamente dentro de las cámaras y yo me acostaré
enseguida. Dentro de una hora hará seis meses que partimos de Cabo Kennedy. Seis meses en el profundo espacio, es decir, según el Sistema Solar. Según la teoría del
doctor Hasslein sobre el tiempo en un vehículo que viaja casi a la velocidad de la luz,
la tierra ha envejecido cerca de 700 años, en tanto que nosotros apenas hemos
envejecido. Puede que así sea. Lo más probable es que los hombres que nos
ordenaron hacer este viaje hayan muerto y desaparecido. Ustedes, los que me
escuchan ahora, son de otra generación, y espero que mejor que la nuestra. No siento
tener que dejar atrás el siglo XX, pero hay algo más aún: no se trata de nada científico,
es totalmente personal. Visto desde mi asiento todo aparece muy distinto. El tiempo
pasa y el espacio no tiene límites. En las personas no existe el yo. Me siento solo,
totalmente solo. Decidme: ¿acaso los hombres, esa maravilla del Universo, esa
gloriosa paradoja que me ha mandado a las estrellas, siguen combatiendo contra sus
hermanos, dejando morir de hambre a los hijos de sus vecinos?»

(guion de Michael Wilson y Rod Serling a partir de la novela de Pierre Boulle)

Diálogos de celuloide: La última noche de Boris Grushenko (Love and Death, Woody Allen, 1975)

“Amar es sufrir, para evitar el sufrimiento, se debe no amar. Pero entonces se sufre por no amar. Luego, amar es sufrir, y no amar es sufrir. Sufrir es sufrir. Ser feliz es amar. Ser feliz es, por tanto, sufrir. Así, para no ser feliz, se debe amar, o amar para sufrir, o sufrir de demasiada felicidad. Espero que estéis tomando nota».

(guion de Woody Allen)

Diálogos de celuloide: La última noche de Boris Grushenko (Love and Death, Woody Allen, 1975)

Natasha: Es una situación muy complicada, prima Sonja. Yo estoy enamorada de Alexei. Y Alexei quiere a Alicia. Alicia es la amante de Lev. Lev ama a Tatiana. Tatiana ama a Simkin. Simkin me quiere a mí. Y yo quiero a Simkin, pero de un modo distinto a Alexei. Alexei quiere a Tatiana como a una hermana. La hermana de Tatiana quiere a Trigorian como a un hermano. El hermano de Trigorian es el amante de mi hermana, que le gusta físicamente, pero no espiritualmente.

Sonja: Natasha, se está haciendo tarde».

(guion de Woody Allen)

Diálogos de celuloide: Gritos y susurros (Viskningar och rop, Ingmar Bergman, 1972)

-¡Ven aquí! Ven. ¿Ves tu imagen en el espejo? Eres bella. Tal vez más bella que hace unos años. Pero algo ha cambiado y quiero que lo veas. De tus ojos se desprende una mirada calculadora. Antes mirabas abierta y directamente, sin disimulo. En tu boca se percibe una mueca de desagrado. Antes tu sonrisa era dulce. Tu piel ahora es más pálida, por eso te maquillas. Ahora, cuatro pliegues atraviesan tu hermosa y despejada frente, que no puedes distinguir con esta luz, pero que se manifiestan claramente a la luz del día. ¿Conoces el origen de esos pliegues?

-No.

-Los provoca tu indiferencia, Marie. Y la línea perfecta de tu mandíbula ya no está tan dibujada por tu abulia y tu dejadez. ¿Y sabes a qué se debe? A que no ríes con tanta frecuencia. ¿lo ves? ¿Te das cuenta, Marie? Debajo de tus ojos, esas arrugas finas e imperceptibles de sufrimiento y desengaño.

-¿De verdad ves todas esas cosas en mi cara?

-Sí, lo veo de cerca cuando me besas.

-Creí que eras tú el que me besaba a mí. Y sé muy bien lo que ves en mí.

-¿El qué?

-Te ves a ti mismo. Somos tan parecidos tú y yo…

-¿Es decir, orgullosos, fríos, con un fuerte sentimiento de culpabilidad?

(guion de Ingmar Bergman)

Diálogos de celuloide: Sopa de ganso (Duck Soup, Leo McCarey, 1933)

-¿Se da cuenta de que nuestro ejército se enfrenta a una derrota? ¿Qué piensa hacer?

-Ya lo he hecho.

-¿Qué es lo que ha hecho?

-Me he pasado al otro bando.

-Conque al otro bando, ¿eh? ¿Entonces qué hace aquí?

-Bueno, es que aquí la comida es mejor.

(guion de Bert Kalmar y Harry Ruby)

(más citas de esta película aquí)

Diálogos de celuloide: La heredera (The Heiress, William Wyler, 1949)

– Él espera que tú lo mantengas con tu dinero.
– Él no espera nada, padre. No me quiere por eso.
– ¿No? ¿Por qué entonces? ¿Por tu gracia? ¿Por tu atractivo? ¿Por tu mente rápida? ¿Por tu sutil ingenio?
– Él me admira.
– Catherine, llevo meses intentando no ser cruel contigo pero ya es hora de que comprendas la verdad. ¿Cuántas chicas se habrían casado con él en la ciudad?
– Pero me prefiere a mí.
– Oh sí, claro, estoy convencido de ello. Hay cien mujeres mas guapas. ¡Mil mujeres más inteligentes, pero tú tienes una virtud que la supera a todas!
– ¿Cuál… cuál es, padre?
– ¡Tu dinero!
– Padre…
– ¡No tienes nada más!
– Me estás diciendo unas cosas terribles…
– No espero que me creas, desde luego. Llevamos toda la vida juntos y no te he visto aprender nada. Con una sola excepción, hija mía, que bordas muy bien. Lo reconozco.

