Diálogos de celuloide – Tristana

tristana

Pobres trabajadores. ¡Cornudos y apaleados! El trabajo es una maldición, Saturno. ¡Abajo el trabajo que se hace para ganarse la vida! Ese trabajo no dignifica, como dicen, no sirve más que para llenarles la panza a los cerdos que nos explotan. Por el contrario, el trabajo que se hace por gusto, por vocación, ennoblece al hombre. Todo el mundo tendría que poder trabajar así. Mírame a mí: yo no trabajo. Y, ya lo ves, vivo, vivo mal, pero vivo sin trabajar.

Tristana. Luis Buñuel (1970).

Diálogos de celuloide – En el estanque dorado

golden

He oído que hoy cumples ochenta.

¿Eso has oído?

Sí. Tío, eso sí que es ser viejo.

Sí. Deberías conocer a mi padre.

¿Tu padre aún vive?

No. Por eso deberías conocerlo.

On golden pond. Mark Rydell (1981).

Diálogos de celuloide – Amor a quemarropa

quemarropa

¿Sabe? Los sicilianos son grandes embusteros. Los mejores del mundo. Yo soy siciliano. Mi padre era el campeón del mundo de los embusteros sicilianos. Al crecer con él aprendí cómo hacerlo. Hay diecisiete cosas distintas que uno puede hacer cuando miente. Quien quiera descubrirle tendrá que averiguar las diecisiete formas. La mujer tiene veinte, el hombre diecisiete, pero si las conoces como conoces tu propia cara, puedes mandar los detectores de mentiras al infierno. Lo que intentamos ahora es el juego de mostrar y contar. Usted no quiere mostrarme nada pero así lo cuenta todo. Sé que usted sabe dónde están, así que dígamelo antes de que le haga sufrir. Porque de morir no se libra.

True romance. Tony Scott (1993).

Diálogos de celuloide – Cromwell

oliver

Es curioso, señor Ayton. Todo el que se lanza a una guerra cree que Dios está de su parte y Dios debe de preguntarse a menudo quién es el que está con Él.

Cromwell. Ken Hughes (1970).

Diálogos de celuloide – Ninette

Yo le cuento de Murcia otra vez todo lo que quiera usted saber, monsieur Pierre, pero antes dígame algo de París, cómo es Montmartre, la Torre Eiffel…

Mire, Andrés. A mí París me tiene sin cuidado. Yo vine aquí a trabajar y a vivir por las circunstancias que usted conoce. París. ¿Y a mí que me importa París? En cuanto a la Torre Eiffel, siempre que paso cerca de ella me tapo los ojos.

No me diga.

Como lo oye. Porque si ellos están orgullosos de su torre, yo lo estoy de mi gaita y, ¿vienen los franceses a oírme tocar la gaita? No. Pues yo tampoco miro su torre y así les chincho. ¿Qué le parece?

Yo lo que usted diga, monsieur Pierre.

Ninette. José Luis Garci (2005).

Diálogos de celuloide – El asesinato de Richard Nixon

– ¿Sabes quién es el mejor vendedor del mundo? Ése. Ése de ahí. Ha sabido venderse al país, a 200 millones de personas, dos veces. ¿Y cuál fue el lema de campaña en el 68?

– Pues en el 68…

– … dijo que pondría fin a la guerra, que nos sacaría de Vietnam. ¿Y qué es lo que hizo?

– Pues…

– … envió a cien mil soldados más y los bombardeó a base de bien. Eso es lo que hizo. A ver, ¿qué prometió el año pasado? Acabar de una vez con la guerra de Vietnam. Y ganó otra vez por gran mayoría. Eso es ser un buen vendedor. Hizo una promesa, no la cumplió, y supo venderse una y otra vez con la misma promesa. Una y otra vez. Eso es creer en uno mismo.

The assassination of Richard Nixon. Neils Mueller (2004).