(guion de Augustus y Ruth Goetz a partir de la novela de Henry James y de su adaptación teatral)

Diálogos de celuloide: La gran belleza (La grande bellezza, Paolo Sorrentino, 2013)

La Gran Belleza

– Bien, veo que no me rebatís más.

– Estaba bebiendo.

– No te rebatimos porque te queremos. No queremos dejarte en ridículo. Pero todo este orgullo, esta ostentación de tu «yo, yo», esos juicios cortados con hacha esconden fragilidad y disgusto. Esconden mentiras. Nosotros te conocemos, te queremos. Conocemos también nuestras mentiras, pero por eso, a diferencia de ti, hablamos de cosas banales, de tonterías y de inmundicias. No tenemos intención de medirnos con nuestra mezquindad.

– ¿Pero de qué mentiras hablas? Todo lo que he dicho es verdad. Es como es, en lo que creo.

– Por favor, soy un caballero, no destruyas mi única certeza.

– No, no. Ahora me dices cuáles son mis mentiras y mis fragilidades. Soy una mujer con pelotas. Vamos, habla.

– Ante una mujer de pelotas cedería cualquier caballero. Stefania, tú lo has querido. En orden aleatorio: tu vocación civil en la Universidad no la recuerda nadie, sin embargo muchos recuerdan otra vocación, una vocación que se consumía en los baños de la Universidad. Escribiste la historia del Partido porque eras amante del líder y tus 11 novelas publicadas por una pequeña editorial suscrita al Partido, analizadas en pequeños periódicos cercanos al Partido, son novelas irrelevantes, lo dice todo el mundo, eso no quita que mi novelita juvenil fuera irrelevante, tienes razón. Tu historia con Eusebio… ¿Cuál? Eusebio está enamorado de Giordano, lo sabe todo el mundo, hace años que comen en Arnalda, en el Panteón, bajo el perchero como dos enamorados bajo un roble, todos lo saben pero fingen como si no. La educación de tus hijos que llevas minuto a minuto: trabajas toda la semana en la televisión, sales todas las noches, incluso los lunes, cuando no salen ni los camellos a vender droga. No estás con tus hijos ni en las largas vacaciones que te concedes. Además precisando, tienes un mayordomo, un camarero, un cocinero, un chófer que lleva a los niños al colegio y tres niñeras. ¿Cómo y cuándo se manifiesta tu sacrificio? Estas son tus mentiras y tu fragilidad. Stefania, madre y mujer, tienes 53 años y una vida devastada, como todos nosotros. Así que en lugar de darnos clases de ética y mirarnos con antipatía, deberías mirarnos con afecto. Estamos todos al borde de la desesperación, no tenemos más remedio que mirarnos a la cara, hacernos compañía y tomarnos el pelo. ¿O no?

(guion de Umberto Contarello y Paolo Sorrentino)

Mis escenas favoritas: Los profesionales (The Professionals, Richard Brooks, 1966)

Este western escrito y dirigido por Richard Brooks, con ecos de crítica política al intervencionismo estadounidense en el exterior (particularmente a la escalada militar en Vietnam), contiene personajes magníficamente trazados, interpretaciones memorables e innumerables frases míticas esparcidas en sus diálogos. A destacar la complicidad entre Burt Lancaster y Lee Marvin, que proporciona momentos míticos.

Diálogos de celuloide: Network, un mundo implacable (Network, Sidney Lumet, 1976)

Network, un mundo implacable (1976) - Filmaffinity

Y ese amor decrépito y doloroso es lo único que queda entre tú y la nada en la que vives el resto del día. Eres la televisión personificada. Indiferente al sufrimiento, insensible a la felicidad. La vida queda reducida a los escombros de la banalidad. La guerra, el asesinato, la muerte son para ti como botellas de cerveza. Y la vida cotidiana es una comedia corrupta. Incluso descompones el tiempo y el espacio en segundos y repeticiones. Eres la locura. Una locura virulenta. Todo lo que tocas muere contigo.

(Guion de Paddy Chayefsky)

Diálogos de celuloide: Fraude (F. for Fake, Orson Welles, 1973)

Ha estado aquí durante siglos [la catedral de Chartres]. Quizá la mayor obra del hombre en todo el mundo occidental, y no tiene ninguna firma. ¡Chartres! Una celebración de la gloria de Dios y de la dignidad del hombre. Todo lo que queda -parecen pensar la mayoría de los artistas de hoy- es el hombre. Desnudo, pobre, retorcido tubérculo. No hay celebraciones. El nuestro, nos dicen los científicos, es un universo desechable. Es posible que sea esta gloria anónima de entre todas las demás cosas, este rico bosque de piedra, este canto épico, este gozo, este grandioso salmo de afirmación, lo que elijamos cuando nuestras ciudades sean solo polvo; para que permanezca intacto, para indicar dónde estuvimos, para dar testimonio de cuanto logramos. Nuestras obras en piedra, en pintura, en papel se conservan. Alguna de ellas desde hace algunas décadas, o un milenio, o dos. Pero todo debe caer en la guerra o destruirse en la ceniza última y universal: los triunfos y los fraudes, los tesoros y las falsificaciones. Es ley de vida, todos moriremos. «Tened buen corazón», claman los artistas muertos desde el vivo pasado. Nuestros cantos serán completamente silenciados pero ¿qué importa? ¡Seguid cantando!

(guion de Orson Welles y Oja Kodar)